miércoles, 9 de julio de 2014

EL FALLO DE INTERNET (EDUCAR O ATONTAR). Teosis 8

Hace tres mil años, un rapsoda cantó sus odas en un palacio griego; el palacio hoy es polvo, pero los versos del aedo perduran y resuenan a salvo del tiempo. Troya pasó, pero queda Homero. Todo cuanto fue Sumeria o Asiria ha volado, no así lo grabado en leves hojas de barro. Las palabras de hombres remotos, sus mentes, idiomas y pensamientos, gracias a la escritura, siguen vivos y frescos.
   Los libros plasman el genial y antiguo invento para retro-viajar en el tiempo, y escuchar en presente a incontables pasados intelectos. Sólo el leer regala a la vez placer, provecho y saber. La palabra es el eterno vector del conocimiento, muy por delante de la muda imagen. Internet es vital a nivel laboral y social, pero para el ocio privado tiene un gran fallo: el predominio mareante de la vana imagen, que encandila y resbala sin aportar nada. Otro fallo es ser mucho más caro que la radio: la mitad de la especie humana, nunca podrá pagar ni la tarifa plana.
   El gran avance cultural sería un Internet casi gratis sin sonido ni imagen, sólo con texto: con todos los buenos libros y textos del planeta, al alcance igualitario de toda la gente del planeta (pudiéndose imprimir cual libros en papel si se desea). La Web actual es un invento clasista para crear adictos de lo banal en la sociedad consumista. Aunque su potencial educativo es grande, no crea la motivación para aprender sino para aborregarse.


Elio Coreli - (El fin del mal) Teosis 8

(Israel y Yavé.) Resultó que un chico argentino -morocho y petiso- era hebreo bautizado y no comía porcino. A hilo de ello, Yania nos aclaró en inglés el curioso origen de los judíos (según almas de antaño se lo mostraron). Ya los aliens -buscando seres pensantes- trocaron genes de simios hasta educir al hombre. (En los planetas blandos, el ser pensante surge pronto y fácil; pero en los duros la evolución va lenta y se le suele ayudar -sin crear con ello nada anormal.)

Tras miles de años cazando bichos, el hombre llegó al neolítico. Y ahí cesó el progreso: todo era plantar y segar, comer y engendrar, nacer y morir, reír y llorar: eso era la vida humana, junto con guerras, sequías y plagas. Las almas más sabias miraban cansadas. Veían la maldad cruenta de la guerra, el llanto helado de los esclavos, la torpe adoración de dioses falsos. Y pensaron en avivar el progreso mejorando los cerebros de un grupo selecto, y luego ayudarle a pulular (‘tu linaje será incontable como los astros, como la arena del mar’ Gn 22,17).

La idea les vino al ver aliens explorando a humanos (los aliens son muy diversos: no es raro que algunos quieran ver al hombre por dentro). Los hebreos son mezcla antigua de sumerios y semitas (de ahí el influjo sumerio en la Biblia); las almas eligieron mejorar a los hebreos cautivos en Egipto. Tocando puntos cruciales del cerebro en fetos, la zona crece o cambia, y la persona sale más apta y sabia. Los cambios tempranos los heredan los hijos; cambios tardíos afectan a la persona sin trasmitirlos (como pasó con los griegos: sus hijos no fueron ya listos).

Pero al aplicar mal el estímulo, dañaban a muchos fetos, que abortaban. Los hebreos pensaron que los magos egipcios querían diezmarlos. Lo refleja el Éxodo: el faraón mandó ahogar a los bebés hebreos (en realidad, lo que se tiraban eran los fallidos fetos). Por fin los niños nacieron mejorados, sobre todo en la memoria, base del talento en ciencias, artes y letras.

Sólo faltaba darles un país propio y un nuevo credo (el monoteísmo de Akenatón, que en Egipto fracasó). Se fijaron en un tal Tut-Mosis (Moisés), noble egipcio de madre hebrea, a quien las almas -con luces y voces mentales- hicieron conductor de los hebreos hacia el Sináy. Y allí retocaron más los fetos, para hacer de Israel una virgen preñada de bendiciones para todas las naciones (Gn 12,3/ 22,18/ 28,14).

También le dictaron a Moisés el nuevo credo, una fe racional y de alta moral, opuesta a toda magia pagana. (Pero como era de temer, luego surgió una casta clerical que en nombre de Dios añadió ritos, diezmos y sacrificios rentables a ellos -no ordenados por Moisés: Jer 7,22. Un credo simple, ético y humano se fue viciando de rabinismo y legalismo pagano.)

Israel debía ser un pueblo especial y santo (o sea, separado: Ex 19, 5-6. Dt 7, 3-6), singular en hábitos, dieta y moral, no mezclable con los demás. (Las minorías étnicas, en cuanto se integran, se desintegran: se diluyen en la masa que las acepta.) A los hebreos les contrarió su austero nuevo credo, pero se convencieron ante los éxitos. Pues ocuparon Canán (sin demasiada crueldad), las leyes eran justas y el pueblo crecía y florecía como nunca (en Dt 4, 6-8 se los ve ufanos de ser prósperos y sabios). Pero no eran tantos como para vencer a los imperios vastos que -uno tras otro- les fueron atacando: los asirios, babilonios, persas, griegos y romanos, que los forzaron en masa al exilio amargo.

En el siglo I había unos 5 millones de hebreos, gran logro si se piensa que de Egipto saldrían pocos miles, que se unieron a otros hebreos de Canán. Luego los conversos y connubios mixtos hicieron a los judíos muy variopintos (los genes se han diluido un poco, pero aún son el grupo más talentoso). Bajo el Terror Cristiano -con sus estragos y bautismos forzados- quedaron mermados a la mitad, hasta que hacia 1800 empezaron a crecer y en 1940 eran ya 17 millones. Pero entonces la locura nazi los diezma en un tercio (junto con otros 40 millones de europeos: tristes cenizas del brutal incendio).

¿Qué decir ya de los judíos? Que el Destino los ha elegido... y malherido. (Y todos aquí nos sentimos culpados, de hacerlos un pueblo sabio y casi santo, pero destinado al llanto.) Los hebreos son el ejemplo claro de lo mucho que podemos las almas... equivocarnos. Jugando a ser Dios, al crear a un grupo talentoso, lo hicimos blanco trágico del odio.

Poner a un grupo sabio y desarmado entre los otros, es poner a un cordero en medio de lobos. La nobleza del talento, que ellos encarnan, atrae el odio lógico de la gente amargada. Ser talentoso es terrible en un mundo rencoroso. La inteligencia inspira orgullo propio, pero envidia cainita en los otros, y eso -siendo inofensivos- lo han pagado con sangre los judíos.

Bení bejorí Israel (Israel es mi hijo, mi primogénito -Ex 4,22): este lema fatídico les hizo creer que un dios fiel los iba siempre a proteger: no vieron que el Dios real no protege a nadie en especial. Se fiaron del dios clerical, y ya vemos el resultado: golpe tras golpe y llanto tras llanto. Millones de judíos han sufrido sin que Yavé los haya atendido; por eso, rendirle culto a tal dios es ya ofensivo (y por eso son tan laicos los judíos). Las desgracias de Israel socavan a Yavé y lo proclaman un dios falso y cruel. ‘No duerme ni dormita el que guarda a Israel’ dice un salmo; millones de masacrados dicen lo contrario. (El Dios real, como nada promete, tampoco engaña; pero el dios clerical, siendo falso, defrauda todas las vanas esperanzas.)

En la Shoáh pereció la ilusión de ser los elegidos de Dios. Israel cayó en una trampa mortal: su mero talento enojaba a los demás, y no tenían dónde escapar. La mejora en intelecto les ha costado mil infiernos. Nadie ha aportado más a la ciencia, las letras y la moral: a cambio han recibido el odio a raudal.

Los griegos brillaron tres siglos, luego se apagaron: los hebreos llevan tres milenios aportando al mundo... y recibiendo a cambio palos. Pese a ser pocos y oprimidos, han prodigado ingenios que han fecundado a los siglos: Jesús, Rambam, Colón, Cervantes, Sexpir, Spinoza, Heine, Marx, Freud, Kafka, Pessoa, Einstein, Bohr, Popper, Chomsky... y una pasmosa lista de inquietas mentes creativas.

Añadió Coré: “Vemos que terciar en la Historia convoca tragedias ignotas. Por eso los aliens sabios se limitan a escrutar a dormidos sin variarlos (o a despiertos, tras sumirlos en sueño). Sobre todo les intriga la mujer encinta. Una de ellas fue María, según vemos: estando encinta de Jesús, los aliens miraban el bebé, ella despertó, vio las luces y temió, y ellos la calmaron -por sicotacto- con algún mensaje como: ‘No temas, somos de Dios, vas a tener un buen niño.’ Ella contó el suceso, y el tiempo lo fue adornando y variando, metiendo a San Gabriel, la Salve y al Espíritu Santo.

Nosotros metemos a veces imágenes en los dormidos, por juego. Pero los aliens en sus raras visitas, si desvelan al estudiado, lo calman con visiones: antes la persona creía ver seres celestes de su credo; hoy -en la Era espacial- cree ver marcianos en platillos: todo es un ensueño inducido.

No hay seres carnales llegando en naves. Los Ovnis -los reales- son luces que radian sin querer los aliens volantes. Éstos -aunque sabios- no llegan a entender a los humanos ni pretenden ayudarlos (saben que sería en vano). El dolor lo podrá el hombre acortar, no eliminar. El macho se amansará, la crueldad bajará... pero el mal por azar y el dolor natural seguirán doliendo igual. Sólo entre problemas se progresa. Sin sortear desgracias, no cobra hondura el alma. No se crea una joya sin fricción, ni un ángel sin aflicción.

La vida carnal es un viaje hacia otro aire. Es tránsito y no meta, por eso nunca dará la dicha completa. Tiene harto más placer que pesar: lo que nunca tendrá es felicidad real, pues donde no hay ni seguridad ¿cómo va a haber felicidad? La sombra del mal pasado o futuro, enturbia todo frágil gozo inseguro. Todo Bien lleva escondido -como un lamento- el temor cristalino de perderlo. La carne nos dio lo imperfecto para que amemos lo perfecto; nos puso la dicha en el deseo, para que aquí sin trabas la gocemos. La carne es necesaria, pero la dicha plena sólo la hereda el alma.”


(Domingo.) Desperté temprano y fui a ver con Coré cómo Nadia indagaba cosas del Tebano, que dormía. Tocando su frente, Nadia entró en su sueño y lo engatusó para que le mostrase su vida, la cual vimos como un vídeo. Así supimos que era de Teba (Málaga). Tras secundaria entró de repartidor. Tuvo algún exceso con las drogas o el alkol, y se vio metido en cierto follón; Juan no tuvo culpa, pero pasó una noche en prisión. Esto le hizo cambiar de rumbo vital. Con la sana amistad de Santi (dormido allí al lado) empezó a leer, a hacer yoga y a vivir vegano. Sufrió un desamor, y fue luego pescado por una rubia nórdica, maestra de tantra y yoga, que lo inició y luego lo desechó. Para reponerse acudió a un áshram al sur de Granada: un hotelito donde un Gurú (o gorrón) daba clases de yoga y meditación (en inglés y en español).
El gurú era un gallego que fue a la India de mochilero, y volvió Maharishi y con adeptos. Juan amó la paz que el Swami infundía, y la gracia y carita de varias discípulas. Era un encanto meditar con ellas al alba y al ocaso, entre acordes seráficos. Pronto puso su mira en una asturiana guapita, pero la chica le dio largas, indecisa. Su pasión más se inflamó, y Juan -por mor de la asturiana- acabó sirviendo gratis en el hotel al quedarse sin plata.
Las lecturas y clases hicieron en él mella perdurable: aprendió a ver el mundo con desapego, a valorar el Ser y lo Eterno más que lo fungible y el dinero, a sentir la vida como un milagro sereno (tener la amada cerca, algo influía en esto). Pero a los dos meses de amor ideal en este plan, llegó allí un italiano fibrado y galán, y en menos de una semana ya probó en la cama a la asturiana... Adiós esperanzas. Juan, cansado de sudar para el gurú -que se cepillaba a las alumnas al tuntún-, regresó a su aldea sin lamentar del todo la experiencia.
Pero en vez de volver a currar, empezó Historia en la Universidad, tras los pasos de su amigo Santi. Como aprobaron todo en junio, deciden con la beca viajar en tren por Europa. Cruzan en agosto España, Provenza, norte de Italia... y llegan a un hostal barato en Kíev con Santi gripado por la lluvia. Allí conoció a dos eslavas: una rubia y la pelirroja Lena, que le sembró esperanzas. Como Santi guardaba cama, Juan se aventuró solo por la urbe, fría, grande y variada. En un callejón le asaltan dos tipos y le piden en inglés la pasta. Juan -al no ver armas- intentó correr, pero le empujaron contra la pared, rayándole la cara primero y desplumándolo luego.
Lena le dio pomada para la cara y le redobló la charla. Con Lena tan atenta, a Juan le invadió la ‘amazing grace’, la sin par gracia de las eslavas, su trato paciente y grato, sus puros rasgos delicados, su fresca voz melosa libando el ruso y el ukranio. El dulzor de su lengua y de su voz, forman un cóctel seductor.
Las eslavas son tan gratas porque si no, no habría dios que aguantara ese clima sin calor (el invierno es largo, triste y lento; el verano, una breve flor al viento). La mujer eslava -luminosa y cálida- aporta allí el calor y el color que el Sol no les regala. En su gracia y belleza perdura todo el año la secreta, acogedora y sonriente primavera.
Nombres lindos son Viera, Nadia y Liubóv (o sea: Fe, Esperanza y Amor). Los nombres se ajustan al grado afectivo concreto: Iliena, Liena, Linochka, Ilinusha, Liénak... Nadiezhda, Nadia, Nadiuska, Nadiusha, Nádinka... Las hablas del Este -y el ruso en especial- son obras suaves y femeninas sin igual, creadas con primor por las eslavas para hechizar con el simple hablar, y enamorar con su voz celestial.
Muy fáciles no lo son -por su profusa flexión y lo cariñoso-forzoso de la dicción-, pero ¡santo Dios, irradian y emanan gracia y amor! Como la seda fina, seducen y acarician con su brisa de sibilantes continua: sus variadas Eses, sus frescas Tses y Ches, sus opulentas Shches, sus blandas Shes y Zhes, tan efusivas, tan tiernas.
El calor fonético eslavo busca borrar el frío siberiano, y endulzar así la vida contra lo amargo del clima. Las más frías tierras nos dan las más bellas lenguas: como milagros bajo el cielo helado, su timbre es amoroso, dulce y cálido. Al no poder alegrar el paisaje, las eslavas idearon alegrar el lenguaje: le dieron calidez al idioma, ya que no podían al clima. (Otra vía -fatídica- de alegrar allí la vida, es el uso y abuso de la bebida. Tienen que palpar que, aun con frío glacial, se puede reír y gozar.)
Los eslavos son héroes ignorados: logran amar con calor cercados por la nieve, y vivir con pasión... en medio de la muerte. En su tierra inmensa -intimista y fresca- logran el arte de adornar la tristeza y elevar la melancolía a belleza (Chopin bien lo demuestra). El hondo abismo de las tinieblas y el frío, lo trasmutan en dulzura y en lirismo. Sostener el ánimo alto con el mercurio tan bajo, hace del eslavo un ser pasional, lanzado y veletario, para lo bueno y lo malo.
Los rusos son algo locos, cierto; pero con una locura necesaria y vital, heroica frente al horror invernal, sin la cual se aterrarían de verdad ante tanto frío glacial (se volverían del todo locos, de no estarlo ya un poco); su locura es vacuna contra la angustia, como la locura valiente de Don Quijote, tan venerado por los eslavos. (Don Quijote es más ruso que hispano, pues los rusos se ven pintados en el divino Hidalgo, mientras que el ‘homo hispano’ es sanchopanzesco nato.) En Rusia nada es normal, todo es extremoso y exorbitado, tanto lo bueno como lo malo. Pero donde suene el ruso, hay un trozo de Cielo, aunque el aire esté a bajo cero.
Ebrio de Lena, Juan llegó al pub donde ella bailaba: era una chica gogó, y probable loba del amor. Juan, que soñaba requebrarla y traérsela a Málaga, se atascó en un dilema. Podía aceptar que una eslava -pobre entre millones- vendiese su carita joven, que el ser venal no la volvía inmoral... Pero tampoco la hacía de fiar.
Juan no se sentía un héroe de novela rusa, y mientras se aclaraba, Santi -ignorante de todo- le cuenta con calma: ‘¿Sabes que vino Lena? Qué chica más maja. Me ayudó a ducharme y acabamos en la cama; le regalé unos euros...’ Tuvo que pechar con la muda y cruda realidad, y al sanar Santi -con gran pesar- se alejaron de allí para siempre quizás. Esto fue hace seis semanas y Juan aún sangraba de aquel secreto drama. (Nadia lo dejó ya dormir en paz.)
Europa es eslava por excelencia y esencia, pues los eslavos -300 millones- son su mayor etnia, con 70 lindos millones de chicas casaderas, las más melifluas del planeta, pues a su gracia y belleza le añaden la dulzura de su lengua. (Afrodita -que hizo a sus hijas lindas en todas partes- con las eslavas llegó a la cima de su arte: les dio caritas tan finas, que hasta las normales cautivan; y no digamos las ‘krasavítsa’, de líneas casi divinas.)
Basta repasar las hablas del mundo, para quedarse mudo ante el milagro del ruso. Sólo Europa ha creado lenguas melodiosas, y así como el toscano brilla sobre las hablas de Italia, sobre las hablas eslavas fulge celeste el ruso estándar, como la más rara y delicada selecta joya planetaria. Siendo en Asia, África e Indo-américa toscas las lenguas y pobres en fonemas (sosas, feas y trompeteras), el ruso queda como el habla más grácil y excelsa del planeta, la Reina-Estrella de las lenguas, dueña de la más dulce, suave, fresca y tierna de las cadencias. Ninguna otra realza y afina con tanto encanto y chispa la voz femenina: cualquier canción suena en ruso más que mejor.
Siguen en belleza las otras hablas eslavas (algo menos guapas); luego el dulce y tonal toscano (que se habla casi cantando), el rumano (afín al toscano), el inglés (diestro y ágil) y el sueco (cantarino y suave, aunque impronunciable). Por detrás quedan otras más dudosas: el francés no es feo, pero sí vanidoso y amanerado, pues -amén de poco claro- suena cursi y afectado (quieren ser tan finos, que rozan lo ridículo); el catalán es muy nasal, rácano y apresurado (por ahorrar sonidos, caen en lo opaco); el letón y lituano son gratos pero sin encanto; el finés, húngaro y albano muy cerrados; el griego e hispano lentos y claros...
Pero el griego es harto más musical que el español: con su armónica fonética y su helénica estética, el griego es la más regia, serena y majestuosa de las lenguas, pletórica de voces eufónicas, como: Kérkira, Dórida, Sákinzos, Elafónisos, Kálimnos... Frente al melódico griego -áulico y poético- el español suena insulso y ramplón como un trombón. No es raro que los italo-argentinos, hartos del sosiego español, fraguaran el melodioso acento porteño, con su melosa lle-ye (que es el ‘sce’ toscano). Toda América ‘gosa un habla dulse y grasiosa’, con su seseo tan sabroso: ‘Azucena luce zarcillos azules’ suena harto mejor en Acapulco que en Burgos.
La lengua más rica y eficaz: English; la más bella y celestial: Russki (izík angilói, ni zimliói). En el polo opuesto -el de lo feo- hay idiomas rústicos y horrísonos, como el turco, el bereber o el chino: crudos y brutos gañidos. También feas -pero ya tolerables- son las hablas árabes (todas secas, abruptas y guturales), o -ya en nuestros lares- el sombrío portugués, turbio, sincopado y farfullante (el brasileiro es más calmo y gozable); el insultante alemán, tan bestial como marcial, frío como la muerte, duro y cortante, tan contundente como infame (la lengua infernal de los nazis, tan brutal en el sonido como en la sintaxis); el rasposo y ‘grujrujél’ holandés, o el pedregoso y erre-patoso euskera (sólo chicas de voz bella pueden endulzar tan tristes lenguas).
El inglés -lengua modélica- usa 35 fonemas; el español -haragán y parco- se ciñe a 22 (21 si seseas). El inglés -por sus ricas virtudes- es la primera y merecida lengua del orbe; el español es la segunda en occidente, no por sus finas dotes, sino por los fieros conquistadores (aunque su claridad solar compensa algo su pobreza musical). El jodido español es tan soso como claro y cómodo, merced a sus pocos fonemas, su espesor en vocales y su miedo a las consonantes (se asusta sólo de ver varias juntas, como: vskrish, srpski, vspriáshchim -pan trillado para un eslavo).
El español es como el Sol: calmo, relajado y poltrón; trufado de largas vocales abiertas, se puede farfullar cuan lento quieras, sin esfuerzo apenas: es la lengua más muelle, sibarita y golfa en toda Europa. (Y los andaluces -encima- la han condensado y abreviado con alegre descaro; así ‘¿Dónde está tu madre?’ les sale: ‘¿Ohta tu mae?’ ‘Estás desnortada’ se queda en ‘Taen nortá’. ‘Voy a casa de mi cuñada’ lo dejan en ‘Viaca mi cuñá’. Pero su jerga, aunque chistosa, no parece muy recomendable.) * * *

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