lunes, 25 de junio de 2018

EL CALVINISMO ES DESCABELLADO. Teosis 14


Elio Coreli - El fin del mal (Memorias de un ángel) Teosis 14
 
(Lunes.) Amaneció el imperioso día postrero, el último que vivirían completo. Al alba, Tito -por ser lunes- fue a su trabajo al pueblo de al lado, pero volvería por la tarde a dar su charla. Éthel pasó la suya a la mañana y le pareció atinado hablar -como broche final- del rezo ideal, dado por Cristo mismo en Mateo 6,9. Rezo -según Éthel- divino e inefable, pero en verdad una linda sarta de dislates: Si Dios es Padre, sus hijos seríamos deidades; Él no está sólo en los Cielos sino en todas partes, y su Voluntad ya la cumple -velis nolis- todo ser que nace... Y lo más triste es tener que decir: ‘guárdanos de la tentación y líbranos del mal’; eso hay que pedirlo sin cesar, Dios no lo hace motu proprio (pues le encanta repartir desgracias por haber mordido Eva la manzana).
Mientras Éthel toreaba el Padrenuestro y se lucía, yo me fijé en las lindas gemelas Dolcét y Silvét, una de pelo oscuro, la otra teñida de rubio, pero ambas idénticas: ojos de ensueño, dulces mejillas, blanda naricita y labios de ambrosía. No es soñable un Paraíso si no lo alegran rostros lindos. Besan con la mirada, y su sonrisa encandila y embriaga... Oh Señor, creaste cada monada... Basta una dulce carita para alegrarte la vida.
Tras las reinas, había otras caras más modestas: Clara, Dalia, Nátaly, Brenda... Débora -morena y alta, seria y decidida- seducía por su agradable sonrisa. Bianka era amable y entrañable, su pelo castaño orlaba el blanco rostro ovalado. La novia de Adán -rubia teñida- era esbelta de hombros y caderas, pero de cara no tan bella... Y las demás, todas tenían algo chic: ante todo, su frescura juvenil. En toda joven luce la gracia inmaculada de la flor en la planta: son la forma humana más dulce y grata. La primavera de su belleza seduce y sosiega como fuente serena, y su fina voz cristalina alegra y anima como la brisa marina.
No hay estampa tan divina como la figura femenina, delicia caliente y viva. Son sueños de suave carne, música visible y poesía besable. Son obras primorosas de tan fino detalle (hasta de espaldas tienen arte) que parece indudable que las hicieron los exoángeles a su imagen. Pues, sólo por selección natural ¿cómo se va a volver un simio en mujer, ...una mona en un ángel? ¿Cómo -sin ayuda de arriba- pudo la mona Chita volverse la Monalisa?
Ya bordaba Éthel el colofón final: “Dios nos manda pruebas de paciencia para darnos más fuerza; permite opresiones para mostrar mejor sus bendiciones; así nos lo enseñan Job y los profetas. Pero podemos confiar: nunca nos pondrá una carga mayor que la llevadera (1Co 10,13). Y también, Dios permite la tentación para que no lo olvidemos y lo busquemos: cada oración declara tu dependencia de Dios.
Si en Él confiamos al orar, el diablo volará (Sant 4,7). Cuando rogamos ‘líbranos del mal’ pedimos algo ya ganado por Cristo en el Calvario, donde aplastó a Satanás (Col 2,15). Allí en la cruz, él -falto de pecado- recibió nuestro pecado, y nosotros -faltos de santidad- recibimos su santidad. Por su victoria los débiles somos hechos fuertes, los mortales vencemos a la muerte y los pecadores pisamos al pecado. ¿Alelúuuya...? Améeen.”
Con tan confortantes palabras concluyó la santa charla. Salieron los grupitos al sol y leyeron la parábola del sembrador (Lc 8, 11-15), que muestra a unos que desoyen la Palabra, a otros que fallan por flaqueza o placeres, y a los pocos que perseveran fieles. Resultaba pasmoso cómo hace dos mil años, Jesús ya previera lo que hoy hace la gente (que muchos rechazan la buena nueva, otros la aceptan a medias, y pocos se entregan de veras). Antes de estar la Iglesia andando, Jesús ya vio el resultado, qué milagro.
Liberio flipaba de que Jesús fuese profeta, y que supiera que lo que él decía a cuatro gatos en Judea, resonaría un día por el ancho planeta (Mt 24,14 / 26,13). Parecía de cajón que Jesús era Dios, para saber de antemano tanto. ¿O cómo se explica que a dos mil años de palmarla, aún tenga vastas masas rendidas que lo aclaman y lo aman? El tal Jesús, capaz de ganarse al mundo con dos sandalias... y de hechizar a millones con su magia, no pudo ser un mero soplagaitas...
Débora y Pedro se lo recalcaban, pero Liberio -contumaz- replicó: ‘Si Jesús vino a salvarnos a todos, ¿por qué se salvan sólo unos pocos? Eso no cuadra. Si para tú creer, primero debe enviar Dios su gracia, ¿por qué no se la envía a todos..., por qué acusa a los rebeldes, si sólo Él puede abrirles los ojos?’
Le replica Débora: ‘Jesús dice: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y os abrirán (Mt 7,7). Si no le pedimos, él no va a enviarnos su Espíritu, pues Dios respeta tu libertad. Si libremente le pides de su Gracia, Dios te la dará, porque te ama y quiere salvarte; pero no al que no quiere salvarse. La fe es por gracia, sí, pero a ti te toca anhelarla. Todos debemos decidir: ¿prefiero arreglarme sin Dios, o aceptar su salvación? Y sólo la puede recibir quien le abre su corazón, quien siente anhelo y sed de Dios. Dios no es un tirano que imponga su mandato: respeta tu albedrío; te llama, no te fuerza; te ofrece la gracia, tú la aceptas o la niegas.
Dios no condena: es la persona la que elige no salvarse, si rechaza el don de Dios. En el fondo es un misterio, pero lo cierto es que en tu mano está salvarte clamando al cielo. Sólo hace tres días que te conozco, Liberio, pero siento que llevas tiempo luchando con Dios. No te resistas más: clama a Jesús, ábrele el corazón y él te bendecirá con su amor. Con Dios todo te irá mejor. Jesús te llevará a amar y el amor te dará paz. Sea cual sea la prueba, en el placer o en la pena, Jesús estará a tu vera.’ Débora besó deprisa a Liberio en la mejilla, y se alejó diciendo: ‘Que Dios te bendiga. Tengo que ayudar en la cocina.’ Liberio la miró irse, pensativo.
Le digo a Coré: ‘Liberio está ya tocado y herido, con Débora y sus besitos. No todos los días te besa una chica linda, y además elocuente. Tanto, que me ha dejado dudoso a mí mismo: ¿es que van a tener razón los devotos, después de todo?’ Coré me calmó: “Razón la tienen todos, ateos y devotos. La fe en el buen Jesús no puede ser algo malo. Creer que él solito creó el mundo vasto, que andaba sobre el agua como un pato, que a muertos reanimaba y ascendió al cielo sin alas ¿qué daño puede hacer? Son cosas ‘creíbles’ y llanas, que a nadie extrañan. (Qué guasa.)
Pero al decir ‘es la persona quien se condena sola’ están aceptando que haya
infierno, y eso no cuadra con un Dios bueno, porque infierno y condenación son el
fracaso de Dios. Con el infierno, en vez de salvar a la humanidad, se perpetúa el mal.
Crear un mundo con un infierno adjunto, crear seres malos para que pequen y sean
castigados, no tiene nada de cristiano.
Ningún ser puede ser culpable ante su Hacedor, porque éste es tan responsable por sus criaturas como el relojero por su reloj. Hizo al hombre como bien le pareció; le dio mente, cuerpo y sentimientos: ¿qué culpa tiene el hombre si entre sus impulsos está la envidia, el odio, la codicia o el orgullo? No es el hombre quien los inventó. El odio y la maldad fue obra de Dios, que pudo haber creado un mundo mejor. Por eso él es el único culpable del pecado, y la criatura es víctima -y no autor- del pecado, que es un defecto que hay en su ser y lo hace desgraciado.
¿Cómo permite el mal un Dios que dicen ser todo amor? Esto ellos no lo alcanzan, es arduo misterio, y salen del entuerto echándole la culpa al hombre pecador, o al Mangui del copón. Y encima viene Calvino diciendo que ab aeterno Dios predestinó a unos a salvarse y otros al fuego; con lo cual hace de Dios un monstruo que ni con queso: creó seres ex profeso para que sean malos y los puedas torturar en el Averno. Los calvinistas descabellados quieren tomarnos el pelo con sus fregados, hasta dejarnos calvos.
El Dios real no tiene ira, odio, castigo ni venganza de ningún tipo: nadie puede agraviarlo. Atribuirle ira, como hace san Pablo (Ro 1,18 / 9,22. Ef 5,6) es degradarlo al nivel de hombre insensato. Siendo un Dios bueno, ¿cómo va a destinar a nadie al infierno? Si allí sufriera un ser hecho a su imagen, él también sufriría. ¿Cómo va a aceptar que criaturas por él creadas acaben fracasadas?
Si Dios es amor, el amor le obliga a salvar a todos por igual; y a los malvados los primeros, pues un buen médico atiende más al loco que al cuerdo. Salvar a quien desea salvarse es muy fácil: donde Dios muestra su valía es al salvar a los reacios, logrando que lo amen quien antes lo odiaron. Si los manda impotente al infierno, es Satanás quien queda contento.
Si Dios ama a sus seres, ni uno sólo podrá perderse, porque para un doctor omnisciente no hay paciente incurable: no hay tan gran pecador que no lo cure Dios. El Dios real es el que saca bien del mal y orden del caos. Mientras que al dios de Calvino lo vemos incapaz de salvar más que a unos cuantos; por tanto no es Dios, sino un malvado que -habiendo creado el infierno- necesita gente para llenarlo. Así que estos creyentes, al tiempo que dicen que Dios es amor, lo muestran como un malvado y un fracasado, y un Dios así no lo compra ni el Tato.
Los pobres creyentes tienen que hacer malabarismos mentales para no odiar al Dios que desean amar. Con típica esquizofrenia, su odio a Dios lo desvían hacia el diablo. Pero es evidente que el malo no es Satán, sino el Dios que -siendo harto más fuerte que Satán- lo deja tan pancho actuar.
Cuando los fieles celebran que Cristo venció a Satán, sin darse cuenta le dan honores divinos al diablo, al mostrarlo tan grande y fuerte que hasta retó al sumo Hacedor. En realidad, su distancia en poder es tal, que luchar Satán contra Dios es como luchar una pulga contra un ciclón. Y esa pulga está dejando calvo a Dios, pues cada día manda a millones de incrédulos al Averno, en tanto que Dios sólo gana a cuatro gatos para el cielo.
Y el pobre creyente se ve obligado a amar tal figurón, a un Padre y Pastor que mira hacia otro lado y deja al hombre errar extraviado, y que en vez de parar a Satán le ayuda a obrar el mal. El fiel tiene que hacer acrobacias mentales para no aborrecer a tal dios, y no ver en él al culpable grave de todos los males. Les cuesta un riñón mantener la devoción.
Sólo hipnotizados puede haber fe. La fe es un estado adormecido de la mente, y en ese estado viven los creyentes: con un cortocircuito mental permanente, que les encoge bastante el intelecto. Pero también los vuelve más infantiles y simples, y los libra de otras angustias, que es lo que ellos buscan. Su fe es una casta psicoterapia barata, una forma sutil de regresar a la infancia. Así que sólo les puedo decir: que lo disfruten con salud.”
Con disfrute y con salud es como salió la gente tras el almuerzo, a pasear entre las acacias, sauces y fresnos. Un grupito tomó guitarras y se sentó en la hierba, a la sombra perfumada, a la vera del arroyo donde el agua sueña y canta; y empezaron a espigar bellas baladas. Había un clima ya de nostalgia, porque mañana partirían y nadie quería irse, ahora que todos se conocían y un lazo invisible los unía.
Habían compartido tres días intensos de canciones y juegos, de palabras y silencios. Habían recibido heridas de amor y de consuelo. Algunos se habían enamorado, todos se sentían cómplices y aceptados, fuesen gordos o flacos. Liberio el sábado molestó a Débora, ¿cómo se lo pagó ella? Con besos. Ni se ofendió ni le retiró el trato. Pues este ambiente tan majo, tan cálido y fraterno, pronto se iría helando en el salón de mármol del recuerdo. Al volver a las urbes populosas y su bullicio agitado, soñarían con estas brisas limpias y con los pájaros trinando.
Una fiebre amorosa ya los punza con su dardo, les enciende el pecho y los labios. Y en el tiemblo de sus voces, vibran sus corazones rasgados. Hablan como arroyos frescos, callan como enamorados; como diciendo: “Hoy es el día sin mañana, porque mañana nos vamos. Hoy alzamos castillos al aire, mañana serán borrados. Hoy somos un todo hermoso, mañana cuerpos por el mundo vasto. Hoy respiramos el gozo, mañana sueños devastados. Hoy bebemos el reposo, mañana aires olvidados. Hoy juntamos la alegría, mañana las maletas en el patio. Igual que a la llegada, ¡pero tan distinto!
Entonces era el risueño inicio de los juegos, el sabor de la aventura, el desorden bello de un mundo naciendo ...todos heridos de deseo, entre los pinos, acacias y almendros... Las maletas traían su flota de anhelos, su plan de canciones, sus ramos de sueños, promesas de amor, preludios de besos. Todo nacía con risas felices, con frescas miradas, con puros latidos y esperanzas vagas.
Bagajes revueltos, fardos y anhelos, gritos para abrir sigilos, ruegos para urdir secretos, alas para volar feliz, como palomas en el cielo, dilatarse en los espacios puros, fundirse en el azul sereno, surcar la luz ardiente de las nubes, rozar los árboles tibios del sueño, sangrar de verde y refilón en los ribazos, temblar de amor fragante entre los setos, besar el sol con los cinco sentidos, cruzar en paz la sombra amiga del sendero, y descansar feliz junto al arroyo remansado y fresco.
Hoy la tarde todavía... latirá en nuestras voces, dormirá en nuestro pecho... en los goces compartidos, en los acordes al viento... Hoy todavía: las risas, las palabras, los silencios... Mañana... las nostalgias y los ecos. Cuando más felices somos... se quebrará el hechizo y nos iremos. Se quedarán solos aquí los aires sin los besos, y las sombras, sedientas de los cuerpos. Se quedarán los cuartos sin las risas, y desnudos de los sueños. Las sendas, sin la luz de las miradas; la arboleda, sin el roce de los dedos.
Se dormirán los pájaros soñando... el eco antiguo de los juegos. Se quedarán nuestros anhelos olvidados, latiendo en los rumores del viento... y la vida intacta que hoy sembramos, nunca la descifraremos. Se quedarán nuestros secretos sepultados, en dulce y blando sepelio. Florecerán a solas los amores nunca dichos, que no supimos liberar del miedo, y que sólo en la deshora... regresarán de la sombra y segaremos.
Dejaremos la paz de este valle por los latidos urbanos, estas verdes brisas limpias por los humos ciudadanos, y esta tierna hierba fresca por el duro y seco asfalto... El aire puro y fragante, por el polvo fatigoso de las calles. En vez de canciones habrá ruidos; en vez de rezos, estrépito. En vez de amigos, extraños; en vez de bondad, desprecio. En vez de dulzura, egoísmo; en vez de amistad, turbios deseos. Hallaremos un mundo sin Dios y sin amor, ambicioso y agitado; impaciente en sus afanes ciegos, enredado en sus proyectos vanos. Sediento no de paz ni de verdad, sino de tumulto y de pecado: bogando a toda vela hacia el infierno desolado...”