lunes, 24 de agosto de 2020

¿ES CRIMEN COMER CARNE? VEGANOS Y ALIENS.

 (De Teosis, tomo dos)


De la bestia al ángel: la senda vegana.

Implantar el veganismo es la tarea capital de la humanidad, sin la cual lo demás fracasará, pues a un ser brutal todo le va a salir mal.”


-¿Cómo será la nutrición futura?

-¿Por qué el veganismo es vital para sanar la sociedad?

-¿Quién son los aliens?


NUTRICIÓN RACIONAL. Es para llorar, que la Ciencia sepa clonar ovejas o detallar el Big-Bang, y no sepa frenar el desperdicio de comida actual (la mitad del cultivo global). La forma de comer aún imperante es de trogloditas; no ha cambiado desde el Paleolítico, cuando se usó el fuego para ablandar lo no masticable y para hacer digerible la carne, ya que el hombre no es carnívoro: la carne cruda lo mataría. La carne ni es sabrosa ni saludable: para hacerla tragable hay que guisarla, adobarla o resecarla con sales: por sí sola es repugnante.

En 2019 un patán en China se come a un animal, y siembra el caos mundial. La covid y tantas otras plagas, nacen de comer carne y de las granjas. Ningún vegetal ha causado epidemias jamás, casi todas proceden de animales. Y el resto -de gérmenes naturales- serían poco dañinas si la dieta vegana mantiene las defensas naturales muy altas.

El éxito de la Ciencia no es curar -tarde- las dolencias, sino saber prevenirlas por experiencia, sepa o no las causas. Sólo la dieta vegetal potencia las defensas y previene las dolencias; el consumo de carne -en cambio- potencia todo lo malo: cáncer, diabetes, colesterol, obesidad, alergias, epidemias... Y lo peor: hace del hombre un criminal repulsivo, estúpido y engreído.

Mientras no reine el veganismo, no tendrá fin la violencia ni la enfermedad. Los que comen carne son criminales, pues dañan al planeta y expanden entre los pobres el hambre: matan a niños y le roban comida a los más desvalidos. Pues la ganadería reduce la comida y la desperdicia: para un kilo de carne se gasta 30 de cereales (y caudales de agua); al suprimirse habría ya el doble de comida, y el triple si el alimento se moliera en vez de cocinarse, pues se haría comible muchos más vegetales. Plantas muy nutritivas (y partes de plantas: brotes, tallos, cáscaras, cortezas) que hoy se desechan, por su mal sabor o su dureza, se aprovecharán también, trituradas.

Los cultivos se simplificarán. No hace falta cultivar cientos de plantas para lograr sólo tres sustancias: proteínas, calorías y micronutrientes (vita-minerales). Basta obtenerlo todo de pocas plantas bio-mejoradas, las más aptas en cada zona climática. Y también de cultivo celular o bacteriano, de insectos y hasta de peces si hace falta (aunque lo ideal es criar en los mares algas sanas).

Hoy es muy fácil prescindir tanto de la carne como de los fogones, logrando sacar el triple de comida y con menos agua y tierras. No se perderán los comestibles al mercadearse y guisarse. Es ruinoso repartir los víveres como hasta ahora, cuando parte se desecha en las tiendas, otra parte en las casas, y el resto se degrada al cocinarse. Ya es factible producir comida completa en nutrientes y lista -a la vez- para consumirse sin cocinar, desterrando a los fogones, la escasez, al desperdicio y la enfermedad.

La clave es: Moler, mezclar y envasar. Moler todo en origen (crudo en lo posible), mezclarlo para darle nutrientes completos, y venderlo en vidrio o briks de largo aguante, con multi-sabores y endulzantes. Sería la revolución más trascendente del género humano. No se perdería comida alguna, se frenarían incontables dolencias, la malnutrición y la gordura. Y las casas ganarían un cuarto más en vez de la cocina -bastará con un grifo y un microondas en un rincón.


La gastronomía -salvo la vegana y sencilla- degrada tanto al hombre como a la comida. Lo comestible debería verse como sagrado (pues nos da la vida cada día), y tomarse crudo -o casi crudo- y con el mínimo artificio. Pues con lo santo no se debe jugar, ni degradar ni adulterar. Al cocinar se degrada y profana todo lo natural. Es acto contra Natura el preferir platos golosos a sencillas verduras, y pasteles a frutas.

Las recetas suculentas drogan a masas adictas y obesas. El arte culinario es un triste engaño, un cebo fatal que trae detrás dolor y daño. (¡Esos tragones condenados!, mientras millones pasan hambre, ellos engordan como marranos. ¡Qué espanto! La insana gordura es tan pesada como impura, mermando el placer además, al embotar el paladar.) Es el paladar vegano -sensible y sano- el que da sabor a la comida, no el falso arte de la cocina.

La comida debe ser sana y santa -no golosa- pues el hambre es la mejor salsa. Para un paladar sano, todo alimento es suculento. El placer es inherente al comer, no hay que buscarlo: es inevitable cuando se sacia el hambre. Los que se pringan con platos caros y se regodean con la alta cocina ... pasteles, exquisiteces, jamón, caviar, ternera, licores... son idiotas y no lo saben. ¿Qué se imaginan, que -salvo ellos- todo el mundo practica un acto de penoso ascetismo cada vez que come? La comida está siempre riquísima para quien tiene hambre, es ya un altísimo placer natural que no hace falta mejorar.

Y -por lo común- lo más goloso y seductor al paladar y al olfato, es hoy día lo más insano y procesado, que en cuanto se traga se ve que son engaños, empalagan la boca pero le pesan al estómago. Grasas malas, sobrecocción, refinados, frituras, exceso de sal y azúcar...: lo procesado y los platos complicados, en vez de atraer el placer, lo que hacen es alejarlo, al embotar el paladar con lo artificial e insano.

La mayor delicia sanísima y nutritiva son las frutas maduras, las frescas verduras, los frutos secos y el cereal entero. Cuanto más se adapta el paladar a lo natural, más placeres y matices capta. A poco de ser vegano, se recobra un paladar finísimo para los aromas y sabores, de forma que una simple fruta llega a conmover de puro placer. Sólo un vegano puede comer y disfrutar sin conflicto moral, con santidad ni miedo a engordar o enfermar.

Pero ni la dieta vegana -siendo la más segura- es perfecta. Pues nadie logra ni sabe tomar las dosis de nutrientes justas, sin pasarse. Las dosis justas deben venir ya hechas -en los frascos o botes- según claros criterios médicos. De forma que nadie tenga que ser cabal chef y nutricionista a la vez, ni mártir de las dietas, para estar sana y esbelta. Y se olvide del engorro de controlar lo que tiene que tomar, y hasta de cocinar. Nadie debería saber nada de alimentación, igual que se toman medicinas sin saber ni jota de química.

Que tu medicina sea el buen alimento, decían los sabios griegos. Hay que medicinar la comida; que -igual que las medicinas- nadie tenga por qué saber cómo ni dónde se hace lo que come: basta con que esté bajo control sanitario exacto. Así se evitarán las generales dolencias junto con toda infección o epidemia.

Y sobre todo: liberando a la vida femenina de la condena de la cocina, causa sustancial de su sujeción y su atraso secular. Se han hecho miles de revoluciones fallidas, falta la principal: la liberación final de la esclavitud de cocinar. El Reino de la libertad -para la mujer- sólo llegará cuando no tenga que cocinar. Comer es gran placer, pero perder cada día horas en la tarea, es una triste condena.

Todo alimento se venderá triturado y ya mezclado, envasado según convenga: harina, copos, crema (a modo de batido vegano, pero con más proteínas e hidratos)... Incluso como ricas galletas para irse tomando despacio. ¡Sólo disfrutar, no cocinar!, todo siempre sano y preparado, sin tenerse que guisar (sólo acaso calentar), listo para beberse o chuparse, y dejando al paladar degustar con poco masticar, lográndose así más placer: al ahorrar el triturar, el sabor se disfruta más.


Se borrarían así -a corto plazo- enormes males y daños:

-La vasta pérdida actual de comida (la mitad de las cosechas), y con ello la malnutrición de medio planeta.

-Las infinitas horas gastadas en comprar, guardar, cocinar, desperdiciar y fregar (la mitad del tiempo libre diario de la mujer).

-La obesidad y casi todas las dolencias actuales, con su enorme coste sanitario (pues lo que se coma será siempre ultra-sano).

-Los dentistas (pues los dientes no se gastarán) y la mitad de los hospitales y médicos (que se ocuparán de cuidar la salud, en vez de curar la enfermedad).

-La mitad de los basureros, pues apenas habrá desechos...

La población podrá crecer al doble sin escasez -sana y esbelta-, con una salud casi perpetua, usando a la vez energías y métodos sostenibles. Será el inicio de una Humanidad racional, libre de violencia, estupidez y maldad; con hábitos pacíficos y humanos, al cesar la monstruosa matanza de animales actual, y al crecer el respeto por la vida y la paz. Será un avance trascendental, un nuevo Neolítico, una nueva Era de libertad y bienestar, como nadie la soñó jamás.

De los campos, los frutos pasarán directos al taller, donde se trituren y mezclen en las dosis óptimas de nutrientes. Máquinas autoservicio darán los botes o frascos (reciclados), algunos con más calorías o vitaminas, según convenga a cada cual. Con sabor y aromas muy variados, para que lo saludable nunca canse. Se podrá comer a cualquier hora y haciendo cualquier cosa, en el ocio o el trabajo, sin tener que fregar ningún cacharro.

Aparte de eso, en las calles, plazas y campos cercanos, habrá incontables frutales neogénicos (con nutrientes más completos) ricos en frutas y semillas crudi-comibles, que son delicias tal como ya están, sin cocinar.

Habrá menos millones de animales pero más gente, que es lo deseable. En los montes no cultivables, sí habrá rebaños -como reserva para emergencias- que desbrocen la maleza y beneficien la arboleda (cuidando que no tengan predadores ni pasen hambre). Se aprovechará su lana, leche, cuerpos... y hasta su carne y pieles cuando mueran de viejos.

A los que habría que diezmar es a los grandes carnívoros dañinos: lobos, osos, felinos, cocodrilos... El derecho a vivir es un lujo humano autodado, ningún animal lo admite, y mata o hiere cuando le conviene. No cabe impedir que los peces se coman entre sí, pero -donde pueda- el hombre debe frenar el matar hasta en el reino animal.

También son dañinos los elefantes, que devastan los sitios en donde pastan y privan a otros de comida. Es pasmoso que aún haya tales monstruos: rinocerontes, elefantes, hipopótamos... Sólo las aves y animales que depredan a reptiles o roedores, habría que conservar. A los grandes felinos se les podría alterar los genes hasta hacerlos como gatitos y servir de mascotas para niños. Hasta habría que achicar a gatos y perros, para que consuman menos y dañen menos al medio.

También es pasmoso ver aún permitidos claros cancerígenos como: la junk-food, el tabaco y el alkol, y no se hayan creado drogas más sanas -calmantes o excitantes- que desplacen a las nefastas actuales, causa de miles de muertes y de males. La culpa no es del pobre desgraciado que toma alkol o tabaco, sino de la sociedad y del Estado, que permiten la venta de tales venenos insanos. Ya existen fármacos con mejores efectos y menos daño que el vino o las drogas, pero más ecológicos y baratos.

¡Qué locura arruinar toneladas de sanísima uva para crear brebajes dañinos e indigestos que envenenan el cuerpo! Era antes el único quitapenas de la sufrida gente, pero -puesto que los piden las masas- ya es hora de darles fármacos más sanos y nuevos: Nuevas drogas para los nuevos tiempos.


(Otro avance aún por lograr: En el norte habitado, se gasta un horror para calentarse la mitad del año. El frío es un problema y una tragedia aún irresuelta. La ciencia -que logra tantos avances- aún tiene que mejorar la forma de abrigarse. Hoy se calientan las casas enteras, cuando ni las paredes ni muebles sienten frío, sólo hay que calentar a la gente.

Falta idear trajes ligeros pero superaislantes, que retengan el calor del cuerpo, o lo generen con el roce ellos o un emisor portátil. Bajaría así ese enorme dispendio de energía y su impacto en el clima. Y en vastas zonas como Canadá o Siberia, podrían vivir muchos más millones sin problemas.)


VEGANOS. Lo intragable es la ganadería industrial: dañina, insana e inmoral, que reduce la comida y degrada a la Humanidad. Comer carne es torturar a millones con la miseria y el hambre. La excusa de que no es carne humana, es una sádica falsedad, pues toda carne es químicamente igual. Devoran sus propios cuerpos, y masacran a seres buenos e indefensos. Esto es lo repugnante.

Quien come carne... mancha su vida vil de sangre, y asesina a niños, al fomentar el hambre. Además de homicida, es caníbal: ceba sus duras entrañas con sangre humana, pues la carne animal es igual que la humana, y tragarla es salvajada. Sólo si no hay vegetales, pueden comerse animales: matarlos por capricho es infame (y la maldad se paga, no es gratis: la vida acaba por vengarse).

Masas de fieras sangrientas usurpan el planeta, ¿cómo extrañarse de que éste rebose de injusticia, egoísmo, destrozo y violencia? Los ‘hombres honorables’ son en realidad masas de criminales, con las manos rojas de sangre (matan y devoran a miles de animales año tras año). Esos millones de fatuos que se creen honrados, casi cada día agarran a un pobre animal, lo asesinan y lo descuartizan. Falso, se dirá. Pero si no hacen eso ellos, sí les pagan a otros por hacerlo: son igual de culpables, sus manos están manchadas de sangre, por mucho que se las laven (es sangre de animales y de millones de niños, que ellos matan de hambre).

La comida -por dar la vida- debe ser no sólo sana sino santa. Un ser que mata y devora a otros es un monstruo; quien come vegetales -en cambio- es un ángel. (Aunque las mujeres coman carne, no son culpables: si ellas tuviesen que matar a los animales, todas serían ya veganas: tendrían compasión de los mamales y hasta de las pobres aves.)

Hay también veganos necios: los egoístas, que sólo buscan su salud y no la del mundo, siendo en lo demás dañinos consumistas. O los activistas pro-animales, que en vez de ayudar a niñas pobres o chicas oprimidas, protegen a seres ultra-resistentes y poco sufrientes, cual los animales. Lo grave de comer carne es el dolor humano (reduce la comida y daña al clima) y -sobre todo- que degrada al hombre a bestia asesina; el dolor animal en cambio, es algo secundario y escaso, siendo ellos poco sensibles o angustiables.

Para los aliens y almas los animales son seres fallidos y tristes, desde que surgió el hombre. Éste les repele justo por su animalismo, su atraso, y aman a los más racionales, sensibles y veganos, que ven a los que comen carne como monstruos repugnantes, cebados de muerte y sangre.


Tener que cazar fauna volvió al hombre en una impía bestia, y aun paga las consecuencias: la guerra, la crueldad y la violencia. Los herbívoros no le hacían -ni le hacen- daño alguno al hombre; él en cambio se dedicó a matarlos sin piedad, como una bestia demencial: esta locura marcó con sangre el curso de la humanidad. Mientras no se repudie con rigor el matar animales por capricho, el hombre seguirá estando maldito, como monstruo ciego y asesino.

Matar por necesidad es atroz, pero disculpable; matar por capricho es un crimen repugnante. Hasta que al macho no le entre entre las cejas que: ‘los seres vivos no hay que matarlos por capricho’ no habrá paz ni dignidad en el mundo. Matar fauna o humanos son el mismo acto: mientras se mate animales, se puede matar -y se va a matar- a gente.

La gran noticia diaria -en vez de los chismes usuales- tendría que ser: "Comer carne es criminal y aberrante, y causa los peores males sociales." De un mundo que se ceba del crimen en masa ¿qué va a esperarse sino desastres? ¿Qué sociedad va a crearse con ogros ciegos, soberbios y brutales? El feminismo está condenado si no se humaniza antes al macho.

La mayor revolución será -no la vana victoria proletaria- sino la adopción en masa de la dieta vegana. Renunciar a matar y dañar es el inicio de la paz real, al verse como sagrado a todo lo vital. Es el remedio a casi todo mal: violencia, hambre, pestes, dolencias y crisis ambiental. Masacrar animales es lo que impide que reine la salud, la bondad y la paz, en vez del egoísmo y la crueldad.

Es la ferocidad humana lo que causa las guerras, no las meras opuestas ideas, credos, lenguas o etnias -todo esto es secundario. El simple diferir o disputar no llevaría a masacres, si el macho no tuviera instintos salvajes. Y éstos los tomó cuando empezó a matar animales: allí se volvió una bestia, y condenó a su estirpe a la eterna guerra y violencia. Allí el hombre se volvió un peligro para sí mismo, y sólo cuando deje de matar, se podrá salvar. Y pasar de maldito simio malvado a pacífico sabio sensato.

Nada degrada al hombre más que ver como normal lo que es una obvia atrocidad: el matar y devorar animales (antes disculpable por causa del hambre, hoy ya no). Todas las monsergas sobre el amor, la justicia y la paz... son mero teatro mientras no se respete la vida animal y se deje de masacrar. Los derechos humanos son derechos para hacer el mal, si no se implanta primero el veganismo global. El veganismo es el amor plasmado, la bondad perenne, la justicia palpable, la paz real, y la salud del planeta y la humanidad.

Sin el veganismo, ni la caridad hace el bien: ayuda al mal, al ayudar a un ser cruel y brutal. Es suicida dar más poder y técnicas a seres duros, soberbios y dañinos. El único progreso real es aumentar el bien general, y esto requiere un hombre que sea más sensible, compasivo y con bondad hacia todo (y hacia los animales para empezar). Las sociedades más envidiables son las más pacíficas, sensibles, compasivas, veganas y femeninas.

Sólo la vida vegana es fe que sana y salva. El veganismo es más trascendente que el cristianismo, el comunismo y todos los credos juntos. Toda religión o ideología -si no exalta el veganismo, el feminismo y el no-dañar- se puede tirar a la basura, por dañina y estúpida. Es de peso sobrenatural que el hombre rechace por fin el masacrar animales, y que se gire para siempre desde la bestia al ángel. Será un paso abismal a una mayor paz, bienestar y felicidad.

Pero por desdicha, faltan decenios o siglos para eso: el atraso humano no puede dar saltos, cambiar genes e ideas debe ser lento para ser seguro. La especie en masa sigue aún en la infancia, y -tal que los críos- no distingue el bien del mal, lo bello de lo feo, ni lo falso de lo real.... Sólo cuando el cambio climático cree una grave crisis alimentaria, se pondrá por fuerza freno al actual desperdicio y a la crueldad.


ALIENS. Los aliens ven al macho tal cual es: un maldito simio brutal y repulsivo. ¿Cómo van a ser amables con caníbales repugnantes, con sangrientos comedores de animales? En cuanto miran sus cerebros, y ven su tosquedad y sus actos, se apartan asqueados. No comprenden a los humanos: sólo comprueban su atraso.

No culpan de sus locuras al macho (han visto ya tanto, que están curados de espanto) lo único es que se alejan de ellos: esquivan lo feo y se centran en lo bello: tratan con almas y con los otros aliens, que son puros como ángeles.

Ningún animal urde guerras ni es malvado como el macho humano. Su astucia -mezclada a la estupidez- le hace más irracional que cualquier animal. Su gran enemigo es él mismo: cada tribu mantiene arsenales listos para diezmar a los vecinos, y tanto es el odio y la ceguera, que ya les sobran bombas para borrarse a todos del planeta (son simios salvajes, nada de ‘sapiens’). El mejor modo de ayudarlos es insultarlos, para ver si de una vez despiertan.

No es que por esencia sean malos, ni son culpables de sus fallos; es sólo que están atrasados. No son odiosos por ser malos, sino por sus locos actos. Bastaría con humanizarse y ser veganos, para ver lo soñado por las utopías: un mundo sin violencia, delitos, abusos ni injusticias. En cuanto logren más compasión y empatía, el planeta vivirá como una gran familia -con sus lógicos roces y riñas- pero sin saña ni maldad continua.

La brutalidad humana puebla hasta sus ocios: campa en el culto al odio y al fascismo que son los combates deportivos, empapa de violencia las pantallas -en juegos o vídeos-, y mancha hasta los libros de crimen y thriller, donde se mata a gente como hormigas en aras de una triste trama indigna (basura sin vida para gente aburrida).

Por contra, tanto almas como aliens bendicen a los biófilos veganos y los protegen si pueden (que algo pueden, aunque no hacer milagros). A los veganos más receptivos -de vida santa- les regalan ideas cósmicas y elevadas, que los pone a siglos de adelanto moral respecto al hombre actual. (La santidad no es algo místico ni especial, es sólo repudiar lo brutal.)

La variedad de aliens es apabullante, y sin cesar llegan unos y otros parten: imposible saber su número total, pero -como poco- cientos de millones. Lo que los iguala es que todos son ángeles: buenos, felices e inmortales (igual que los humanos tras salir de la carne).

Limpios de todo mal, su vivir es jugar, les sería pecado la seriedad. Sus mentes van desde casi opuestas a similares; pero como usan el sicotacto -trasvase directo de imágenes- todos pueden entenderse sin lenguaje. Sus mentes con el tiempo se van ajustando a las nuestras, olvidando en parte su vida previa, que se les aleja.

Los aliens que se ven son los recién llegados, que no pueden saber si la gente los va o no a ver. La mayoría llegan ya invisibles, pero algunos van a nivel tan cercano al físico, que emiten luz visible: estos son los llamativos Ufos (salvo los que son bromas de almas humanas), que en cuanto notan que asustan a la gente, bajan a nivel invisible.

Sin cesar llegan grupitos a la Tierra, todos distintos. Son almas de otros orbes, no seres de carne. La mayoría llegan como simples bolas de luz ultraveloces (si usan naves, son creaciones no-físicas que se disuelven en el aire: son naves de bioplasma -sique simple de animales y plantas- no son objetos físicos; por eso surgen de la nada y luego se borran como fantasmas). Los efectos físicos que causan, son involuntarios.

Moran igual en tierra, aire o bajo agua. Pero como son libres como dioses, hace años que algunos idearon trazar crop-circles cada verano (con frío no se puede, al faltar energía del aire). Estos crops lo hacen para ellos, no para dar ningún tipo de mensajes a los míseros humanos (sólo a veces por cortesía -vista la atención despertada- nos hacen algún guiño sin importancia).

Se deduce que -visto la multitud de diseños- los autores son plurales, que montan algo así como teatros: sedes ecuménicas temporales donde distintos linajes de aliens comparten charlas o hacen música o artes.

Como este fenómeno inquieta -por extrañísimo-, han salido graciosos que pretenden desprestigiarlo, haciendo seudo-crops, primero toscos, luego algo mejores. Estos idiotas -que gastan penosas horas en planear y ejecutar esos churros, sin beneficio alguno- les hacen un favor a los aliens, al ahorrarles a ellos parte de su trabajo.

Para salir a nivel visible usan energía ambiental: cuando alguien los ve de cerca, nota un silencio espectral, un bajón de calor, y -sin darse cuenta- baja también su voltaje cerebral, con lo que cae en trance (luego toma por minutos lo que quizá fueron horas). Al narrar lo sucedido, mezcla lo real con lo soñado, por lo que -de su relato- sólo es fiable los minutos iniciales. (Los que interrogan a testigos de ovnis, haciendo su labor de reporteros, hacen el ganso sin saberlo. Llevan desde el 47 investigando y no han avanzado ni un paso: siguen igual de liados.)

Aunque algunos aliens podrían ayudar al progreso social, no es lógico esperarlo, pues es absurdo pensar que el mundo está mal hecho y hay que andar de planeta en planeta desfaciendo sus entuertos. No. Los seres deben progresar ellos solos, con su propio esfuerzo, y aprendiendo de sus errores. Pero sin duda ayudarían en casos muy graves, como ante un riesgo de guerra nuclear.

Los humanos sólo creen en lo físico, se imaginan que los ufos son naves ultraavanzadas, con gente carnal de otros globos, casi semidioses, milagrosos. Bonito cuento. Si tan poderosos son ¿qué necesidad tienen de salir de sus globos -o de los cercanos, que estarían supercuidados- para ir con gran riesgo y costo a los sitios más remotos?

Ya la idea humana de colonizar otros globos, es de locos. Si no se sabe aún hacer habitable Siberia o el Sahara -donde sólo falta o el calor o el agua- ¿cómo se va a ‘terraformar’ otros planetas, donde no hay ni aire, calor, agua ni tierra apta? Querer colonizar otros orbes es como querer ver peces en los prados y ciervos en el mar.

Tampoco se trata de visitantes del futuro (¡bonito dislate, pues el futuro no es más que una idea, no una realidad!) ni seres de otras dimensiones que se cuelan es ésta (si de verdad son otros mundos, es como si no existieran, al no poder darse contacto mutuo -y la tarea es aclarar lo que vemos, no inventar ignotos mundos nuevos).

Los aliens son simplemente almas de otros sitios, hechas -con sus fatigas- en cuerpos materiales, que optan por salir fuera para renovarse y vivir nuevos gozos en otros globos. No viajan de sol a sol (cosa imposible) sino por atajos en el intraespacio (especie de puentes dimensionales, sólo accesibles a las almas).

De ellos lo único que cabe decir es: ¡Qué bien se está en la Gloria! Pues viven un grado de dicha insoñable para un humano: libres de todo engorro, temor o ansiedad, sin nada que cumplir ni que currar... su vida es un divino gandulear, a salvo del frío, hambre, calor, dolencias, ignorancia o pesar. Siendo tan variados, todos son indañables, libres y sabios.

Lo que no pueden hacer aún es mostrarse claramente a los humanos, pues ello supondría la prueba de la atanasia: la muerte dejaría de dar miedo, con lo que masas de gente agobiada -o puntualmente frustrada- irían al suicidio llenas de esperanza. Solo cuando rija una sociedad mucho más unida y humana, los aliens darán la cara, probando que la vida pensante llena el Cosmos, y que la vida eterna no es un cuento de viejas, sino un hecho físico vulgar del que gozan hasta las amebas.

En los globos avanzados, la gente es feliz y puede tratar con los aliens visitantes -sin riesgo de suicidios masivos. No precisan mandar señales al espacio en busca de vida pensante. Cuando algún otro planeta capte las necias señales que envían los humanos, lo que nunca harán es responder. Pues entenderán que la gente que las emite era tan atrasada, loca y desdichada que no podía tratar abiertamente con los aliens, que están en todas partes. Cabe que algún otro infeliz orbe mande señales como hace el hombre, pero sería milagroso captarlas, pues lo de mandar señales son locuras infantiles y escasas, que pronto acaban.

Los planetas se diferencian en la riqueza mental de su gente, la cual mejora con el tiempo, por lo que a la larga todos se igualan. El punto crucial del progreso es cuando ven y tratan a aliens y almas, pues implica que predomina la bondad y la dicha.

La actual sociedad es una selva insolidaria, donde la gente -para sobrevivir- se ve obligada a ser mala: en una sociedad más armoniosa, la gente casi toda sería benévola y ayudadora. La actual Tierra es más un manicomio que un planeta: hay que curar al macho de la violencia, y potenciar la riqueza mental -interna-, más valiosa y real que la material -externa-, para que cesen las penas y las quejas.

El actual orden productivo es obra del macho, combativo y agresivo. La mujer prefiere colaborar y cooperar sin luchas ni antagonismos: la despiadada competencia imperante no es para ellas, que anhelan un orden social más planificado, con un Estado protector bajo control democrático. El maldito capitalismo agresivo ha sido -hasta ahora- como una guerra perpetua que enfrenta a todos contra todos. Pero los humanos no están hechos para competir sin parar: los seres tienden todos al reposo -o al mínimo esfuerzo- como estado ideal.

Es absurdo que la medicina cure a las personas y no sepa sanar el cuerpo social. Los avances en ciencia ya dan para un orden productivo más racional, sabiamente planificado, que preste una base vital a todos por igual, incluida la nutrición: ya se logró socializar la sanidad y la educación, falta hacer igual con el trabajo y la comida, de forma que ni el paro ni el hambre amenacen. La economía debe ser una ciencia exacta y matemática, racional, no el descontrol actual, de crisis e imprevistos continuos. Si es verdad que el mundo avanza, se logrará una sociedad más sana, vegana y educada, con menos consumismo ni derroche de recursos: mucho más simple y sostenible, sin necesidad ni gusto por los lujos.

Con todo su triste atraso, la joya del planeta son los humanos (si ahora son simiescos, sus bisnietos lo serán menos). En el humano, lo natural es el cambio. Frente al fijo animal, el humano no renuncia a avanzar, por ahora en lo tecnológico, pero pronto también el lo biológico, mejorando sus genes como especie.

El ‘padre procreante’ al uso, está ya cansado y caduco; lo normal será que cada mujer elija tener hijos inseminados de padres selectos, elegidos a su gusto entre muchos. La gente saldrá así más sana, guapa y sabia, y la mezcla genética -al hacerse global y acercar las distintas etnias- irá imbuyendo el sentimiento de unión y hermandad, con su promesa de más bienestar y paz.

Todo alien sabe todo esto: lo ha visto ya en otros planetas. Lo que no pueden saber es cuándo irá ocurriendo. En todo caso, no les preocupa: la vida humana es nada en el Cosmos, una sola leve nota entre infinitas otras (basta mirar al cielo para sentirte pequeño). Su única ayuda es inspirar ideas bellas y avanzadas en algunas mentes santas.



miércoles, 24 de octubre de 2018

LA FÁCIL EXPLICACIÓN DEL DOLOR . Teosis 18 Fin.

Elio. El fin del mal. Teosis 18 final.

Goyo me había ya contado cómo se aman las almas (el misterio del sexo de los ángeles, al fin resuelto): cuando dos almas se abrazan, entran despacio en trance (un semisueño sumiso al deseo, que crea vivos sueños manejables). Las fases humanas normales son el sueño o la vigilia, raramente caen en trance; las almas sí gozamos del trance a voluntad, con su intenso ensoñar (es nuestra fase Rem, pero hiperclara).
Los abrazados -si quieren- practican el sexo: mezclan sus mentes a concierto y cada uno ve al otro en su sueño: lo desviste, besa, abraza... Funden sus memorias y mentes: es el máximo acto de unión entre dos seres. El otro actúa parejo a tu voluntad y deseos, haciendo realidad los sueños: tejiendo lentas y eróticas juergas, siempre frescas y nuevas.
También gozamos -despiertos- viendo a gente en pleno sexo: el placer que irradian, te contagia (así la mujer antes fría, por fin se corre de alegría). En trance o despiertos, tenemos todo el sexo que queremos. Lo único especial es la falta de clímax final; pero justo por eso, nuestro goce es más continuo y pleno, sin fatiga y sereno. Como todo es mental y nada orgánico te frena, puedes amar cuanto y cuando quieras, sin trabas ni barreras. Somos amos del deseo, el hombre es su vago siervo, esclavo inconstante de la voluble carne. Para él, el sexo es un breve alivio endeble; para nosotros, un claro y largo deleite.

(Martes.) El día asomó tibio y con nubes, pero sin ganas de llover. Tito y el chef, sus esposas y niños, se fueron al alba al pueblo, a sus oficios. Hoy no habría charlas, nadie madrugó. Tras desayunar tarde y fregar los trastos, se juntaron los grupitos al sol. Y leyeron de un tirón entre todos -al alimón- a Juan, capítulos 13 al 17, blando y vago sermón, surrealista y bobalicón.
Pero la tutora no propuso las preguntas de rigor, sino que -olvidando el texto- les pidió que dijeran lo que más les había gustado del retiro y lo que menos. Para los más lo mejor había sido la unión fraternal y las edificantes charlas; también se alabó los cantos, la comida y las veladas. Lo que menos gustó fue el frío de noche en la cama, obra de la alta montaña.
Tras esto, quedaban las últimas faenas: barrer y fregarlo todo: cuartos, aseos, cocina y salón. Sólo los más entregados se arremangaron; el resto miraba y charlaba. Faltaba un rato para las despedidas. Todos estaban de vista risueños, pero tristes por dentro: ojalá pudiesen seguir allí más tiempo, ahora que ya eran un clan fraterno. Pero había que partir sin remedio: se dispersarían como el humo por el ancho mundo, y no volverían a verse, salvo algunos. Las guiris volverían a su patria al acabar los cursos: sólo quedarían las fotos y el recuerdo... pronunciando un ayer que fue feliz y no pudo ser eterno.
A la una dieron bocatas y frutas, y los comieron charlando al fresco. Y empezaron sin prisa los adioses para la partida. Podían estarse allí todo el día si querían; pero un largo viaje les esperaba y mejor llegar temprano a casa. Tras dar los besitos de rigor, un primer coche partió...
De pronto llegan Fianna y Kimla anunciando que se iban a Sevilla. Las abrazamos y partieron con los de un coche, cual dos más del retiro: pero nuestro adiós sí que era definitivo. También Yania y Coré se irían en pocos días y los perdería. Entonces sentí: ¿no me podría ir con Nadia en algún grupo? Yo pensaba que ya ella me apreciaba (pero confundí el candor con el amor). La abordé con mi plan: ‘¿Qué te falta por ver en el pueblo de Tito? ¿No es mejor irse con Débora o Pedro..., ver nuevos y mayores templos?’ Me contestó que cualquier sitio vale ante Dios, cuanto más humilde mejor.
Oh Nadia, ¿por qué no piensas más en nosotros y menos en tu Dios? Tú ya no eres humana ni tienes por qué ser santa. ¿No ves que te adoro, que todos queremos amar como locos...? Jachú liubít (recordé un canto ruso), óchin núzhna liubít.’
Shtó ia magú, míli, nie vinaváta (qué puedo hacer yo, bonito, no es mi culpa). Amar es santo, pero en pareja es malo.’ ‘¿Cómo es eso?’ ‘El Señor dijo: en la otra vida seremos como ángeles, sin consortes ni amantes’ (Mt 22,30. Lc 20,35).
Me quedé mudo. Era obvio que Jesús sólo decretó doctrinas humanas, no para las almas. Pero era inútil contrariar a Nadia. Preferí suscitarle dudas amplias: ‘Ay Nadia ¿y si estamos errados y esperamos al Señor en vano? Si hemos muerto, ya debíamos gozarlo, y no le vemos el pelo. ¿Estamos ya salvados, o enredados en otro mundo extraño? Dios no aclara qué hacemos aquí, para qué existir: por qué nacer, por qué vivir, por qué luchar, por qué sufrir. ¿Por qué no da señas, y nos tiene a oscuras en esta ratonera?’
Nadia reprendió mi torpeza: ‘Dios es Espíritu, no materia, y quiere adoradores en espíritu y en verdad (Jn 4,24), por fe, no por vista.’ ‘Pero Jesús sí tendría que verse, y ni rastro de él. Tanto ocultarse es ya cruel. ¿Sabes lo que pienso? Que todo lo de Jesús es fantasía. Habrá un Dios, si quieres, pero no existe el Hijo ni la hija, y cuanto antes lo admitas mejor.’ Me contesta risueña: ‘Yo no necesito verlo para creer: Jesús ha llenado mi vida con su ser...’
Se había quedado alelada mirando algo tras mí. Me volví: de una zarza en la sombra salía una luz curiosa, un fulgor que pronto se volvió un ángel: un ser de luz que me evocó a Jesús. ¿No hablaba yo de él, reprochándole no mostrarse; no era él, que venía a inculparme? Y he aquí que abre sus brazos hacia Nadia. Yo me alarmé: ¿no iría ella con él, al creerlo Jesús, cuando sería cualquier ángel gandul? Como me temía, Nadia avanzó, el ser la abrazó, y todo se borró. Quedó la verde zarza en la sombra intacta. Si era una broma, no tenía gracia.
Esperé un rato, soñando aparecer de pronto Nadia. Al fin fui a contárselo a Coré, que me contesta grave: “Elio, dile adiós a Nadia, los ángeles la guardan, y contra ellos no somos nada. De poco sirve quejarse; era un amor inviable. Sí, es lindísima Nadia: pero por eso mismo no era tu talla. Conténtate con recordarla, pues sólo en tu mente podrás gozarla. Así que Josué 1,9: Esfuérzate y no temas, porque el Señor va a tu vera y te alienta.”
Mas cómo no temer y aflojar, cuando un ángel te vino a castigar -¿es que es pecado amar?- y a robarte la flor más celestial... El placer es fácil de agradecer, pero para agradecer el dolor hay que confiar firme en Dios. También Goyo se quedaba solo. Ante varias atentas almas y para consolarnos, Coré se lanzó a filosofar como un Platón:
(No hay cielo sin infierno.) “El mundo en sí no es un misterio: es Vida igual que tú. Todo es vida -en formas infinitas- pues sin vida nada se mostraría. Dios es la Vida absoluta: los seres son chispas suyas. Tú -por ser chispa sola- creas dos zonas: Tú, y lo externo. Lo interno es el Yo, Placer y Tiempo. Lo externo lo ves como Poder y Espacio inmenso (poder que te acoge y envuelve, omnipotente). Eres un puro Ser-de-placer, tu esencia es el placer; pero por ser mera gota, puedes perder ser, y eso es el dolor: que un poco de ti escapa fuera (es el precio a pagar por tu soledad).

El placer es la esencia de todo, aun de lo físico, que es vida básica (si te hicieras materia, tendrías alto goce, pero baja consciencia). Ser-Vida-Placer son lo mismo, y -por absolutos- no tienen opuestos: sólo admiten contrastes o frenos. El placer debe fluctuar y variar para poder sorprender e impactar. Contra la opinión vulgar, alguien muy feliz no podría ya gozar, pues sin previa carencia no cabe saciedad (para que el placer pueda llegar, antes tuvo que no-estar). Lo ideal es bailar cerca de la dicha y rozarla, pero no agotarla, para que así el deseo no decaiga.

Dormido eres pura dicha, porque allí -hundido en tu Esencia- estás chupando vida nueva, en forma de bioplasma (sique cercana de animales y plantas); por eso al despertar sientes tanta plenitud vital. Despierto se chupa vida al cuerpo, durante los goces. El placer tiene el sabor del sueño, es un dormir despierto. La mera esperanza de algún bien, chupa ya placer. Al sentir placer, toda pregunta se esfuma, pues ves que tu esencia es la Esencia única: la separación acaba, el Atman se funde con el Brahma.

Placer y dolor son hechos tan básicos, que ningún pensador ha osado explicarlos. Hasta una ameba sabe sentir placer, pero ni Kant supo esclarecer qué es. Y sin embargo es claro: sentir placer es sentir entrar en ti vida nueva (biotoma), y dolor es cuando la radias fuera (biofuga). Al ser nosotros vida, sentirse vivo ya es placer; pero -por pereza o rutina- sólo se llama placer a lo nuevo, al aumento, al contraste con lo previo. La duda ancestral sobre el origen del mal, es fácil de explicar: que los seres -por ser partes aisladas- pueden perder sustancia. Sentir dolor o placer es ganar o perder algo de ser, no hay más misterio.

El dolor (o el malestar mental) tiene 5 modos:

1- Vacío (infra-tensión): apatía, atonía, letargo, tedio, hastío, abulia, desgana.

2- Miedo (tensión de alarma): temor, ansiedad, angustia, pavor, pánico, espanto.

3- Ira (tensión agresiva): disgusto, enfado, enojo, irritación, malhumor, celos, envidia, odio, rencor, furia, rabia, cólera, furor.

4- Pena (tensión por carencia o pérdida, material o afectiva): pesar, congoja, tristeza, aflicción, amargura, humillación, duelo, desamparo, desaliento, desespero; puede incluir culpa o remordimiento.

5- Dolor físico: cualquier daño o molestia corporal, sea de causa interna o externa (herida, lesión, enfermedad, indigestión, ruido excesivo, sed, hambre, frío...). La depresión honda es daño físico: al cuerpo le falta endorfina o serotonina (vital para la salud cerebral).

¿Cómo ocurre el dolor? El cuerpo, si se daña, toma en defensa vida al alma (que va a la zona dañada -si es dolor físico- o sólo al cerebro, si es dolor síquico). Pero el alma sufre con ello: se agita y desgarra, porque esa vida es parte de sí misma, es sustancia íntima. Si entrar vida se siente como placer, salir es lo opuesto: descenso temporal del tono vital. El vacío o ‘depre’ es biotoma deficiente, que frena o acorta los deseos y el gasto. Todo acto envía vida al cuerpo, pero en grado tan leve que no duele. El dolor es un escape brusco y grande; tanto, que -para frenarlo- el cuerpo puede desmayarse.

El perder sustancia causa el desgarro del Yo que es el dolor: el orden y armonía del alma se vuelven distorsión y disonancia. El Yo es el centro más sensible del alma: al menor cambio brusco, pierde libertad, claridad y calma (pero con la ventaja de que el Yo se agranda y se ensancha). El alma es armonía tan delicada, que un leve estímulo la daña; basta una idea o recuerdo infeliz para afectarla. (Respirar hondo y lento calma la mente como el sueño.)

También las plantas -si las dañan- sienten dolor, aunque suave. Incluso las almas lo sentimos, pero no dolor físico, sino mental (es dolor inercial, eco del dolor antiguo, y por eso fácil de calmar). Todo ser vivo debe sentir dolor en su grado y nivel, pues si no es sensible al dolor, tampoco lo es al placer. La facultad de sufrir y gozar van juntas: las plantas sufren poco porque gozan poco.

Un niño apenas sufre, pero también es leve su dicha: juegos, caricias, golosinas... En cambio, el placer del adulto es vasto y variado, bebe de muchas fuentes: arte, belleza, ideas, saberes, sexo, logros, amores, recuerdos, proyectos... (según maduras, gozas de todo con más hondura). El alma es como una jarra: el dolor la ensancha, y así le cabe después más placer. Quien poco ha sufrido, sus placeres son nimios, porque su alma es de niño.

El placer se vive, es tu íntima esencia; el dolor no se vive, sólo se siente, como cosa ajena -pues no es la esencia de nada, ni tiene ser ni sustancia (es un mero mecanismo defensivo, un aguijón siempre listo... pero evitado casi de continuo). El dolor es temporal y sólo ocupa un punto del Yo; el placer -en cambio- es el Yo entero, y es tu ser perpetuo. ¡No eres dolor: eres placer; el dolor se siente: el placer se es!

La facultad de sufrir se tiene para ‘no’ sufrir, para saber evitar el dolor. Y quien más sensible es al dolor, es quien menos sufre, porque lo evita mejor. Pues el dolor no necesita estar presente, basta con haberlo conocido y que se recuerde. Cuando se pierde a un ser querido -por muerte o ruptura- el dolor es bella expresión de amor, es un dolor tan bueno y santo, que no quieres borrarlo. También, dolerse del mal que has hecho, es dolor deseable y bueno (lamentarse por sus faltas lo hacen hasta las almas).

La causa inicial del Mal es la materia, útil para los seres, pero que a veces se rebela y aflige en formas traviesas: frío, calor, sequías, plagas, tormentas... virus, lesiones, vejez, dolencias... Hasta el vicio moral nace del fallido material cerebral, que ocasiona egoísmo o crueldad. La materia no es mala, es sólo resistente y porfiada. Pero el hombre nació para retar a la materia y sacarle bienes y belleza, y crecer como Ser gracias a ella. Es milagro soberbio que la sique dome a la materia y cree un ágil cuerpo, con el que goza y juega, crece, actúa e inventa.

Dios no te evita las penas necesarias -eso te frenaría-, lo que hace es compensarlas. La razón del infortunio no es un mal en el pasado (un mal karma que ahora pagas) sino un bien en el futuro: las penas de la carne te ganan una gloria interminable. El dolor crea una deuda a tu favor. El árbol más grande nació de una semillita: así, de la frágil carne sale una vida casi divina. De la movida vida y su pizca de mal, nace la incansable facultad de gozar.

El hombre se queja: ‘¿por qué no nos hizo Dios inmunes al dolor?’ Pues porque tienes un valioso Ser que proteger. Las madres no quieren ser sordas al dolor de sus hijos: sufren junto con ellos, para mejor protegerlos. Por lo mismo, Dios dota del dolor a sus seres -parte suya- para que sepan protegerse.

Siendo tan poderoso ¿por qué no le regaló la dicha a todos?’ Eso es justo lo que hace, pero primero tiene que formarlos, y para eso el dolor es necesario (pero el bien logrado es sin medida mayor que el dolor causado). La infinitud de Dios debe incluir de todo, hasta dolor: los tragos de dolor aumentan tu perfección. El Bien y el Mal han de ser vecinos, pero el Bien en grande y el Mal al mínimo: opuestos en cantidad igual que en cualidad, dan la armonía ideal.

La vida alberga espantos y encantos, pero lo normal son los encantos. Hay que tumbar los tópicos: ‘Qué dolor tan grande’ (no: sólo te roe a ti y al breve instante), ‘Esta pena me ahoga’ (no: te agranda y te mejora), ‘Dios es cruel’ (sí, pero su crueldad es mínima y su bondad infinita: da eterno galardón por el dolor). Hasta la Biblia lo zanja: ‘Su ira dura un momento, pero su amor es eterno’ (Sal 30,5. Isa 54,7-8). Dios puede un instante ser cruel, pues lo compensa eternamente con placer.

El Mal es servidor del Bien, pues redunda en placer antes o después (en cuanto un mal termina, ya es alegría). Dios causa el mal para el Bien final (el bien mayor, hace bueno al mal menor). Las penas que Dios permite o causa, quedan archicompensadas: como la vida nunca acaba, el dolor se aleja según el placer se alarga: menos va pesando el dolor en la balanza.

(Sólo a través de males terrenales, llegas a ser un ángel: sin cruzar el fuego del dolor, no te haces un ser de amor. Si Dios creara al ángel ya acabado, sería un bebé, no un ser sabio. No puede haber un Edén prefabricado: cada cual debe crearlo con su esfuerzo y su trabajo. El hombre fue hecho para ser feliz, sí; pero no de forma gratis: su dicha ha de ser fruto de su esfuerzo y de bregar con el medio, sea fácil o adverso. La dicha debe ser activa y creativa: la felicidad pasiva se adormila y se disipa.)

Explicar el dolor no lo suprime, pero lo redime. Saber que el frío pasará, no borra el invierno, pero aporta consuelo. La explicación del dolor no quita el dolor (cuando toca sufrir, hay que sufrir) pero da esperanza y paciencia al infeliz. Sabiendo que el dolor es benéfico, me consuelo; pues la Nada no existe, la muerte es un breve paso, y el dolor no es malo sino bueno y necesario.

¿Cómo amaríamos el bien, sin haber sufrido el mal? No seríamos como somos -ricos, intensos y complejos- sin el don de sentir dolor; sin ello seríamos como fetos -oscuros, amorfos, superfluos. No sabríamos de qué alegrarnos ni qué desear, ni habría sentido ni meta a que aspirar. Sin el mal, la Vida no pasaría del nivel vegetal. Cierto, no habría dolores, pero no seríamos ángeles sino coles.

La facultad de valorar el bien vale igual que los bienes mismos, y eso sólo se alcanza tras haber sufrido. Eva y Adán, aunque estaban en el Edén, el Edén no estaba en ellos: por eso lo perdieron. Como niños, vivían el bien sin notarlo: tuvieron que perderlo para hallarlo; al oponerlo al mal, lo descifraron.

Como la cola de la flecha (que al sofrenarla, la endereza), el dolor -al estorbar la vida- le da su dirección. Sabes lo que es el bien, tras conocer el dolor, antes no. Sin infierno, no hay paraíso. El bien es invisible hasta que el dolor lo exhibe. Quien sufre, ve un cielo luminoso: el dolor crea la felicidad, las lágrimas limpian los ojos.” * * *

Calló Coré, y rumiando sus palabras me alejé. Volví ante la zarza, mirando a las almas a ver si eran Nadia. Mientras, los coches partían sin prisa y sin pausa. Al fin, sólo quedaron tres chicas y dos chicos, hermanos suyos: Tito debía venir con su furgón a las 3 y llevarlos a la Estación para Granada. Como había tiempo, los chicos se fueron a jugar al ping-pong y las chicas a leer al sol. Sólo una tenía novio, y en chicos debían pensar, porque -con textos en las manos- no lograban leer; se lo acercaban y al momento lo bajaban, mirando al aire absortas.

Aunque todo latía en perfecta calma, la fresca belleza las deslumbraba: los colores vibraban, la limpia luz cegaba, y las flores embriagaban. Verde variado y fértil, puro aire alpestre, altas montañas, cielo ardiente y nubes blancas: góndolas de otoño surcando un mar de azules aguas... En sus mentes: ecos de las voces recién idas, junto a los besos de las despedidas. Y en su memoria más honda: el fulgor de cuatro días de intensa vida, junto a amigos y amigas. Y por dentro el amor les resonaba como un dulce revuelo de campanas...

Pero se acercaban las 3 y Tito no llegaba. Mas llegará, y a la noche estarán todos en casa. Y toda la belleza de aquella tarde... vagaría en silencio en los senderos, disolvería su luz en el viento, ardería en el fondo de algún sueño. Seguiría el rumor de la fuente sonando solitario y alegre, junto a los chopos y la hierba floreciente. Y aquel edén abandonado... bañaría de amor los espacios, quemaría su luz en los cuartos, buscando el beso de unos labios... Montes, pinos... cielos, prados... sendas, cortijos... caricias, pecados... todo quedaba atrás, en la tarde que nunca se repetirá igual. Donde habían sonado risas y voces de juventud vibrando, ya sólo reinaba el silencio y el canto de los pájaros... ¡Cuánta vida encendida ahora se apaga y se olvida!

La tarde dormitaba y Tito no llegaba. Ya debía estar viniendo, pero tardaba y tardaba... Y la tarde se miraba en el espejo del cielo, y Nadia no aparecía, y las chicas pasearon y volvieron, y todos se adormilaron bajo los chopos dorados... Las 3 y 30 y Tito se negaba a llegar. Los chicos silbaban tonadas, las chicas se susurraban, los pájaros piaban: todos esperábamos, no había en la vida otra cosa que hacer, salvo esperar y esperar... ¿a quién? Tito ya debe estar llegando, ya va a llegar... esperábamos... Y sin embargo, uno quisiera que no acabara nunca por llegar. Pero lo hizo al fin pasadas las 4, salimos hacia el pueblo, dejamos en la Estación a la gente, y -por si Nadia aparecía- nos quedamos con Tito para varios días.

(Fin del primer tomo.)




lunes, 25 de junio de 2018

EL CALVINISMO ES DESCABELLADO. Teosis 14


Elio Coreli - El fin del mal (Memorias de un ángel) Teosis 14
 
(Lunes.) Amaneció el imperioso día postrero, el último que vivirían completo. Al alba, Tito -por ser lunes- fue a su trabajo al pueblo de al lado, pero volvería por la tarde a dar su charla. Éthel pasó la suya a la mañana y le pareció atinado hablar -como broche final- del rezo ideal, dado por Cristo mismo en Mateo 6,9. Rezo -según Éthel- divino e inefable, pero en verdad una linda sarta de dislates: Si Dios es Padre, sus hijos seríamos deidades; Él no está sólo en los Cielos sino en todas partes, y su Voluntad ya la cumple -velis nolis- todo ser que nace... Y lo más triste es tener que decir: ‘guárdanos de la tentación y líbranos del mal’; eso hay que pedirlo sin cesar, Dios no lo hace motu proprio (pues le encanta repartir desgracias por haber mordido Eva la manzana).
Mientras Éthel toreaba el Padrenuestro y se lucía, yo me fijé en las lindas gemelas Dolcét y Silvét, una de pelo oscuro, la otra teñida de rubio, pero ambas idénticas: ojos de ensueño, dulces mejillas, blanda naricita y labios de ambrosía. No es soñable un Paraíso si no lo alegran rostros lindos. Besan con la mirada, y su sonrisa encandila y embriaga... Oh Señor, creaste cada monada... Basta una dulce carita para alegrarte la vida.
Tras las reinas, había otras caras más modestas: Clara, Dalia, Nátaly, Brenda... Débora -morena y alta, seria y decidida- seducía por su agradable sonrisa. Bianka era amable y entrañable, su pelo castaño orlaba el blanco rostro ovalado. La novia de Adán -rubia teñida- era esbelta de hombros y caderas, pero de cara no tan bella... Y las demás, todas tenían algo chic: ante todo, su frescura juvenil. En toda joven luce la gracia inmaculada de la flor en la planta: son la forma humana más dulce y grata. La primavera de su belleza seduce y sosiega como fuente serena, y su fina voz cristalina alegra y anima como la brisa marina.
No hay estampa tan divina como la figura femenina, delicia caliente y viva. Son sueños de suave carne, música visible y poesía besable. Son obras primorosas de tan fino detalle (hasta de espaldas tienen arte) que parece indudable que las hicieron los exoángeles a su imagen. Pues, sólo por selección natural ¿cómo se va a volver un simio en mujer, ...una mona en un ángel? ¿Cómo -sin ayuda de arriba- pudo la mona Chita volverse la Monalisa?
Ya bordaba Éthel el colofón final: “Dios nos manda pruebas de paciencia para darnos más fuerza; permite opresiones para mostrar mejor sus bendiciones; así nos lo enseñan Job y los profetas. Pero podemos confiar: nunca nos pondrá una carga mayor que la llevadera (1Co 10,13). Y también, Dios permite la tentación para que no lo olvidemos y lo busquemos: cada oración declara tu dependencia de Dios.
Si en Él confiamos al orar, el diablo volará (Sant 4,7). Cuando rogamos ‘líbranos del mal’ pedimos algo ya ganado por Cristo en el Calvario, donde aplastó a Satanás (Col 2,15). Allí en la cruz, él -falto de pecado- recibió nuestro pecado, y nosotros -faltos de santidad- recibimos su santidad. Por su victoria los débiles somos hechos fuertes, los mortales vencemos a la muerte y los pecadores pisamos al pecado. ¿Alelúuuya...? Améeen.”
Con tan confortantes palabras concluyó la santa charla. Salieron los grupitos al sol y leyeron la parábola del sembrador (Lc 8, 11-15), que muestra a unos que desoyen la Palabra, a otros que fallan por flaqueza o placeres, y a los pocos que perseveran fieles. Resultaba pasmoso cómo hace dos mil años, Jesús ya previera lo que hoy hace la gente (que muchos rechazan la buena nueva, otros la aceptan a medias, y pocos se entregan de veras). Antes de estar la Iglesia andando, Jesús ya vio el resultado, qué milagro.
Liberio flipaba de que Jesús fuese profeta, y que supiera que lo que él decía a cuatro gatos en Judea, resonaría un día por el ancho planeta (Mt 24,14 / 26,13). Parecía de cajón que Jesús era Dios, para saber de antemano tanto. ¿O cómo se explica que a dos mil años de palmarla, aún tenga vastas masas rendidas que lo aclaman y lo aman? El tal Jesús, capaz de ganarse al mundo con dos sandalias... y de hechizar a millones con su magia, no pudo ser un mero soplagaitas...
Débora y Pedro se lo recalcaban, pero Liberio -contumaz- replicó: ‘Si Jesús vino a salvarnos a todos, ¿por qué se salvan sólo unos pocos? Eso no cuadra. Si para tú creer, primero debe enviar Dios su gracia, ¿por qué no se la envía a todos..., por qué acusa a los rebeldes, si sólo Él puede abrirles los ojos?’
Le replica Débora: ‘Jesús dice: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y os abrirán (Mt 7,7). Si no le pedimos, él no va a enviarnos su Espíritu, pues Dios respeta tu libertad. Si libremente le pides de su Gracia, Dios te la dará, porque te ama y quiere salvarte; pero no al que no quiere salvarse. La fe es por gracia, sí, pero a ti te toca anhelarla. Todos debemos decidir: ¿prefiero arreglarme sin Dios, o aceptar su salvación? Y sólo la puede recibir quien le abre su corazón, quien siente anhelo y sed de Dios. Dios no es un tirano que imponga su mandato: respeta tu albedrío; te llama, no te fuerza; te ofrece la gracia, tú la aceptas o la niegas.
Dios no condena: es la persona la que elige no salvarse, si rechaza el don de Dios. En el fondo es un misterio, pero lo cierto es que en tu mano está salvarte clamando al cielo. Sólo hace tres días que te conozco, Liberio, pero siento que llevas tiempo luchando con Dios. No te resistas más: clama a Jesús, ábrele el corazón y él te bendecirá con su amor. Con Dios todo te irá mejor. Jesús te llevará a amar y el amor te dará paz. Sea cual sea la prueba, en el placer o en la pena, Jesús estará a tu vera.’ Débora besó deprisa a Liberio en la mejilla, y se alejó diciendo: ‘Que Dios te bendiga. Tengo que ayudar en la cocina.’ Liberio la miró irse, pensativo.
Le digo a Coré: ‘Liberio está ya tocado y herido, con Débora y sus besitos. No todos los días te besa una chica linda, y además elocuente. Tanto, que me ha dejado dudoso a mí mismo: ¿es que van a tener razón los devotos, después de todo?’ Coré me calmó: “Razón la tienen todos, ateos y devotos. La fe en el buen Jesús no puede ser algo malo. Creer que él solito creó el mundo vasto, que andaba sobre el agua como un pato, que a muertos reanimaba y ascendió al cielo sin alas ¿qué daño puede hacer? Son cosas ‘creíbles’ y llanas, que a nadie extrañan. (Qué guasa.)
Pero al decir ‘es la persona quien se condena sola’ están aceptando que haya
infierno, y eso no cuadra con un Dios bueno, porque infierno y condenación son el
fracaso de Dios. Con el infierno, en vez de salvar a la humanidad, se perpetúa el mal.
Crear un mundo con un infierno adjunto, crear seres malos para que pequen y sean
castigados, no tiene nada de cristiano.
Ningún ser puede ser culpable ante su Hacedor, porque éste es tan responsable por sus criaturas como el relojero por su reloj. Hizo al hombre como bien le pareció; le dio mente, cuerpo y sentimientos: ¿qué culpa tiene el hombre si entre sus impulsos está la envidia, el odio, la codicia o el orgullo? No es el hombre quien los inventó. El odio y la maldad fue obra de Dios, que pudo haber creado un mundo mejor. Por eso él es el único culpable del pecado, y la criatura es víctima -y no autor- del pecado, que es un defecto que hay en su ser y lo hace desgraciado.
¿Cómo permite el mal un Dios que dicen ser todo amor? Esto ellos no lo alcanzan, es arduo misterio, y salen del entuerto echándole la culpa al hombre pecador, o al Mangui del copón. Y encima viene Calvino diciendo que ab aeterno Dios predestinó a unos a salvarse y otros al fuego; con lo cual hace de Dios un monstruo que ni con queso: creó seres ex profeso para que sean malos y los puedas torturar en el Averno. Los calvinistas descabellados quieren tomarnos el pelo con sus fregados, hasta dejarnos calvos.
El Dios real no tiene ira, odio, castigo ni venganza de ningún tipo: nadie puede agraviarlo. Atribuirle ira, como hace san Pablo (Ro 1,18 / 9,22. Ef 5,6) es degradarlo al nivel de hombre insensato. Siendo un Dios bueno, ¿cómo va a destinar a nadie al infierno? Si allí sufriera un ser hecho a su imagen, él también sufriría. ¿Cómo va a aceptar que criaturas por él creadas acaben fracasadas?
Si Dios es amor, el amor le obliga a salvar a todos por igual; y a los malvados los primeros, pues un buen médico atiende más al loco que al cuerdo. Salvar a quien desea salvarse es muy fácil: donde Dios muestra su valía es al salvar a los reacios, logrando que lo amen quien antes lo odiaron. Si los manda impotente al infierno, es Satanás quien queda contento.
Si Dios ama a sus seres, ni uno sólo podrá perderse, porque para un doctor omnisciente no hay paciente incurable: no hay tan gran pecador que no lo cure Dios. El Dios real es el que saca bien del mal y orden del caos. Mientras que al dios de Calvino lo vemos incapaz de salvar más que a unos cuantos; por tanto no es Dios, sino un malvado que -habiendo creado el infierno- necesita gente para llenarlo. Así que estos creyentes, al tiempo que dicen que Dios es amor, lo muestran como un malvado y un fracasado, y un Dios así no lo compra ni el Tato.
Los pobres creyentes tienen que hacer malabarismos mentales para no odiar al Dios que desean amar. Con típica esquizofrenia, su odio a Dios lo desvían hacia el diablo. Pero es evidente que el malo no es Satán, sino el Dios que -siendo harto más fuerte que Satán- lo deja tan pancho actuar.
Cuando los fieles celebran que Cristo venció a Satán, sin darse cuenta le dan honores divinos al diablo, al mostrarlo tan grande y fuerte que hasta retó al sumo Hacedor. En realidad, su distancia en poder es tal, que luchar Satán contra Dios es como luchar una pulga contra un ciclón. Y esa pulga está dejando calvo a Dios, pues cada día manda a millones de incrédulos al Averno, en tanto que Dios sólo gana a cuatro gatos para el cielo.
Y el pobre creyente se ve obligado a amar tal figurón, a un Padre y Pastor que mira hacia otro lado y deja al hombre errar extraviado, y que en vez de parar a Satán le ayuda a obrar el mal. El fiel tiene que hacer acrobacias mentales para no aborrecer a tal dios, y no ver en él al culpable grave de todos los males. Les cuesta un riñón mantener la devoción.
Sólo hipnotizados puede haber fe. La fe es un estado adormecido de la mente, y en ese estado viven los creyentes: con un cortocircuito mental permanente, que les encoge bastante el intelecto. Pero también los vuelve más infantiles y simples, y los libra de otras angustias, que es lo que ellos buscan. Su fe es una casta psicoterapia barata, una forma sutil de regresar a la infancia. Así que sólo les puedo decir: que lo disfruten con salud.”
Con disfrute y con salud es como salió la gente tras el almuerzo, a pasear entre las acacias, sauces y fresnos. Un grupito tomó guitarras y se sentó en la hierba, a la sombra perfumada, a la vera del arroyo donde el agua sueña y canta; y empezaron a espigar bellas baladas. Había un clima ya de nostalgia, porque mañana partirían y nadie quería irse, ahora que todos se conocían y un lazo invisible los unía.
Habían compartido tres días intensos de canciones y juegos, de palabras y silencios. Habían recibido heridas de amor y de consuelo. Algunos se habían enamorado, todos se sentían cómplices y aceptados, fuesen gordos o flacos. Liberio el sábado molestó a Débora, ¿cómo se lo pagó ella? Con besos. Ni se ofendió ni le retiró el trato. Pues este ambiente tan majo, tan cálido y fraterno, pronto se iría helando en el salón de mármol del recuerdo. Al volver a las urbes populosas y su bullicio agitado, soñarían con estas brisas limpias y con los pájaros trinando.
Una fiebre amorosa ya los punza con su dardo, les enciende el pecho y los labios. Y en el tiemblo de sus voces, vibran sus corazones rasgados. Hablan como arroyos frescos, callan como enamorados; como diciendo: “Hoy es el día sin mañana, porque mañana nos vamos. Hoy alzamos castillos al aire, mañana serán borrados. Hoy somos un todo hermoso, mañana cuerpos por el mundo vasto. Hoy respiramos el gozo, mañana sueños devastados. Hoy bebemos el reposo, mañana aires olvidados. Hoy juntamos la alegría, mañana las maletas en el patio. Igual que a la llegada, ¡pero tan distinto!
Entonces era el risueño inicio de los juegos, el sabor de la aventura, el desorden bello de un mundo naciendo ...todos heridos de deseo, entre los pinos, acacias y almendros... Las maletas traían su flota de anhelos, su plan de canciones, sus ramos de sueños, promesas de amor, preludios de besos. Todo nacía con risas felices, con frescas miradas, con puros latidos y esperanzas vagas.
Bagajes revueltos, fardos y anhelos, gritos para abrir sigilos, ruegos para urdir secretos, alas para volar feliz, como palomas en el cielo, dilatarse en los espacios puros, fundirse en el azul sereno, surcar la luz ardiente de las nubes, rozar los árboles tibios del sueño, sangrar de verde y refilón en los ribazos, temblar de amor fragante entre los setos, besar el sol con los cinco sentidos, cruzar en paz la sombra amiga del sendero, y descansar feliz junto al arroyo remansado y fresco.
Hoy la tarde todavía... latirá en nuestras voces, dormirá en nuestro pecho... en los goces compartidos, en los acordes al viento... Hoy todavía: las risas, las palabras, los silencios... Mañana... las nostalgias y los ecos. Cuando más felices somos... se quebrará el hechizo y nos iremos. Se quedarán solos aquí los aires sin los besos, y las sombras, sedientas de los cuerpos. Se quedarán los cuartos sin las risas, y desnudos de los sueños. Las sendas, sin la luz de las miradas; la arboleda, sin el roce de los dedos.
Se dormirán los pájaros soñando... el eco antiguo de los juegos. Se quedarán nuestros anhelos olvidados, latiendo en los rumores del viento... y la vida intacta que hoy sembramos, nunca la descifraremos. Se quedarán nuestros secretos sepultados, en dulce y blando sepelio. Florecerán a solas los amores nunca dichos, que no supimos liberar del miedo, y que sólo en la deshora... regresarán de la sombra y segaremos.
Dejaremos la paz de este valle por los latidos urbanos, estas verdes brisas limpias por los humos ciudadanos, y esta tierna hierba fresca por el duro y seco asfalto... El aire puro y fragante, por el polvo fatigoso de las calles. En vez de canciones habrá ruidos; en vez de rezos, estrépito. En vez de amigos, extraños; en vez de bondad, desprecio. En vez de dulzura, egoísmo; en vez de amistad, turbios deseos. Hallaremos un mundo sin Dios y sin amor, ambicioso y agitado; impaciente en sus afanes ciegos, enredado en sus proyectos vanos. Sediento no de paz ni de verdad, sino de tumulto y de pecado: bogando a toda vela hacia el infierno desolado...”

martes, 16 de agosto de 2016

LA MORAL RACIONAL: ¿QUÉ ES EL BIEN Y EL MAL?

(De Teosis, tomo 2).

Hay que hacer el bien, dicen, pero ¿qué es el bien indudable?, nadie lo sabe. Si el ‘bien’ es algo vago y abstracto... ¿cómo causarlo? Y para poder hacer el bien, primero hay que ver claro qué es. 
El Bien sólo puede ser lo más deseado por todos: la dicha, el placer y el gozo. El Bien es: ''el Placer y sus causas'', es causar o conservar el placer sano y la alegría. El Mal es cuanto impide, aleja o reduce el placer. Pero cuidado: el mal -visto a fondo- es bueno, pues potencia el bien; por eso es vital y forzoso que exista, como parte del Bien, no como enemigo. No hay dos polos ‘Bien y Mal’; sólo existe el Bien (puro y total), y dentro de él y a su servicio, hay un poco de mal.
El "Bien-en-sí" es el Placer sano (si no es sano, es un engaño). Pero el dolor o la pena no son malos mientras cumplan su rol, que es: 
hacerte crecerdarte más experiencia y saber (te mejoran la mente y te agrandan el ser, algo que no se logra sólo con el placer)
Como el dolor es útil y provechoso, es bueno; no es un mal, sino un sano aguijón para hacerte reaccionar y mejorar. (El dolor en sí no es bueno, pero -al ser buenos sus efectos- es malo y bueno a la vez, pues es un mal que favorece al bien.) El dolor no es hostil al placer, sino su criado fiel. 
Causar tú dolor Sí es un mal, pero padecerlo es útil si te hace madurar. Somos barro que debe ser moldeado: sin problemas no hay progreso, sin resistencia no hay belleza.

Hay incontables modos de placer y del Bien, agrupables en 4: 
   -Bien físico (reducir lo adverso o dañino),
   -Bien estético (aumentar lo agradable y bello), 
   -Bien moral (la bondad: el instinto de ayudar y no dañar),
   -Bien mental (añadir saber y conocimiento útil). Hablo del Saber valioso y alto, no de un conocer bajo y vano. Si eres erudito en cocina, deportes, mancias, telebasura, morbo, cotilleo, alta costura o videojuegos, tienes mucho conocimiento necio, muchos datos vanos, pero nada de saber real y elevado.
La Libertad es un bien grande, siempre y cuando no dañe a nadie. Frenar sin motivo la libertad de alguien, es oprimirlo y dañarle. La Libertad es el Poder de actuar: cuantas más cosas te sean posiblesmás libre te sientes. Pero las cosas torpes, vanas o feas, aunque no puedas hacerlas, puedes sentirte muy libre sin ellas. Pues quien se entrega a lo torpe, feo o vano, de libre pasa a ser esclavo.

Los seres son muchos: la Vida es una sola. Aun siendo seres incontables, son -por su esencia- inseparables. Si esto lo veo y lo comprendo, dañarlos sería dañarme, no querré hacerlo ni aunque me lo paguen. Pero -por desdicha- esto ni se ve ni se siente claramente; un grueso cristal de hielo separa las vidas y los cuerpos, y el dolor que no te toca en persona, se minimiza o se ignora. Por eso tanta gente daña, sea por provecho, pereza o ignorancia. 
¿Cómo inclinar la gente a la unión, la concordia y la paz? Ese es un reto básico de la Historia, muy mal resuelto por ahora. Mientras haya en el mundo una simple pistola -no digamos bombas y armas atómicas- el género humano será un fracaso y un asco.

La norma ética general es simple y clara, lo complejo es aplicarla. ‘Trata a los otros como a ti mismo, no los dañes aunque no los ames’, ésta es -en esencia- la ‘Regla de oro’ (la moral mínima), loada por todo credo, sea budista, humanista, hebreo, hindú o ateo. Sólo el árido islam da facilidad a la crueldad y al mal. 
Cristo manda incluso ‘amar a enemigos y extraños, y sacrificarse por ellos’ (que sería la moral máxima). Pero mandar sacrificarse por otros, es vano y malo. Primero: 
porque los actos éticos han de ser libres, no obligados, y la gente corriente -que es sociable y no es mala- sólo ayuda a otros si no es muy fatigoso. (Puedes mostrarles lo bello del altruismo, pero no afearles su egoísmo, que no es culpa suya, sino un rasgo innato evolutivo.) Segundo: 
ante los incontables necesitados ¿a quién ayudar y en qué grado? ¿Cómo mides el dolor, para aliviar más a los más agobiados? Que hay muchos pobres sufrientes... Sí, pero llevan milenios sufriendo y en pobreza, pero procreando con imparable fuerza. Y así cuanto ayudes será escaso y no durable, pues los pobres van a criar siempre más pobres, o asolarán con guerras el fruto de las ayudas ajenas. 
Si no controlas a los pobres y los desarmas, en vez de bien, se causará el mal a mayor escala. El mal lo hacen los pobres igual que los ricos. Al procrear sin calcular, condenan a sus muchos hijos a sufrir en su mundo mísero.
El bien para los humanos, es que los humanos hagan el bien. Si ellos son salvajes ni se sacrifican por nadie, si no se aman ni entre ellos ¿por qué amarles tú primero? La santa palabrita Amor no puede usarse sin error y confusión, pues abarca 5 cosas distintas por lo menos: 
   -Apego (amor a las plantas, al dinero, al lujo, al trabajo, a la música... el apego a las cosas que te gustan),
   -Afecto (amor filial, hacia la familia, amigos o gente apreciada),
   -Apetito (amor-pasión, Eros: deseo de contacto estrecho de las mentes y los cuerpos),
   -Admiración (amor a la patriaa las grandes figuras, a Dios...),
   -Altruismo: el sacrificio o servicio gratis en bien de otros.
Cristo pide no el apego o el mero afecto, sino el sacrificio altruista hacia extraños; pero un sacrificio es natural sólo por seres cercanos y amados. No es sensato ‘amar al enemigo como a los tuyos o a ti mismo’, eso es disparate y ni Dios mismo vemos que lo hace: siendo omnipotente, no alivia el dolor de los sufrientes, los ve sufrir sin conmoverse. El Dios clerical de los credos no ama a los pobres ni un pelo, pues -pudiendo- no mueve un dedo por ellos.

El Dios real ama la libertad, ni juzga ni ordena ni condena; el dios clerical impone férreos mandamientos y exige ciega obediencia. 
Al Dios real nadie lo puede contrariar, pues nada pide ni exige; el clerical es tan chiflado, que está siempre frustrado y contrariado, pues lo que manda no lo cumplen ni los santos. 
El real sólo crea infiernos breves y buenos; el clerical creó un infierno malo, inútil y eterno. 
El real no pide ni que lo adoren, regala todo gratis, no es altivo; el clerical es un vanidoso y prepotente basilisco: mandón, celoso y vengativo. Sólo tiene algo bueno, y es... que no existe, es un engendro chapucero de mentes llenas de miedo.

Una cosa es no-dañar (exigible) y otra amar (que ha de ser libre). Nadie digno y moral va a pedir amor o sacrificio gratis, sólo puede pedir que no le dañen. La moral racional y eficaz es la pasiva: ‘evitar causar el mal’, pues se ejerce de forma fácil y continua; mientras que la ética activa ‘ocuparse de hacer el bien’, es fatigosa, fugaz, ciega y peligrosa, pues puede llevar a no vistos males y a injusticias graves, al ayudar a unos ignorando del todo a otros, o ayudar al malo sin saberlo, en vez de al bueno. 
Sólo ayudando a la mujer se hace el bien; si ayudas a los machos, ayudas a los malos. Pues toda la violencia y la crueldad terrenal, de hoy y siempre, todos los abusos, injusticias, opresiones y horrores, son obras tristes de los locos varones. 
Ellas son siempre las pobres entre los pobres y el último eslabón en la cadena de la opresión. Por eso ellas son las únicas que sufren y que merecen ayudas. Los machos ni lloran ni sufren, la Historia bien lo demuestra: si sufrieran, no harían tantas guerras ni llenarían el mundo de violencia. Sin saber bien qué es el Bien, se hace el mal sin querer.
La ética mejor y suprema es la pasiva, la perezosa y mínima, la lúcida y laica, la que no se cansa ni requiere heroísmos ni proclamas, y es: centrarse en vivir en armonía y paz, sin dañar, destruir ni derrochar. Si todos así lo hicieran, saldría el mayor bien posible en la Tierra (no habría odios, abusos ni hambre... sólo quedarían los males naturales inevitables: el frío, el desamor, la vejez, los azares...). 
En realidad, los pobres del tercer mundo sufren poco, pues son los del trópico: impasibles por sus genes y embotados por el calor, sienten muy poco el dolor, por eso no luchan por lograr un mundo mejor. Su desgracia no es sufrir grandes penas, sino el no sufrir apenas. Conllevan dolencias y miserias sin apenas padecerlas. 

A los pobres ya se les ayuda bastante, y -si no hacen guerras- progresan; lo urgente ahora es que los ricos dejen de ser tan dañinos. Quien vive sin derrochar ni dañar, le está ayudando a todo ser por igual. La ayuda real es: No Dañar, ni a los seres ni al medio. Y -lejos de eso- los adictos al consumismo obran como ciegos y ebrios ogros destructivos. Para que mejoren los pobres, deben cambiar también los ricos, dejando de arrasar con sus caprichos. Pero ¿quién les quita sus filetes, su petróleo, sus drogas legales e ilegales, sus desperdicios, a las masas de consumistas, de adultos-niños sordos, soberbios y engreídos? Su ciego egoísmo es más dañino que los ciclones y los seísmos. Su ceguera pasiva es más cruel que la maldad activa. 

El logro cumbre de la historia moral, será el paso global a la dieta vegetal. Pues quien come carne asienta sobre sangre su odiosa existencia: perpetra en silencio una guerra siniestra y sangrienta; tortura y devora atrozmente a millones de seres inocentes, daña al planeta, siembra la muerte y la violencia, y genera hambres y carencias
Los come-carne convierten sus duras entrañas en viles cementerios de alimañas, y de sus cuerpos puros hacen sepulcros inmundos. En vez de imitar al ángel, obran como monstruos repugnantes, con una insaciable sed de sangre.  
Quien come carne se vuelve un criminal, pues mata a gente y a fauna sin necesidad. Con ello se degrada, se hace odioso y se atrae todo género de mal. La revolución más crucial... será el día en que se cierre la última carnicería, cuando ningún pagado matarife degüelle, ensangriente ni asesine, y la Humanidad deje para siempre atrás el salvajismo y la brutalidad. 
Predicar el pacifismo sin más, es ingenuidad, porque la paz duradera sólo puede ser fruto de dos cosas previas:
   -el veganismo (respeto sagrado a todo lo vivo, empezando por los millones de seres sacrificados por un capricho culinario), 
   -y el feminismo (ellas son el modelo moral a imitar, víctima inocente de toda la violencia terrenal). Cuando ambas cosas sean lo normal, la paz será el fruto natural.

El amor no es sólo bueno, es también nefasto mal usado: el amor al vino y al jamón (cancerígenos los dos), al lujo y al poder, a mandar y robar, al dinero y los vicios... crea males horríficos. Los mafiosos aman mucho a su familia y sus secuaces, todos unidos en leal hermandad para hacer el mal; los nazis se sacrificaban unos por otros, y eran demonios. 
El amor puede ayudar igual al bien y al mal. Por eso, predicar sin más el amor no lleva dirección, se queda en un vano sermón; y es además ineficaz, pues alabar el Amor no hace a nadie amar, igual que alabar la Salud no cura la enfermedad.

Aunque el mal -como dije- no es sino parte del Bien, lo que se llama Bien y Mal se dan sólo en grados, y mezclados. Todo suceso desata múltiples efectos, malos y buenos; si predominan los buenos, dicen que el evento es bueno; si los malos, que es aciago. Pero en todo bien hay algún mal y en todo mal algún bien (lógico, pues el mal le sirve al bien).
Hasta del nazismo -el mayor satanismo conocido- salió algo bueno: por ejemplo, que produjo un horror decisivo hacia la guerra y el racismo; o que consagró a la democracia libre como el régimen preferible, aun con sus fallos; también mostró que el mundo libre y sano aplastó al loco y totalitario, y que la Razón es más astuta y viable que la locura. Hasta del mayor huracán de maldad, salieron beneficios para la humanidad.

Por tanto, si el Bien es el Placer, la Ciencia útil es el mayor bien, pues le añade al hombre saber, libertad y poder, le quita trabas, dolencias y escasez... y le abre ancho campo a placeres más sanos y variados. Por contra, toda Religión reduce en el fiel la libertad, el libre saber y mucho sano placer. Hoy son pues malas (aunque antaño necesarias, como única terapia contra las desgracias). Habría que cambiarlas a fondo, sin borrarlas del todo, pues tienen cierto potencial provechoso.
Casi todos creen que hay algo -un poder o un dios- que sostiene al mundo o lo creó. El ateo niega al dios y a la religión clerical, pero no puede negar al Dios real, que es en sí la Realidad. No puede negar que él mismo y el mundo son una unidad, partes de un Todo, el cual es Dios. 
Pero ni los ateos, los escépticos ni los creyentes flojos, gozan de Dios; no viven lo que sea Dios, ni notan su Ser contigo y continuo (que está en todo sitio, hasta en ti mismo); sólo los más devotos -cuando rezan al menos- logran eso a su modo. 
Hay formas mil de devoción, pero en todas el fiel siente vivo a su Dios. La deidad se puede llamar Brahma, Buda, Yavé, Cristo, María, San Tal-Cual o Alá. Pero el fiel alcanza al rezar una vivencia emocional: de temor y anhelo, o de gozo y paz, según su necesidad. Un hindú le ora a una vaca (Visnú) o a un elefante (Ganesa), y eso es tan válido y él lo siente tan igual, como el que ve a Dios cual pura Luz celestial.
Dios es el Bien, es Summun Bonum, Placer absoluto, pleno Gozo; sentirlo contigo es ser parte del Bien mismo (hasta donde uno alcance, que es poco). Dentro de nuestro limitado entender, hallar a Dios es querer ser parte del Bien, amar y anhelar el Bien, vivir en santidad y en pureza moral. 
Esto -siendo aún vago- implica ya un gran cambio: no dañar a seres vivos ni matarlos (para devorarlos), no aprobar la violencia, ni derrochar ni dañar al planeta. Vivir el Bien y odiar el Mal. (El Mal es lo único que es bueno odiar.)
Todo plan o cosa ansiada puede fallar, desviarse, fracasar, todo deseo decepcionar; puedes cometer y padecer el error y el azar... Pero algo infalible y realizable hay en todo instante, y es: desear y amar el Bien, querer ser parte de Él, siempre actuar con santidad y pureza moral, rechazando el mal (padecerlo cuando toque, pero no hacerlo).

Quien así se abre a Dios y a lo santo, y empieza así a sentir, se va angelizando paso a paso. El vivir en santidad es para toda la eternidad, te puedes estar uniendo a Dios más y más; pero aquí y en la carne te toca empezar. Muchos sólo en la trasvida se empezarán a purificar; pero el resto se vuelven algo más morales y sensatos con la edad... Tolstói, Yourofsky, Harari, los místicos, Gandhi... dieron pasos éticos admirables, pero todo el que quiera puede darlos, cortos o largos. Cuanto más te perfecciones, más belleza alcanzarás... y más ventura, dicha, libertad y paz.