Hay al menos 5 misterios que nunca serán resueltos:
Sinopsis (son 5 días):
-Viernes (El diario y delicado milagro). Llegada del grupito al retiro en el caserío. Vida en otro planeta. ¿Cómo es el Dios falso y el real? Pruebas de la trasvida. Empieza el Retiro devocional. Dios es Poder y Placer, que genera sin cesar toda la Realidad.
-Sábado (Un día en la abadía). Mundo total: físico y sub-físico. Eventos simpáticos del Retiro (trama que sigue en los demás días). Un día completo en un convento. El extraño y anormal origen de los hebreos (Israel y Yavé).
-Domingo (Maldito simio). Lenguas del mundo y el milagro del ruso. La vida de Elio. Locura de la violencia y su remedio. Elio entra en el convento.
-Lunes (Eterna Deva). Elio por un amor sale del convento.
-Martes (No hay cielo sin infierno). El placer y el dolor: cómo se crean en la mente. * * *
un anhelo de algo eterno. Nadie puede huir del tiempo. Los finales son comienzos. Y el
tan temido Acabóse, fue el umbral de un nuevo enredo.
Era el año duátsat trítsat (2030). Primer viernes de octubre: valle de luz vibrante entre montañas, claro y calmo mediodía, nubecillas varadas en el cielo azul-plata... Edén al sur de Hispania. Sesteando en un llano: un caserío de cortijos blancos entre paseos arbolados. Cerca, un arroyo con un embalse para bañarse. Frescas frondas en su margen; y a los lados, laderas de pinares.
Los cortijos -viejos y nuevos- eran nidos para piadosos retiros (y un plantel devoto de estudiantes se esperaba justo esa tarde). Aquella santa finca era un refugio para el reposo bautista, feudo consagrado al ocio luterano. Ya al hollar su atrio de paz, una fuente termal te brinda su agua bautismal: dos chorros llenando una pileta. Y en sus clementes azulejos se lee: “Mientras tenéis Luz, creed en la Luz, para que seáis hijos de la Luz (Jn 12,36).” Suena de repipa la frasecita, pero su lógica -si la tiene- baila que trina.
Aún no había nadie. Yo era un alma novata y estaba con Goyo y Fianna, cuando vimos llegar a dos senderistas: un latino y una pelirroja nórdica, que al ver el embalse -tendría calor- decide darse un baño... sin bañador. Desnudita, y al agua, fluvial sirena dorada... El chico la imitó. En esto vimos un coche que llegaba, trayendo a cuatro jóvenes (y a varias almas). Descargan cajas de comida en la cocina... Luego uno se va y tres se quedan: una pareja casada -gerentes del retiro- y una tal Silvia, grácil rubita que dando un paseíto no tarda en ver a los bañistas. Éstos la saludan y -ya vestidos- vienen a la cocina, charlan con los gerentes, embolsan algunas frutas, y siguen contentos su ruta.
Los gerentes llevan su bagaje a su cuarto y allí se acuestan (a sestear, soñar, quizás folgar). Silvia se tumbó solita en un sofá del comedor, gran salón acristalado y bañado de sol. Abrió una ajada Biblia, y -con una mano sobando la ingle- se adormiló. Con ella nos juntamos varios, resaltando dos encantos venidas con Coré (manchego, ex-profe de secundaria): su novia eslava Yania, y la inefable Kimla, oriunda de Avlón, planeta encantador.
La primer alien que veía, Kimla me pareció un sol: al llegar a la Tierra hacía poco, se apegó -para tomar su forma- a la guapa Yania, pero su pura luz interior la traslucía y sublimaba. (Sin cesar llegan almas desde toda la Galaxia, con caras extrañas que luego cambian.) Kimla -rogada- quiso pintarnos su planeta, pero al no hablar en humano -aunque nos entendía- fue Coré quien narró, pues recibía claras las visiones que Kimla le pasaba. Decía Kimla o dijo Coré:
“Avlón (o Auhlohm, según suena) es un planeta algo mayor que la Tierra, todo de llanos y cerros bajos. Su aire es tan denso en agua, que casi se palpa. De lejos: vaghi paesaggi sfumati; pero de cerca: colores vivos y vibrantes. De noche el aire gotea y humedece entero al planeta, todo frondoso de hierbas y árboles de frutas diversas (aquí no hay Saharas ni Siberias). Son anchos y bajos árboles multicolor, opimos, coralinos, bellísimos, de blandas ramas ricas en drupas, frutas y bayas, que colman a miles de millones de bocas.
“De la anciana vasta fauna, ya sólo quedan peces, insectos y aves varias. Verdes mares cubren medio globo, el resto es bosque denso con lagunas y arroyos. Sus rojos ocasos son gloriosos: al declinar el lento sol, sus llamas entre la niebla fulguran puras e intensas sobre llanuras inmensas. Las noches -agraciadas con varias lunas- son claras, aunque difusas.
“Los avloníes son algo pequeños pero esbeltos, piel dorada con zonas rosadas, sin vello ni cabello; cuerpos prietos y gráciles, casi indañables, pero de tacto y sentidos sagaces. Rasgos sexuales cuasi-humanos: ellos con falo y ellas lindas y bien curvadas, pero sin mamas (los bebés comen fruta ya al nacer). Cierto, no son tan sexis cual las de aquí; pero a cambio, todas guardan -inmarchitas- su fresca lozanía de por vida, siempre guapas y activas. Rostros ovalados, sin orejas, nariz corta, y dulces ojos y labios. La mirada es serena, efusiva e intensa. Su moverse es suave y lánguido, sin los bruscos gestos de los humanos (siempre en peligro de daño).
“La vida avloní fluye en remanso como sus ríos, sin conflictos y en clima templado continuo. Se adornan con leves paños. No usan casas: duermen al raso, y -con tres dedos y pulgar- cogen y comen las frutas sin aliñar. Son lentos nómadas: la continua mezcolanza evita que haya etnias o razas. Sin pobres ni clases sociales, cada cual es sabio y juglar por igual, docto en tonadas populares y en glosar textos clásicos con arte. No esculpen ni pintan, pero cantan con delicia, todos en una lengua base con variantes, suave y apenas pronunciable: ‘Kimla’ allí suena ‘Fghimwlah’, más o menos (significa Alba).
“Tienen ultrafinos los tres sentidos divinos: el sentido del Bien (viendo a los seres como almas, no los dañas), el sentido de lo Bello (gozar lo bello con amor, es adorar al Creador) y el sentido de lo Eterno (no existe la Nada ni la muerte del alma). Pero de solemnes ni un pelo: de todo hacen arte, regodeo y juego. Sus actos son un trébol perfecto de Amor, Pasión y Humor honesto. Y sus mentes son telares de ideas cristalinas y musicales (no de vagas trápalas vanas como las humanas).
“Sabios y ricos por dentro, viven a lo grande sin grandes inventos: su avance es biológico y mental, sin precisar gran arsenal para acunar su bienestar. Pero cada media milla ves una morada de leña y arcilla: es un templo-taller, lleno de libros y sonígenos, para llevar y traer a placer. Dentro meditan callados entre los pliegos sagrados. Y en el atrio fabrican -con útiles sencillos- las pocas simples cosas que precisan, cual telas, bolsos, chanclas, violas, tambores, laúdes, jabón, medicinas, cálamo, papel y tinta.
“Cosa curiosa: tras sestear un rato al ocaso, se desvelan en trance, y así -en semisueño- tratan con almas y aliens, o juegan al sexo: sin usar pareja fija, se besan, tocan y abrazan -el roce suave los embriaga- o se acoplan, logrando largos y dulces deleites (pero sin fecundar, que requiere un acto especial). De día miman a su pareja e hijos; de noche son promiscuos: siendo todos esbeltos y lindos, les gusta el multisexo, con o sin cariño. También tratan -por sicotacto- con almas avloníes, que les reviven a color el antaño. O con aliens, que exhiben de sus hogares lujo de imágenes; así hojean el Cosmos absortos y gratis. Hacia el alba duermen otra tanda, recordando de día sus nocturnas hazañas.
“(Los orbes habitados son -en el Tiempo- infinitos, y sus seres pensantes son todos distintos; pero todos tienen ágiles manos, sin lo cual no crean ni llegan a sabios. Los planetas son: o blandos -como Avlón- donde la vida pensante brota y florece pronto y fácil; o duros -como la pobre Tierra- donde la vida pensante es tardía, azarosa y frágil. La mayoría son blandos, cuna de seres sutiles, sensibles y sabios; en los duros son más ciegos y agobiados, pero tras morir se cobran aumentado el gozo atrasado.)
“El día lo animan con bellas tareas sencillas: leen, juegan, platican, gozan en pozas, niñeducan, musitocan, recitan... Siempre hay en el aire música y poesía -en esta tierra bendita- junto al canto de las aves y al salmo de la brisa. ¡Oh blandos campos de Avlón, sin llanto, espanto ni dolor! Sus preciados textos albergan pródigos milenios, con su caudal sin fin de historias, leyendas y sueños. Sus saberes son extensos -las almas son sus maestros- pero aman sobre todo la Botánica, y cuidan como oro en paño de sus árboles y plantas.
“Al envejecer -tras sobrados largos años- van perdiendo el apetito, y mueren serenos y dormidos. No lloran al finado, pues de noche como alma lo siguen viendo y tratando (al fiambre lo hunden en agua sin ningún rito). Sienten a fondo lo divino, mas no celebran liturgias, cultos, bodas, cumpleaños, bautizos, ni fiestas solemnes de ningún tipo (que son sólo torpes atavismos). El progreso lo miden -no en ansiar cosas superfluas- sino en gozar a lo grande del saber y la belleza. Con pechos sensibles y una mente clara, chupan juntos del amor sin lujos ni arrogancia. En días de Dios destilan la dulce delicia de sus vidas.
“No anhelan invenciones complicadas, ni -menos aun- armas: están limpios como el oro de toda envidia, malicia u odio. Si bien, en el pasado sí se libraron guerras: riñas de grupos rivales por los escasos frutales. Pero desde que las hembras pudieron elegir a padres selectos, creció el intelecto, plantaron más frutales y -libres ya de pleitos- viven todos sin armas, felices y contentos.
“Pobres aparentes en bienes materiales, gozan como reyes de los grandes bienes reales: de tiempo largo y pleno, y de amor, belleza y juegos. A su lado, los ricos humanos son pobres esclavos de un magno engaño: cuántos ricachos rutilan por fuera, mientras por dentro dan pena; cuántos hallan pobre su avarienta riqueza. Los avloníes -en cambio- nadan en la opulencia con su mera y serena existencia. (¡Esto es un planeta, y no el purgatorio de la Tierra!) La suprema riqueza es una mente sabia, sensible y buena.
“Ahora, la Tierra exhibe mogollón más inventos que Avlón, pues los planetas duros obliga a mejorarlos (la perfección de los blandos apenas pide cambios). Para Kimla -y para mí- el mundo humano es un museo colosal de la complejidad; por ejemplo, el follón de cosas para cocinar: hornos, fogones, sartenes, peroles, salsas, mejunjes, potingues y demonios de punta, ¡cuando en Avlón no hay más que frutas! (Lo mismo se verá en la Tierra futura: el planeta rebosará en vegetales plenos de nutrientes completos, cesando la masacre de animales -atroz e innecesaria- que hoy hace a la especie humana odiosa y malvada.)
“Cuanto menos máquinas requiera, mejor es un planeta: nada de salir en naves hacia fuera. Al revés: en un planeta de sabios, la gente quiere seguir en él, no ir a otros donde no hay ni qué comer: ¡ya viajarán sin tasa cuando sean almas! (Sólo las almas pasan a otros soles, nunca seres carnales: no hay visitantes venidos en naves. Los únicos idiotas que salen en naves son los humanos, tirando caudales mientras millones pasan hambre.)
“En Avlón se demoró Kimla siglos; pero justo por ser un mundo tan maduro y sereno, sus cambios son muy lentos. No es como la Tierra, donde se innova y se inventa a diestra y siniestra. En Avlón hay tanta belleza y paz, como poca sorpresa y azar. Por eso llegó el día en que Kimla y un grupito acordaron cambiar de astro (que es pasar a otro mundo ni soñado).
“La vía de escape -milagro parece- estriba en ir hacia el Sol (su calor no nos afecta): te cuelas por un pliegue orbital y al girar topas planetas nunca vistos. Si te acercas a un sol, pasas a otro al azar: la masa solar hace de puente dimensional. Pues los astros separados, en el Intraespacio siguen unidos como en el pasado. (Cuanto más conozco el universo, menos lo entiendo.) No se va a otro sol en vuelo recto, están super lejos: hay que tomar un atajo intraorbital.
“El teatral Big Bang no es una ‘creación’ desde cero, sino sólo un latido de un corazón eterno, que replegará luego su vuelo. El presente es mera foto de un film sin inicio ni fin. Cada nuevo instante nace de un Siempre eterno y sin antes. No hay multicosmos: hay uno solo que -sin gastarse ni repetirse- va tejiendo todos los mundos posibles (lleva cambiando toda la eternidad, y no se ha repetido ni lo hará). El mundo es una flor autonutrida, siempre fresca y viva, pues lo ahora inactivo -al cambiar- él solo se reactiva (desentropía).
“Las leyes físicas cambian sin prisa, y el gravitón, bosón, gluón... varían su energía, no es fija. Los cálculos sobre el Big Bang tienen fallos, al ignorar ese lento cambio, por el cual el Cosmos crece y mengua a ritmo desigual. Si ahora se expande -como un acordeón tomando aire- luego rebotará. Pero ¿cuándo? ni Dios mismo lo sabe, pues la sorpresa es parte y parcela de su Esencia. El Cosmos es el acordeón incansable de Dios, donde va creando su eterna canción.
“El Azar juega con la Necesidad, y lo fortuito sabotea lo previsto: nada escapa a la incerteza cuántica. El mundo no es una máquina esclava: tiene lo espontáneo de lo vivo y lo divino (lo imposible es el determinismo: si el mundo fuese previsible, no estaría vivo). Kimla y sus amigos zarparon -pues- hacia otro sol, bajando en la Tierra sin gran ilusión. Kimla intimó con Yania y yo topé con ellas en Málaga (el azar reparte lo que Dios regala).”
Tras elocuente silencio, clamé yo: “¡Qué claros lucen ahora los eternos arcanos! Ahora fulge ante nosotros el porqué de casi todo. La vida carnal es un ciego ignorar y sudar, ¡pero esto explica y justifica todo el mal! De haber sólo vida carnal, el Cosmos sería un fiasco, un loco derroche vano. Pero es milagro y maravilla cuando ves a las almas felices e infinitas, cuya eterna dicha no gasta energía. El mundo antes duro y opuesto, ahora es mundo amigo y siempre bello. Ayer era el miedo... lo incierto... la espera... y hoy es chupar una dulce y tierna Teta. Nuestras vidas son ríos revueltos que van a dar en el mar: el mar de la tranquilidad, el mar de la seguridad, el mar del gozo sin final.
Y qué gran error traer la reencarnación, para que los muy sufrientes puedan renacer con mejor suerte. Hijo, más suerte que ser un alma pura, ninguna. La vida real es la del alma fuera de la carne, ¿cómo pues vas a dejar la libertad para volver a la cárcel? Sólo el alma en libertad goza de Plenitud y de Paz. Reencarnar es locura criminal: pues entrar en otro óvulo sería matar al ser que ya está en él, ¡es un asesinato! Y es perder cuanto tenías logrado (pensad en un sabio poli-glota: renace sin hablar ni la jota, todo su saber se borra).
Un mismo ser no puede encarnar en varios cuerpos, pues cada cerebro crea una persona única: cerebros distintos dan personas distintas. ¡Y qué torpe sería Dios si -bastando con un cuerpo- gastara muchos cuerpos para crear una sola alma! Cada parto debe traer a un nuevo ser: reencarnar sería frustrar el procrear, qué atrocidad. La idea de reencarnar -amén de error mental- es impía e inmoral. Reencarnación, resurrección: ¡burradas y aberración las dos!
Y sobre todo, ¿para qué reencarnar, si aquí -sin renacer- puedes vivir vidas a tutiplén? Qué fácil irte con alguien y usurpar su intimidad, captando para tu deleite cuanto su mente vive, piensa y siente. ¿Quieres ser una bella actriz? Elige a tu diva y comparte sus delicias. ¿Quieres ser prócer, seductor o famoso? Ahí los tienes a tu acomodo: cuanto vivan, tú lo vivirás, y cuanto gocen, tú lo gozarás, sin poderte esquivar. Egoístas insolidarios son altruistas involuntarios, pues -mal que les pese- nos ofrecen sus bienes y sus placeres.
Tu cuerpo es ya la entera Humanidad, sin tener que reencarnar. (En vez de usar muchos cuerpos -al reencarnar- para crear a un solo ser, pasa al revés: con un solo cuerpo vives seres sin fin.) Nuestra es la belleza de la Tierra, y toda la riqueza del planeta. ¿Quieres atracones de amor y sexo? Para ti arden los juegos de las caricias y besos (con sus dulces deleites nos damos el gran banquete). ¿Fuiste pobre antes? Aquí tienes placeres sin fin donde saciarte. ¿Gemiste y penaste? Ahora la vida te invita al desmadre y al baile.
La suerte y dicha de los seres se igualan al final: toda injusticia es sólo temporal. Aquí los mendigos soban los tesoros de los ricos, gozan de sus trabajos sin tener que sudarlos. Los errores de la suerte, se disuelven con la muerte. Los que más sufrieron antes, más gozan ahora (más valoran la mejora). El premio es igual para todos, pero los más sedientos lo viven más a fondo. El lío rocambolesco de la vida: la muerte con su beso lo deslía. La vida es un abismo al que caímos: morir es salir por fin del laberinto.
Y cuán vana y ciega es la sed mortal de riquezas, pues el rico roñoso más forrado es un pobre diablo a nuestro lado. Aunque no hay dos almas iguales, nadie se queja, pues todos pueden ser lo que quieran: vivir todas las vidas y ser toda la gente del planeta, ¿no es grandioso? Dios no es un funesto chapucero: el mundo está bien hecho. Y si algo es imperfecto, es para que quepa el avance y el progreso.”
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