Elio Coreli - (El fin del mal) Teosis 8
(Israel y Yavé.) Resultó que
un chico argentino -morocho y petiso- era hebreo bautizado y no comía
porcino. A hilo de ello, Yania nos aclaró en inglés el curioso
origen de los judíos (según almas de antaño se lo mostraron). Ya
los aliens -buscando seres pensantes- trocaron genes de simios hasta
educir al hombre. (En los planetas blandos, el ser pensante surge
pronto y fácil; pero en los duros la evolución va lenta y se le
suele ayudar -sin crear con ello nada anormal.)
Tras
miles de años cazando bichos, el hombre llegó al neolítico. Y ahí
cesó el progreso: todo era plantar y segar, comer y engendrar, nacer
y morir, reír y llorar: eso era la vida humana, junto con guerras,
sequías y plagas. Las almas más sabias miraban cansadas. Veían la
maldad cruenta de la guerra, el llanto helado de los esclavos, la
torpe adoración de dioses falsos. Y pensaron en avivar el progreso
mejorando los cerebros de un grupo selecto, y luego ayudarle a
pulular (‘tu linaje será incontable como los astros, como la arena
del mar’ Gn 22,17).
La idea
les vino al ver aliens explorando a humanos (los aliens son muy
diversos: no es raro que algunos quieran ver al hombre por dentro).
Los hebreos son mezcla antigua de sumerios y semitas (de ahí el
influjo sumerio en la Biblia); las almas eligieron mejorar a los
hebreos cautivos en Egipto. Tocando puntos cruciales del cerebro en
fetos, la zona crece o cambia, y la persona sale más apta y sabia.
Los cambios tempranos los heredan los hijos; cambios tardíos afectan
a la persona sin trasmitirlos (como pasó con los griegos: sus hijos
no fueron ya listos).
Pero al
aplicar mal el estímulo, dañaban a muchos fetos, que abortaban. Los
hebreos pensaron que los magos egipcios querían diezmarlos. Lo
refleja el Éxodo: el faraón mandó ahogar a los bebés hebreos (en
realidad, lo que se tiraban eran los fallidos fetos). Por fin los
niños nacieron mejorados, sobre todo en la memoria, base del talento
en ciencias, artes y letras.
Sólo
faltaba darles un país propio y un nuevo credo (el monoteísmo de
Akenatón, que en Egipto fracasó). Se fijaron en un tal Tut-Mosis
(Moisés), noble egipcio de madre hebrea, a quien las almas -con
luces y voces mentales- hicieron conductor de los hebreos hacia el
Sináy. Y allí retocaron más los fetos, para hacer de Israel una
virgen preñada de bendiciones para todas las naciones (Gn 12,3/
22,18/ 28,14).
También
le dictaron a Moisés el nuevo credo, una fe racional y de alta
moral, opuesta a toda magia pagana. (Pero como era de temer, luego
surgió una casta clerical que en nombre de Dios añadió ritos,
diezmos y sacrificios rentables a ellos -no ordenados por Moisés:
Jer 7,22. Un credo simple, ético y humano se fue viciando de
rabinismo y legalismo pagano.)
Israel
debía ser un pueblo especial y santo (o sea, separado: Ex 19, 5-6.
Dt 7, 3-6), singular en hábitos, dieta y moral, no mezclable con los
demás. (Las minorías étnicas, en cuanto se integran, se
desintegran: se diluyen en la masa que las acepta.) A los hebreos les
contrarió su austero nuevo credo, pero se convencieron ante los
éxitos. Pues ocuparon Canán (sin demasiada crueldad), las leyes
eran justas y el pueblo crecía y florecía como nunca (en Dt 4, 6-8
se los ve ufanos de ser prósperos y sabios). Pero no eran tantos
como para vencer a los imperios vastos que -uno tras otro- les fueron
atacando: los asirios, babilonios, persas, griegos y romanos, que los
forzaron en masa al exilio amargo.
En
el siglo I había unos 5 millones de hebreos, gran logro si se piensa
que de Egipto saldrían pocos miles, que se unieron a otros hebreos
de Canán. Luego los conversos y connubios mixtos hicieron a los
judíos muy variopintos (los genes se han diluido un poco, pero aún
son el grupo más talentoso). Bajo el Terror Cristiano -con sus
estragos y bautismos forzados- quedaron mermados a la mitad, hasta
que hacia 1800 empezaron a crecer y en 1940 eran ya 17 millones. Pero
entonces la locura nazi los diezma en un tercio (junto con otros 40
millones de europeos: tristes cenizas del brutal incendio).
¿Qué
decir ya de los judíos? Que el Destino los ha elegido... y
malherido. (Y todos aquí nos sentimos culpados, de hacerlos un
pueblo sabio y casi santo, pero destinado al llanto.) Los hebreos son
el ejemplo claro de lo mucho que podemos las almas... equivocarnos.
Jugando a ser Dios, al crear a un grupo talentoso, lo hicimos blanco
trágico del odio.
Poner
a un grupo sabio y desarmado entre los otros, es poner a un cordero
en medio de lobos. La nobleza del talento, que ellos encarnan, atrae
el odio lógico de la gente amargada. Ser talentoso es terrible en un
mundo rencoroso. La inteligencia inspira orgullo propio, pero envidia
cainita en los otros, y eso -siendo inofensivos- lo han pagado con
sangre los judíos.
Bení
bejorí Israel (Israel es mi hijo, mi primogénito -Ex 4,22): este
lema fatídico les hizo creer que un dios fiel los iba siempre a
proteger: no vieron que el Dios real no protege a nadie en especial.
Se fiaron del dios clerical, y ya vemos el resultado: golpe tras
golpe y llanto tras llanto. Millones de judíos han sufrido sin que
Yavé los haya atendido; por eso, rendirle culto a tal dios es ya
ofensivo (y por eso son tan laicos los judíos). Las desgracias de
Israel socavan a Yavé y lo proclaman un dios falso y cruel. ‘No
duerme ni dormita el que guarda a Israel’ dice un salmo; millones
de masacrados dicen lo contrario. (El Dios real, como nada promete,
tampoco engaña; pero el dios clerical, siendo falso, defrauda todas
las vanas esperanzas.)
En
la Shoáh pereció la ilusión de ser los elegidos de Dios. Israel
cayó en una trampa mortal: su mero talento enojaba a los demás, y
no tenían dónde escapar. La mejora en intelecto les ha costado mil
infiernos. Nadie ha aportado más a la ciencia, las letras y la
moral: a cambio han recibido el odio a raudal.
Los
griegos brillaron tres siglos, luego se apagaron: los hebreos llevan
tres milenios aportando al mundo... y recibiendo a cambio palos. Pese
a ser pocos y oprimidos, han prodigado ingenios que han fecundado a
los siglos: Jesús, Rambam, Colón, Cervantes, Sexpir, Spinoza,
Heine, Marx, Freud, Kafka, Pessoa, Einstein, Bohr, Popper, Chomsky...
y una pasmosa lista de inquietas mentes creativas.
Añadió
Coré: “Vemos que terciar en la Historia convoca tragedias ignotas.
Por eso los aliens sabios se limitan a escrutar a dormidos sin
variarlos (o a despiertos, tras sumirlos en sueño). Sobre todo les
intriga la mujer encinta. Una de ellas fue María, según vemos:
estando encinta de Jesús, los aliens miraban el bebé, ella
despertó, vio las luces y temió, y ellos la calmaron -por
sicotacto- con algún mensaje como: ‘No temas, somos de Dios, vas a
tener un buen niño.’ Ella contó el suceso, y el tiempo lo fue
adornando y variando, metiendo a San Gabriel, la Salve y al Espíritu
Santo.
“Nosotros metemos a veces
imágenes en los dormidos, por juego. Pero los aliens en sus raras
visitas, si desvelan al estudiado, lo calman con visiones: antes la
persona creía ver seres celestes de su credo; hoy -en la Era
espacial- cree ver marcianos en platillos: todo es un ensueño
inducido.
“No
hay seres carnales llegando en naves. Los Ovnis -los reales- son
luces que radian sin querer los aliens volantes. Éstos -aunque
sabios- no llegan a entender a los humanos ni pretenden ayudarlos
(saben que sería en vano). El dolor lo podrá el hombre acortar, no
eliminar. El macho se amansará, la crueldad bajará... pero el mal
por azar y el dolor natural seguirán doliendo igual. Sólo entre
problemas se progresa. Sin sortear desgracias, no cobra hondura el
alma. No se crea una joya sin fricción, ni un ángel sin aflicción.
“La
vida carnal es un viaje hacia otro aire. Es tránsito y no meta, por
eso nunca dará la dicha completa. Tiene harto más placer que pesar:
lo que nunca tendrá es felicidad real, pues donde no hay ni
seguridad ¿cómo va a haber felicidad? La sombra del mal pasado o
futuro, enturbia todo frágil gozo inseguro. Todo Bien lleva
escondido -como un lamento- el temor cristalino de perderlo. La carne
nos dio lo imperfecto para que amemos lo perfecto; nos puso la dicha
en el deseo, para que aquí sin trabas la gocemos. La carne es
necesaria, pero la dicha plena sólo la hereda el alma.”
(Domingo.) Desperté temprano
y fui a ver con Coré cómo Nadia indagaba cosas del Tebano, que
dormía. Tocando su frente, Nadia entró en su sueño y lo engatusó
para que le mostrase su vida, la cual vimos como un vídeo. Así
supimos que era de Teba (Málaga). Tras secundaria entró de
repartidor. Tuvo algún exceso con las drogas o el alkol, y se vio
metido en cierto follón; Juan no tuvo culpa, pero pasó una noche en
prisión. Esto le hizo cambiar de rumbo vital. Con la sana amistad de
Santi (dormido allí al lado) empezó a leer, a hacer yoga y a vivir
vegano. Sufrió un desamor, y fue luego pescado por una rubia
nórdica, maestra de tantra y yoga, que lo inició y luego lo
desechó. Para reponerse acudió a un áshram al sur de Granada: un
hotelito donde un Gurú (o gorrón) daba clases de yoga y meditación
(en inglés y en español).
El
gurú era un gallego que fue a la India de mochilero, y volvió
Maharishi y con adeptos. Juan amó la paz que el Swami infundía, y
la gracia y carita de varias discípulas. Era un encanto meditar con
ellas al alba y al ocaso, entre acordes seráficos. Pronto puso su
mira en una asturiana guapita, pero la chica le dio largas, indecisa.
Su pasión más se inflamó, y Juan -por mor de la asturiana- acabó
sirviendo gratis en el hotel al quedarse sin plata.
Las
lecturas y clases hicieron en él mella perdurable: aprendió a ver
el mundo con desapego, a valorar el Ser y lo Eterno más que lo
fungible y el dinero, a sentir la vida como un milagro sereno (tener
la amada cerca, algo influía en esto). Pero a los dos meses de amor
ideal en este plan, llegó allí un italiano fibrado y galán, y en
menos de una semana ya probó en la cama a la asturiana... Adiós
esperanzas. Juan, cansado de sudar para el gurú -que se cepillaba a
las alumnas al tuntún-, regresó a su aldea sin lamentar del todo la
experiencia.
Pero
en vez de volver a currar, empezó Historia en la Universidad, tras
los pasos de su amigo Santi. Como aprobaron todo en junio, deciden
con la beca viajar en tren por Europa. Cruzan en agosto España,
Provenza, norte de Italia... y llegan a un hostal barato en Kíev con
Santi gripado por la lluvia. Allí conoció a dos eslavas: una rubia
y la pelirroja Lena, que le sembró esperanzas. Como Santi guardaba
cama, Juan se aventuró solo por la urbe, fría, grande y variada. En
un callejón le asaltan dos tipos y le piden en inglés la pasta.
Juan -al no ver armas- intentó correr, pero le empujaron contra la
pared, rayándole la cara primero y desplumándolo luego.
Lena
le dio pomada para la cara y le redobló la charla. Con Lena tan
atenta, a Juan le invadió la ‘amazing grace’, la sin par gracia
de las eslavas, su trato paciente y grato, sus puros rasgos
delicados, su fresca voz melosa libando el ruso y el ukranio. El
dulzor de su lengua y de su voz, forman un cóctel seductor.
Las
eslavas son tan gratas porque si no, no habría dios que aguantara
ese clima sin calor (el invierno es largo, triste y lento; el verano,
una breve flor al viento). La mujer eslava -luminosa y cálida-
aporta allí el calor y el color que el Sol no les regala. En su
gracia y belleza perdura todo el año la secreta, acogedora y
sonriente primavera.
Nombres lindos son Viera,
Nadia y Liubóv (o sea: Fe, Esperanza y Amor). Los nombres se ajustan
al grado afectivo concreto: Iliena, Liena, Linochka, Ilinusha,
Liénak... Nadiezhda, Nadia, Nadiuska, Nadiusha, Nádinka... Las
hablas del Este -y el ruso en especial- son obras suaves y femeninas
sin igual, creadas con primor por las eslavas para hechizar con el
simple hablar, y enamorar con su voz celestial.
Muy
fáciles no lo son -por su profusa flexión y lo cariñoso-forzoso de
la dicción-, pero ¡santo Dios, irradian y emanan gracia y amor!
Como la seda fina, seducen y acarician con su brisa de sibilantes
continua: sus variadas Eses, sus frescas Tses y Ches, sus opulentas
Shches, sus blandas Shes y Zhes, tan efusivas, tan tiernas.
El
calor fonético eslavo busca borrar el frío siberiano, y endulzar
así la vida contra lo amargo del clima. Las más frías tierras nos
dan las más bellas lenguas: como milagros bajo el cielo helado, su
timbre es amoroso, dulce y cálido. Al no poder alegrar el paisaje,
las eslavas idearon alegrar el lenguaje: le dieron calidez al idioma,
ya que no podían al clima. (Otra vía -fatídica- de alegrar allí
la vida, es el uso y abuso de la bebida. Tienen que palpar que, aun
con frío glacial, se puede reír y gozar.)
Los
eslavos son héroes ignorados: logran amar con calor cercados por la
nieve, y vivir con pasión... en medio de la muerte. En su tierra
inmensa -intimista y fresca- logran el arte de adornar la tristeza y
elevar la melancolía a belleza (Chopin bien lo demuestra). El hondo
abismo de las tinieblas y el frío, lo trasmutan en dulzura y en
lirismo. Sostener el ánimo alto con el mercurio tan bajo, hace del
eslavo un ser pasional, lanzado y veletario, para lo bueno y lo malo.
Los
rusos son algo locos, cierto; pero con una locura necesaria y vital,
heroica frente al horror invernal, sin la cual se aterrarían de
verdad ante tanto frío glacial (se volverían del todo locos, de no
estarlo ya un poco); su locura es vacuna contra la angustia, como la
locura valiente de Don Quijote, tan venerado por los eslavos. (Don
Quijote es más ruso que hispano, pues los rusos se ven pintados en
el divino Hidalgo, mientras que el ‘homo hispano’ es
sanchopanzesco nato.) En Rusia nada es normal, todo es extremoso y
exorbitado, tanto lo bueno como lo malo. Pero donde suene el ruso,
hay un trozo de Cielo, aunque el aire esté a bajo cero.
Ebrio
de Lena, Juan llegó al pub donde ella bailaba: era una chica gogó,
y probable loba del amor. Juan, que soñaba requebrarla y traérsela
a Málaga, se atascó en un dilema. Podía aceptar que una eslava
-pobre entre millones- vendiese su carita joven, que el ser venal no
la volvía inmoral... Pero tampoco la hacía de fiar.
Juan
no se sentía un héroe de novela rusa, y mientras se aclaraba, Santi
-ignorante de todo- le cuenta con calma: ‘¿Sabes que vino Lena?
Qué chica más maja. Me ayudó a ducharme y acabamos en la cama; le
regalé unos euros...’ Tuvo que pechar con la muda y cruda
realidad, y al sanar Santi -con gran pesar- se alejaron de allí para
siempre quizás. Esto fue hace seis semanas y Juan aún sangraba de
aquel secreto drama. (Nadia lo dejó ya dormir en paz.)
Europa es eslava por
excelencia y esencia, pues los eslavos -300 millones- son su mayor
etnia, con 70 lindos millones de chicas casaderas, las más melifluas
del planeta, pues a su gracia y belleza le añaden la dulzura de su
lengua. (Afrodita -que hizo a sus hijas lindas en todas partes- con
las eslavas llegó a la cima de su arte: les dio caritas tan finas,
que hasta las normales cautivan; y no digamos las ‘krasavítsa’,
de líneas casi divinas.)
Basta repasar las
hablas del mundo, para quedarse mudo ante el milagro del ruso. Sólo
Europa ha creado lenguas melodiosas, y así como el toscano brilla
sobre las hablas de Italia, sobre las hablas eslavas fulge celeste el
ruso estándar, como la más rara y delicada selecta joya planetaria.
Siendo en Asia, África e Indo-américa toscas las lenguas y pobres
en fonemas (sosas, feas y trompeteras), el ruso queda como el habla
más grácil y excelsa del planeta, la Reina-Estrella de las lenguas,
dueña de la más dulce, suave, fresca y tierna de las cadencias.
Ninguna otra realza y afina con tanto encanto y chispa la voz
femenina: cualquier canción suena en ruso más que mejor.
Siguen en
belleza las otras hablas eslavas (algo menos guapas); luego el dulce
y tonal toscano (que se habla casi cantando), el rumano (afín al
toscano), el inglés (diestro y ágil) y el sueco (cantarino y suave,
aunque impronunciable). Por detrás quedan otras más dudosas: el
francés no es feo, pero sí vanidoso y amanerado, pues -amén de
poco claro- suena cursi y afectado (quieren ser tan finos, que rozan
lo ridículo); el catalán es muy nasal, rácano y apresurado (por
ahorrar sonidos, caen en lo opaco); el letón y lituano son gratos
pero sin encanto; el finés, húngaro y albano muy cerrados; el
griego e hispano lentos y claros...
Pero
el griego es harto más musical que el español: con su armónica
fonética y su helénica estética, el griego es la más regia,
serena y majestuosa de las lenguas, pletórica de voces eufónicas,
como: Kérkira, Dórida, Sákinzos, Elafónisos, Kálimnos... Frente
al melódico griego -áulico y poético- el español suena insulso y
ramplón como un trombón. No es raro que los italo-argentinos,
hartos del sosiego español, fraguaran el melodioso acento porteño,
con su melosa lle-ye (que es el ‘sce’ toscano). Toda América
‘gosa un habla dulse y grasiosa’, con su seseo tan sabroso:
‘Azucena luce zarcillos azules’ suena harto mejor en Acapulco que
en Burgos.
La
lengua más rica y eficaz: English; la más bella y celestial: Russki
(izík angilói, ni zimliói). En el polo opuesto -el de lo feo- hay
idiomas rústicos y horrísonos, como el turco, el bereber o el
chino: crudos y brutos gañidos. También feas -pero ya tolerables-
son las hablas árabes (todas secas, abruptas y guturales), o -ya en
nuestros lares- el sombrío portugués, turbio, sincopado y
farfullante (el brasileiro es más calmo y gozable); el insultante
alemán, tan bestial como marcial, frío como la muerte, duro y
cortante, tan contundente como infame (la lengua infernal de los
nazis, tan brutal en el sonido como en la sintaxis); el rasposo y
‘grujrujél’ holandés, o el pedregoso y erre-patoso euskera
(sólo chicas de voz bella pueden endulzar tan tristes lenguas).
El
inglés -lengua modélica- usa 35 fonemas; el español -haragán y
parco- se ciñe a 22 (21 si seseas). El inglés -por sus ricas
virtudes- es la primera y merecida lengua del orbe; el español es la
segunda en occidente, no por sus finas dotes, sino por los fieros
conquistadores (aunque su claridad solar compensa algo su pobreza
musical). El jodido español es tan soso como claro y cómodo, merced
a sus pocos fonemas, su espesor en vocales y su miedo a las
consonantes (se asusta sólo de ver varias juntas, como: vskrish,
srpski, vspriáshchim -pan trillado para un eslavo).
El
español es como el Sol: calmo, relajado y poltrón; trufado de
largas vocales abiertas, se puede farfullar cuan lento quieras, sin
esfuerzo apenas: es la lengua más muelle, sibarita y golfa en toda
Europa. (Y los andaluces -encima- la han condensado y abreviado con
alegre descaro; así ‘¿Dónde está tu madre?’ les sale: ‘¿Ohta
tu mae?’ ‘Estás desnortada’ se queda en ‘Taen nortá’.
‘Voy a casa de mi cuñada’ lo dejan en ‘Viaca mi cuñá’.
Pero su jerga, aunque chistosa, no parece muy recomendable.) * * *