El cerebro -como un filtro- aleja la memoria que no se usa, pero ella perdura. Si el cerebro se atrofia o lesiona, deja de crear nuevas memorias, pero la antigua permanece aunque no se recuerde (tras morir la recobramos intacta: aunque se haya tenido demencia, es como el dormido que despierta).
El mundo externo se hace presente cuando toca tu mente: lo exterior sólo lo ves en tu interior, pues son sique los dos. Todo cuanto ves y vives es síquico, sea dentro o fuera de ti mismo. Lo que vemos soñando es mental, pero también lo que vemos despiertos: las formas cambian pero todo es sueño. El vivir es similar al soñar; por eso, al recordar el pasado, nos parece haberlo soñado.
Fianna me presentó a Goyo y a otros, y me explicó que las almas son bellos cuerpos pero borrosos de lejos, y para hablarles hay que tocarles; y que no buscase a difuntos parientes, pues sólo iba a ver almas recientes (las de más edad nos son invisibles). Los que tras el túnel -que lleva a la nueva luz- creen ver a parientes o a Cristo, no saben que están soñando, semidormidos.
Pero incluso si tu abuelo, digamos, te viera y se te muestra, tú lo ignorarás, pues tendrá el aspecto de un chaval. Imagínate a tu abuela hecha una mozuela, ¿cómo vas a reconocerla? Y a su lado podría estar tu bisabuela, las dos igual de frescas: los lazos de sangre sobran entre las almas, todas jóvenes y guapas. Aquí no hay pariente carnal, pues somos todos familia y hermandad. Hasta los críos, al madurar, ni sus madres los reconocen ya. Somos hijos del Cosmos, no de una cama y un coito.
Mientra aclaraba mis ideas, veo venir de la ducha una mocita esbelta, ceñida por una toalla (y por bastantes almas). Un halo embellecía su carita (pues vemos en cada cara la luz del alma que la habita). Pelirroja, pecosa y lechosa, se sienta en un rincón y abrió la toalla al sol, mostrando la tersura del vientre y la dulzura de los senos pubescentes. Los pezones llameaban sobre la piel clara, y el pubis era tan rojo que quemaba. Se peinaba y a la vez golosa se palpaba. Mimándose despacio, ya frotaba sus senos, ya rozaba fogosa la rosa del sexo...
Se tendió y estiró, avivando el juego: el mecer de las piernas, el vibrar de los dedos, el entornar los ojos, el respirar sediento, el remojarse los labios, el rebose del gozo en el rostro y el cuerpo... Mágico y sagrado es el sexo, como el fuego o el sueño. Pero la chica allí desnuda me vestía a mí de dudas; pues ahora que podía ver en vivo y sin velos los juegos secretos, ¿de qué me servía? Noté cómo miraban las almas a la chica, como codiciando un pastel que no se podían comer. ¿Nos esperaba la fría castidad, el vano anhelo de amar?... Pronto supe que no; pero al que muere ya anciano, con el fuego de Venus apagado, le lleva su tiempo reavivarlo.
Comenta Coré: “El sexo es el juego más bello... pero también el más breve y ciego: un acto febril que se agota en un frenesí, una fogosa y breve rosa que apenas florece, se deshoja. Fugaz rastro de un frágil milagro. Gozada la fiesta, regresa la lenta espera (llenable con delicias más serenas). Nada hechiza cual la belleza femenina, pero todo placer alegra la vida.
“Hay tres goces supremos: Logos (el alto placer de leer, meditar y saber), Eros (amor, deseo, sexo) y Melos (música). Le siguen: Cromo (la visión deleitosa de colores y formas) y Soma (lo corporal: comer, dormir, bailar, pasear...). Leer mientras canta una mujer, es logos-eros-melos a la vez. El pensamiento es el gozo -no más intenso- pero sí el más completo, pues con la mente puedes pintar, viajar, cantar, soñar y amar: puedes crear.
“La mente tiene tres caras: la amorosa, la estética y la lógica. En el humano medio, cada cara da un placer poco interconexo. Pero en los ángeles -con su esplendor vital- todo placer es triple, porque las tres caras confluyen plenas, de modo que al ver, oír, leer o pensar, mezclan ideas, acordes, amor y visiones: sus gozos son corales, multicolor y polifónicos. Plúrimas ideas, honda belleza, altos afectos: placer a cielo abierto. (Su mente es bella música fluyente, yendo de normal sus ideas al tempo de Andante cantábile assai maestoso, y buscando a ratos la chispa de un Allegro fervoroso, o el reposo de un Adagio dolce e mosso.)
“No hay humano sin defectos, pero los ángeles son todos sabios y bellos. Con todo -claro- su dicha no es continua, pues se embotarían. El placer vivido lo aleja el tiempo; pero si se repite, ya es placer nuevo. De ahí que los goces pasan y vuelven, eternamente. No basta lograr el placer: hay que regozarlo cada vez. La función de todo ser es absorber placer (para así mejorarse y crecer), pero el placer humano debe ser sano, y nacer de la Belleza y el Bien, no de las drogas o la estupidez. Hay que buscar el placer con sabiduría, y la sabiduría con placer.
“La esencia del mundo es el Placer (Dios en sí es Poder, Plenitud y Placer). ¿Por qué los seres del Cosmos -tan distintos todos- desean por igual la dicha y el gozo? Pues porque son parte de Dios, del Placer Creador. El placer es la clave del Universo: al llegar el placer, queda resuelto todo misterio, pues te importan ya un bledo (los seres están hechos para gozar del Universo, no para entenderlo).
“Las preguntas son sólo ruegos de ayuda -gritos de angustia- y el placer cura la angustia y anula las preguntas. Goza, y el Mal se borra. Disfrutar es olvidar el Mal. El Placer es la Luz, la Verdad y la Vida, la sanación de todas las heridas, la solución de todos los misterios, y lo que hace justo y bueno al Universo. El porqué del existir y del ser, no es más que disfrutar del Placer, que -siendo breve palabrita- firma en formas infinitas: hasta la queja y la pena son a veces placenteras.
“Dios es Deseo y Placer, y tú lo has de imitar, pues quien se niega a desear y a gozar -sea asceta o budista- es ateo y nihilista (sólo hay que evitar el placer insano o inmoral, el que te daña a ti o a los demás). Servir a Dios es amar el placer sano -gozarlo y fomentarlo- y detestar el dolor: ni aprobarlo ni causarlo. Lo que no es Placer, es pecado. Lo que no es Venus, es vano.
“La Belleza selecta -de inútil función práctica- prueba la atanasia, pues sacia a pocos humanos pero a todas la almas: de la belleza minoritaria, se deleitan todas las almas. Basta que haya una élite culta y nos brinde sus libros y su música. No importa la indocta idiocia de las masas, pues luego como almas se harán sabias, al aprender de libros y de otras almas.
“Culto es quien ama el saber, la belleza y el arte, el capaz de filosofar a lo grande. Es lector pasional, y adicto a lo bello en su plenaria variedad: verbal, musical y visual. Y si además busca la paz y la armonía fraternal, entonces es un Biófilo, pues ama a la vez el saber, la belleza y el bien. El biófilo no daña la vida, y esto implica:
1 No tomar carne, drogas ni alkol (peces como mal menor). Quien come carne... mancha su vida vil de sangre, y asesina a niños, al fomentar el hambre. Además es caníbal: ceba sus duras entrañas con sangre humana, pues la carne animal es igual que la humana, y tragarla es salvajada. Sólo si no hay vegetales, pueden comerse animales: matarlos por capricho es infame. La comida -por dar la vida- debe ser no sólo sana sino santa. Un ser que mata y devora a otros es un monstruo; quien come vegetales -en cambio- es un ángel.
2 Odiar toda violencia, aun la aceptada: los deportes, los toros, el cine cruento, el rock infernal y cualquier cosa brutal. Los deportes machistas son luchas fascistas, siembras de violencia que embrujan a masas tigrescas, marciales y horrendas. El fútbol sobre todo, es un loco negocio odioso donde unos pocos monstruos explotan a infinitos bobos. Nefasto signo de atraso del nefasto macho humano, alocado y sádico.
3 Honrar al Dios Creador, amando el puro Bien, sin ritos ni religión. Las religiones son cebos dorados, santos amaños para explotar y aborregar al rebaño (el dios de los clérigos es un títere ciego). El mejor culto a Dios son los libros, la ciencia y la paz: las religiones son el sepulcro de la mente y la tumba de la paz. No Religión, sino unión con tu Creador. Dios no tiene religión: quien ama a Dios, tampoco. Como Dios es libre, quiere al hombre libre, no esclavo de credos tiranos (con los Libros Sagrados se montan pingües y tristes tinglados).
“Un biófilo -en suma- rechaza cuanto degrada la vida, sea la droga, la violencia, el matar animales mansos o la fe borreguil que crea esclavos. El biófilo sano digiere incluso el pecado: odio, envidia, soberbia y codicia. (La gula, pereza y lujuria son simples excesos sin malicia.) Sentir malos impulsos es normal: son actos defensivos, pero hay que saber enfocarlos al bien:
“El Odio: hay cosas dignas de santa ira: la guerra, la usura, el machismo, la violencia, el clero, el chovinismo, la prepotencia... todo eso es odiable sin pena. La Envidia: si te irrita el bien ajeno, reconoces la ventura del envidiado, y eso ya es algo sano. La Soberbia: si te crees superior, autoestima no te falta; basta con bajar el autobombo a sano amor propio, para ver como iguales a los otros. La Codicia: en vez de codiciar lo torpe y material, gira tu avidez al saber o la paz, la salud o la bondad: al afán de conocer -no al ansia de poder- y al hambre de bien, no a la sed de poseer. Así harás buen uso de los malos impulsos.”
Una furtiva pareja vino y se tendió en la hierba, cantados por el río y claros por las estrellas. Eran Adán y su novia, que empezaron a sobarse entre besos, oficiando a media ropa el rito secreto, con pasión pero con prisa, pues el sexo allí era un riesgo y el tiempo urgía. Nos dice Goyo:
“Con este galán va a estar el retiro animado, las ingles de las inglesas ya lo están notando. Hace un rato oí a Tito decirle a su mujer: Adán el hijo de Carlos es ya un mozo guapo; pero el diablo lo acosa con vanidades para enfriarlo. Según su padre, ya no asiste al culto y quiere dejar los estudios y ser modelo publicitario: un mundo fabuloso de idilios cenagosos y turbios lazos. Hay que orar por él, pues más se alegra el Señor por una oveja que regresa, que por 99 buenas (Mt 18,13).”
Adán y la chica -saciados de dulce y blando pecado- volvieron con cautela a sus cuartos. Seguí a la chica. Como las otras ya dormían, se desvistió ante la puerta, sacudió la ropa, entró descalza en tanga y se acostó. Y con ella yo.
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