martes, 16 de agosto de 2016

LA MORAL RACIONAL: ¿QUÉ ES EL BIEN Y EL MAL?

(De Teosis, tomo 2).

Hay que hacer el bien, dicen, pero ¿qué es el bien indudable?, nadie lo sabe. Si el ‘bien’ es algo vago y abstracto... ¿cómo causarlo? Y para poder hacer el bien, primero hay que ver claro qué es. 
El Bien sólo puede ser lo más deseado por todos: la dicha, el placer y el gozo. El Bien es: ''el Placer y sus causas'', es causar o conservar el placer sano y la alegría. El Mal es cuanto impide, aleja o reduce el placer. Pero cuidado: el mal -visto a fondo- es bueno, pues potencia el bien; por eso es vital y forzoso que exista, como parte del Bien, no como enemigo. No hay dos polos ‘Bien y Mal’; sólo existe el Bien (puro y total), y dentro de él y a su servicio, hay un poco de mal.
El "Bien-en-sí" es el Placer sano (si no es sano, es un engaño). Pero el dolor o la pena no son malos mientras cumplan su rol, que es: 
hacerte crecerdarte más experiencia y saber (te mejoran la mente y te agrandan el ser, algo que no se logra sólo con el placer)
Como el dolor es útil y provechoso, es bueno; no es un mal, sino un sano aguijón para hacerte reaccionar y mejorar. (El dolor en sí no es bueno, pero -al ser buenos sus efectos- es malo y bueno a la vez, pues es un mal que favorece al bien.) El dolor no es hostil al placer, sino su criado fiel. 
Causar tú dolor Sí es un mal, pero padecerlo es útil si te hace madurar. Somos barro que debe ser moldeado: sin problemas no hay progreso, sin resistencia no hay belleza.

Hay incontables modos de placer y del Bien, agrupables en 4: 
   -Bien físico (reducir lo adverso o dañino),
   -Bien estético (aumentar lo agradable y bello), 
   -Bien moral (la bondad: el instinto de ayudar y no dañar),
   -Bien mental (añadir saber y conocimiento útil). Hablo del Saber valioso y alto, no de un conocer bajo y vano. Si eres erudito en cocina, deportes, mancias, telebasura, morbo, cotilleo, alta costura o videojuegos, tienes mucho conocimiento necio, muchos datos vanos, pero nada de saber real y elevado.
La Libertad es un bien grande, siempre y cuando no dañe a nadie. Frenar sin motivo la libertad de alguien, es oprimirlo y dañarle. La Libertad es el Poder de actuar: cuantas más cosas te sean posiblesmás libre te sientes. Pero las cosas torpes, vanas o feas, aunque no puedas hacerlas, puedes sentirte muy libre sin ellas. Pues quien se entrega a lo torpe, feo o vano, de libre pasa a ser esclavo.

Los seres son muchos: la Vida es una sola. Aun siendo seres incontables, son -por su esencia- inseparables. Si esto lo veo y lo comprendo, dañarlos sería dañarme, no querré hacerlo ni aunque me lo paguen. Pero -por desdicha- esto ni se ve ni se siente claramente; un grueso cristal de hielo separa las vidas y los cuerpos, y el dolor que no te toca en persona, se minimiza o se ignora. Por eso tanta gente daña, sea por provecho, pereza o ignorancia. 
¿Cómo inclinar la gente a la unión, la concordia y la paz? Ese es un reto básico de la Historia, muy mal resuelto por ahora. Mientras haya en el mundo una simple pistola -no digamos bombas y armas atómicas- el género humano será un fracaso y un asco.

La norma ética general es simple y clara, lo complejo es aplicarla. ‘Trata a los otros como a ti mismo, no los dañes aunque no los ames’, ésta es -en esencia- la ‘Regla de oro’ (la moral mínima), loada por todo credo, sea budista, humanista, hebreo, hindú o ateo. Sólo el árido islam da facilidad a la crueldad y al mal. 
Cristo manda incluso ‘amar a enemigos y extraños, y sacrificarse por ellos’ (que sería la moral máxima). Pero mandar sacrificarse por otros, es vano y malo. Primero: 
porque los actos éticos han de ser libres, no obligados, y la gente corriente -que es sociable y no es mala- sólo ayuda a otros si no es muy fatigoso. (Puedes mostrarles lo bello del altruismo, pero no afearles su egoísmo, que no es culpa suya, sino un rasgo innato evolutivo.) Segundo: 
ante los incontables necesitados ¿a quién ayudar y en qué grado? ¿Cómo mides el dolor, para aliviar más a los más agobiados? Que hay muchos pobres sufrientes... Sí, pero llevan milenios sufriendo y en pobreza, pero procreando con imparable fuerza. Y así cuanto ayudes será escaso y no durable, pues los pobres van a criar siempre más pobres, o asolarán con guerras el fruto de las ayudas ajenas. 
Si no controlas a los pobres y los desarmas, en vez de bien, se causará el mal a mayor escala. El mal lo hacen los pobres igual que los ricos. Al procrear sin calcular, condenan a sus muchos hijos a sufrir en su mundo mísero.
El bien para los humanos, es que los humanos hagan el bien. Si ellos son salvajes ni se sacrifican por nadie, si no se aman ni entre ellos ¿por qué amarles tú primero? La santa palabrita Amor no puede usarse sin error y confusión, pues abarca 5 cosas distintas por lo menos: 
   -Apego (amor a las plantas, al dinero, al lujo, al trabajo, a la música... el apego a las cosas que te gustan),
   -Afecto (amor filial, hacia la familia, amigos o gente apreciada),
   -Apetito (amor-pasión, Eros: deseo de contacto estrecho de las mentes y los cuerpos),
   -Admiración (amor a la patriaa las grandes figuras, a Dios...),
   -Altruismo: el sacrificio o servicio gratis en bien de otros.
Cristo pide no el apego o el mero afecto, sino el sacrificio altruista hacia extraños; pero un sacrificio es natural sólo por seres cercanos y amados. No es sensato ‘amar al enemigo como a los tuyos o a ti mismo’, eso es disparate y ni Dios mismo vemos que lo hace: siendo omnipotente, no alivia el dolor de los sufrientes, los ve sufrir sin conmoverse. El Dios clerical de los credos no ama a los pobres ni un pelo, pues -pudiendo- no mueve un dedo por ellos.

El Dios real ama la libertad, ni juzga ni ordena ni condena; el dios clerical impone férreos mandamientos y exige ciega obediencia. 
Al Dios real nadie lo puede contrariar, pues nada pide ni exige; el clerical es tan chiflado, que está siempre frustrado y contrariado, pues lo que manda no lo cumplen ni los santos. 
El real sólo crea infiernos breves y buenos; el clerical creó un infierno malo, inútil y eterno. 
El real no pide ni que lo adoren, regala todo gratis, no es altivo; el clerical es un vanidoso y prepotente basilisco: mandón, celoso y vengativo. Sólo tiene algo bueno, y es... que no existe, es un engendro chapucero de mentes llenas de miedo.

Una cosa es no-dañar (exigible) y otra amar (que ha de ser libre). Nadie digno y moral va a pedir amor o sacrificio gratis, sólo puede pedir que no le dañen. La moral racional y eficaz es la pasiva: ‘evitar causar el mal’, pues se ejerce de forma fácil y continua; mientras que la ética activa ‘ocuparse de hacer el bien’, es fatigosa, fugaz, ciega y peligrosa, pues puede llevar a no vistos males y a injusticias graves, al ayudar a unos ignorando del todo a otros, o ayudar al malo sin saberlo, en vez de al bueno. 
Sólo ayudando a la mujer se hace el bien; si ayudas a los machos, ayudas a los malos. Pues toda la violencia y la crueldad terrenal, de hoy y siempre, todos los abusos, injusticias, opresiones y horrores, son obras tristes de los locos varones. 
Ellas son siempre las pobres entre los pobres y el último eslabón en la cadena de la opresión. Por eso ellas son las únicas que sufren y que merecen ayudas. Los machos ni lloran ni sufren, la Historia bien lo demuestra: si sufrieran, no harían tantas guerras ni llenarían el mundo de violencia. Sin saber bien qué es el Bien, se hace el mal sin querer.
La ética mejor y suprema es la pasiva, la perezosa y mínima, la lúcida y laica, la que no se cansa ni requiere heroísmos ni proclamas, y es: centrarse en vivir en armonía y paz, sin dañar, destruir ni derrochar. Si todos así lo hicieran, saldría el mayor bien posible en la Tierra (no habría odios, abusos ni hambre... sólo quedarían los males naturales inevitables: el frío, el desamor, la vejez, los azares...). 
En realidad, los pobres del tercer mundo sufren poco, pues son los del trópico: impasibles por sus genes y embotados por el calor, sienten muy poco el dolor, por eso no luchan por lograr un mundo mejor. Su desgracia no es sufrir grandes penas, sino el no sufrir apenas. Conllevan dolencias y miserias sin apenas padecerlas. 

A los pobres ya se les ayuda bastante, y -si no hacen guerras- progresan; lo urgente ahora es que los ricos dejen de ser tan dañinos. Quien vive sin derrochar ni dañar, le está ayudando a todo ser por igual. La ayuda real es: No Dañar, ni a los seres ni al medio. Y -lejos de eso- los adictos al consumismo obran como ciegos y ebrios ogros destructivos. Para que mejoren los pobres, deben cambiar también los ricos, dejando de arrasar con sus caprichos. Pero ¿quién les quita sus filetes, su petróleo, sus drogas legales e ilegales, sus desperdicios, a las masas de consumistas, de adultos-niños sordos, soberbios y engreídos? Su ciego egoísmo es más dañino que los ciclones y los seísmos. Su ceguera pasiva es más cruel que la maldad activa. 

El logro cumbre de la historia moral, será el paso global a la dieta vegetal. Pues quien come carne asienta sobre sangre su odiosa existencia: perpetra en silencio una guerra siniestra y sangrienta; tortura y devora atrozmente a millones de seres inocentes, daña al planeta, siembra la muerte y la violencia, y genera hambres y carencias
Los come-carne convierten sus duras entrañas en viles cementerios de alimañas, y de sus cuerpos puros hacen sepulcros inmundos. En vez de imitar al ángel, obran como monstruos repugnantes, con una insaciable sed de sangre.  
Quien come carne se vuelve un criminal, pues mata a gente y a fauna sin necesidad. Con ello se degrada, se hace odioso y se atrae todo género de mal. La revolución más crucial... será el día en que se cierre la última carnicería, cuando ningún pagado matarife degüelle, ensangriente ni asesine, y la Humanidad deje para siempre atrás el salvajismo y la brutalidad. 
Predicar el pacifismo sin más, es ingenuidad, porque la paz duradera sólo puede ser fruto de dos cosas previas:
   -el veganismo (respeto sagrado a todo lo vivo, empezando por los millones de seres sacrificados por un capricho culinario), 
   -y el feminismo (ellas son el modelo moral a imitar, víctima inocente de toda la violencia terrenal). Cuando ambas cosas sean lo normal, la paz será el fruto natural.

El amor no es sólo bueno, es también nefasto mal usado: el amor al vino y al jamón (cancerígenos los dos), al lujo y al poder, a mandar y robar, al dinero y los vicios... crea males horríficos. Los mafiosos aman mucho a su familia y sus secuaces, todos unidos en leal hermandad para hacer el mal; los nazis se sacrificaban unos por otros, y eran demonios. 
El amor puede ayudar igual al bien y al mal. Por eso, predicar sin más el amor no lleva dirección, se queda en un vano sermón; y es además ineficaz, pues alabar el Amor no hace a nadie amar, igual que alabar la Salud no cura la enfermedad.

Aunque el mal -como dije- no es sino parte del Bien, lo que se llama Bien y Mal se dan sólo en grados, y mezclados. Todo suceso desata múltiples efectos, malos y buenos; si predominan los buenos, dicen que el evento es bueno; si los malos, que es aciago. Pero en todo bien hay algún mal y en todo mal algún bien (lógico, pues el mal le sirve al bien).
Hasta del nazismo -el mayor satanismo conocido- salió algo bueno: por ejemplo, que produjo un horror decisivo hacia la guerra y el racismo; o que consagró a la democracia libre como el régimen preferible, aun con sus fallos; también mostró que el mundo libre y sano aplastó al loco y totalitario, y que la Razón es más astuta y viable que la locura. Hasta del mayor huracán de maldad, salieron beneficios para la humanidad.

Por tanto, si el Bien es el Placer, la Ciencia útil es el mayor bien, pues le añade al hombre saber, libertad y poder, le quita trabas, dolencias y escasez... y le abre ancho campo a placeres más sanos y variados. Por contra, toda Religión reduce en el fiel la libertad, el libre saber y mucho sano placer. Hoy son pues malas (aunque antaño necesarias, como única terapia contra las desgracias). Habría que cambiarlas a fondo, sin borrarlas del todo, pues tienen cierto potencial provechoso.
Casi todos creen que hay algo -un poder o un dios- que sostiene al mundo o lo creó. El ateo niega al dios y a la religión clerical, pero no puede negar al Dios real, que es en sí la Realidad. No puede negar que él mismo y el mundo son una unidad, partes de un Todo, el cual es Dios. 
Pero ni los ateos, los escépticos ni los creyentes flojos, gozan de Dios; no viven lo que sea Dios, ni notan su Ser contigo y continuo (que está en todo sitio, hasta en ti mismo); sólo los más devotos -cuando rezan al menos- logran eso a su modo. 
Hay formas mil de devoción, pero en todas el fiel siente vivo a su Dios. La deidad se puede llamar Brahma, Buda, Yavé, Cristo, María, San Tal-Cual o Alá. Pero el fiel alcanza al rezar una vivencia emocional: de temor y anhelo, o de gozo y paz, según su necesidad. Un hindú le ora a una vaca (Visnú) o a un elefante (Ganesa), y eso es tan válido y él lo siente tan igual, como el que ve a Dios cual pura Luz celestial.
Dios es el Bien, es Summun Bonum, Placer absoluto, pleno Gozo; sentirlo contigo es ser parte del Bien mismo (hasta donde uno alcance, que es poco). Dentro de nuestro limitado entender, hallar a Dios es querer ser parte del Bien, amar y anhelar el Bien, vivir en santidad y en pureza moral. 
Esto -siendo aún vago- implica ya un gran cambio: no dañar a seres vivos ni matarlos (para devorarlos), no aprobar la violencia, ni derrochar ni dañar al planeta. Vivir el Bien y odiar el Mal. (El Mal es lo único que es bueno odiar.)
Todo plan o cosa ansiada puede fallar, desviarse, fracasar, todo deseo decepcionar; puedes cometer y padecer el error y el azar... Pero algo infalible y realizable hay en todo instante, y es: desear y amar el Bien, querer ser parte de Él, siempre actuar con santidad y pureza moral, rechazando el mal (padecerlo cuando toque, pero no hacerlo).

Quien así se abre a Dios y a lo santo, y empieza así a sentir, se va angelizando paso a paso. El vivir en santidad es para toda la eternidad, te puedes estar uniendo a Dios más y más; pero aquí y en la carne te toca empezar. Muchos sólo en la trasvida se empezarán a purificar; pero el resto se vuelven algo más morales y sensatos con la edad... Tolstói, Yourofsky, Harari, los místicos, Gandhi... dieron pasos éticos admirables, pero todo el que quiera puede darlos, cortos o largos. Cuanto más te perfecciones, más belleza alcanzarás... y más ventura, dicha, libertad y paz.

No hay comentarios:

Publicar un comentario