jueves, 5 de diciembre de 2013

ES CRIMINAL NEGAR LA INMORTALIDAD. Teosis 4

No puede haber prueba científica de la trasvida. Incluso si lograras hablar claramente con almas, eso nunca sería una evidencia total (podrían ser ecos de la sub-mente, alucinación, seres de otra dimensión, multiversos, aliens...). Nunca habría pruebas definitivas. 
   Y sobre todo: lo que a otros -tras morir- les ocurra, no tiene valor de prueba segura. Sólo al tú morir puedes salir de toda duda. Puedes creer, pero nunca saber. Y además: la atanasia ni se puede ¡ni se debe demostrar! (en nuestra penosa e infeliz sociedad, es peligroso probar la verdad).
   Pero tampoco cabe demostrar que el alma no subsiste, pues ni siquiera se sabe cómo el cerebro crea la mente ni cuál es la base final del universo ni de la realidad. Es imposible saber qué es el mundo, siendo como somos seres minúsculos. La ignorancia de la Ciencia es tan vasta como el Cosmos. 
   Puesto que la atanasia No Es imposible, se está moralmente obligado a aceptarla. Quien niega que vaya a sobrevivir, sin darse cuenta está asesinando a toda la humanidad. Quien se niega para él la esperanza, se la niega a toda la especie humana.
   Negar la inmortalidad devasta la moral, pues reduce al hombre a nivel de robot o cosa, a mera máquina ingeniosa. Los que niegan la trasvida, creen en ella sin darse cuenta. Pues tratan a los seres como reales y valiosos, no como meros espejismos sin sustancia salidos de la Nada. La conducta ética evidencia la fe -consciente o no- en la trasvida y la trascendencia. Si son morales, creen en ella por mucho que lo nieguen.
   Hasta el ateo de Sils-Mária se tuvo que agarrar al Eterno Retorno para escapar -aunque por vía falsa- a la oscura Muerte y a la Nada, que amenazan tragarse la vida y la hacen vana. Pero la correcta solución ya la dio Platón en el Fedón. Un universo cíclico puede ser válido, con un reparo: que el número de combinaciones en cada ciclo es tan abismal, que -en realidad- nunca se va a alcanzar, con lo que el ciclo no se cerrará, ni la verdad se comprobará.
   Solo hay dos opciones: el Sí racional (basado en la intuición, en indicios abundantes y en la sólida carga lógica), o el Sí moral (no puedo saber si hay trasvida, pero moralmente no puedo negársela a los seres). Negar la atanasia es una opción insensata, una venganza de malvados o amargados que buscan aniquilar a todo ser humano.
   Como la Ciencia imperfecta ni afirma ni niega, se debe optar por lo más moral, que es desear la eternidad a todos por igual.
   La lluvia cae, las plantas crecen, la gente come, se reproduce y muere... ¿Es ese todo nuestro destino y nuestra suerte?

Elio Coreli - (El fin del mal.) Teosis 4

(Sábado.) Las almas no despiertan renegando, como la gente que madruga y sale pitando para el trabajo. No. Las almas con el sol se abren al amor -y al beso de la luz- como una flor. Ya las almas deshojaban el tierno rubor del alba, el cielo florecía y las aves piaban. Pero la gente apenas lo notaban: con cara de sueño iban de sus cuartos al aseo, y de allí al comedor directos. Desayuno a las 9. Es curioso que las chicas son más lindas estando adormiladas: hablan con una dulce pereza, sonríen con más gracia, son más tiernas y blandas, voluptuosas, con un brillo soñador en la mirada. Fianna -que fue maestra- comenta:

¡Qué chicas tan majas con sus caritas rosadas! Su vida es más fábula que drama. En las encuestas, sólo el 20 % dice que no es feliz, que pasan baches como: depresión, mala salud, carencias, desamor... Lo habitual es el bienestar, sin ser precisa la dicha total. La beatitud continua aburriría: vivir sin retos ni pruebas daría un pobre vivir sin fuerza. Sólo creces con reveses que te despierten, y te muestren mejor los bienes. Tras el dolor, el Bien y el Placer se ven mejor. Por ejemplo: apresan por error a un tristón; cuando lo sueltan, flota en gozo, siente todo más hondo.

Cuando en los óvulos se unen materia y mente, empieza la mente a crecer, y con ella el placer: esto da los millones de especies donde el placer late y florece. El placer animal es mayor que el vegetal. Pero más alto es el placer humano, abierto a las brisas frescas de las artes, ciencias y letras, amén del goce sensual. Con el hombre aflora en la Tierra lo mejor: el temblor de la belleza y del amor.

El mundo es una fruta sabrosa que los seres degustan en sus bocas, siendo el hombre quien más placer logra. Su lujuria es tanta, que sólo estima placer las vivencias más gratas y no las rutinarias. Pero el simple existir es ya una hazaña, algo que de niño te pareció una fábula. Cada instante es misterio y es milagro: cuanto eres y te envuelve... es incesante regalo, del Universo que te ama y te ha creado.

La dicha se da sólo en grados: en goces cambiantes y mezclados. El placer variable, es lo real, no la vaga inmutable felicidad. El placer te invade plural e inagotable: la eterna juventud de sentir y amar, de ver y oír, pensar y anhelar, recordar y planear, sin cese ni final... Hay armonía divina y hay portento en el más leve sentimiento. El placer ondea en la luz y el viento, baña la tierra y el cielo, late en canciones y juegos, en amores y besos...”

Coré terció: “Cuando se unen mente y materia... un gran milagro empieza. La Realidad siempre será un misterio: una viva fuerza creadora de la cual somos simples gotas. Como Vida, puedes sentir qué es, mas no busques causa ni porqué, no lo tiene. Pero abarca lo físico (materia-energía) y lo síquico (lo subfísico: mente-alma). Lo físico y lo síquico son grados de lo mismo. El Cosmos genera siquismo porque él mismo está vivo. La fina y ágil sique es más activa que lo físico -denso y lento-, por eso logra entrar en la materia y formar organismos vivos: sicofísicos.

La dark matter -el 96 % del Cosmos- es sique en muchos grados, algunos rozan lo material. Parte de ella se liga a la materia en condiciones aptas, que se dan muchas veces en todo sistema solar. En la Tierra, esa unión ocurrió hace 4.000 millones de años, en la célula inicial de la evolución. (Hace 3.000 nace la fotosíntesis, hace 2.000 los pluricelulados blandos, hace 1.000 los eucariotas y el sexo.) Y cuando el Sol anciano haga a la Tierra estéril, ya habrá vida floreciente en otro planeta o satélite.

Antes de nacer, eras mera vitalidad dormida y fija: al nacer te haces vida personal activa. Si la luz de un cuarto se aprieta en un punto, es fuego. Así hace el cuerpo: encapsula la sique y la concentra, y la pasa de simple a compleja. También la planta o animal son almas, pero más livianas. En carne o en plantas, la vida se hace alma. Antes de ser óvulo fecundado -que te empieza a dar un Yo personal- eras parte del Yo único impersonal. Tras el deceso, el alma queda libre, con la forma del cuerpo.

La mente humana es activa y creativa, por eso crece y cambia sin pausa; pero las plantas y animales, al faltarles memoria personal, tras morir se funden en un solo ser: el bioplasma, con vida y sentir pero sin vista ni discurrir. Este plasma lo chupan las almas y los seres que duermen: la mente se nutre durmiendo, para seguir activa y creciendo. Así las plantas y animales, al tú absorberlos, los vuelves vida pensante, los haces ángel. Fuera del planeta chupas luz solar sin más.

Aunque el alma sea subfísica, es divisible en chispas, sutilísimas e intocables por los físicos (si ya los marea el neutrino ¿cómo van a captar algo aun más fino?). Esas chispas sueltas, cuando se unen forman milagros cual nosotros: todas las almas y ángeles del Cosmos, con su eterna vida de gozo. No somos ni siquiera luz, sino algo más fino aun. Sólo siendo seres subfísicos, ultrafinos, esquivamos todo daño o peligro. También la materia es vida; de no serlo, la ignorarías, pues sólo puedes captar por fuera lo que tenga tu propia esencia: por eso todo el universo es -de hecho- tu cuerpo, y vibra con tu misma vida.

Mente y Materia se complementan: la mente es el actor, la materia el teatro (sin mente no hay acción, sin materia no hay escenario). Por eso quien muere no va a ‘otro mundo’: sigue aquí con su vida, pero inicia una fase distinta. La Tierra es común morada de hombres y almas: éstas moran en planetas, no en ningún Limbo idílico (si lo hubiera, sobraría el plano físico). Las almas ellas solas no pueden ni procrear: sólo por la carne se pueden formar. Sólo con la carne y sus penas, se crean seres y belleza. Mente y Materia por siempre jugarán, aunque sus juegos no dejen de variar.” * * *

Tras desayunar y fregar los trastos, tocaba la primera charla, a cargo de Tito. Éste, de rostro orondo y lirondo, con bigote y perilla, tomaba el sol con su mujer Éthel junto a la fuente, en beata calma luterana y sin sospecha de trastadas. Porque llegó una chica y le dice: ‘Tito, perdona, pero hay que hacer algo. ¿Sabes qué nos encontramos al hacer el desayuno? Que anoche entraron y se zamparon varias tortas sin pedir permiso. Y eso no es lo peor: olimos unos vasos usados y tenían restos de licor, que no hemos traído nosotros, como es lógico. Fíjate qué palo. Debes hablar con los culpables y espabilarlos. ¡Qué escándalo en un retiro cristiano! ¡Y ni siquiera se molestaron en fregar los vasos!’

Tito: ‘Tranquila Débora, cosas así pasan con los nuevos, que no saben las reglas. Busca a los que fueron y hacia la una los traes a mi cuarto.’ Se fue la chica y Tito sonrió a Éthel con amor (ella era inglesa treintañera, él andaluz cuarentón). Era un buen tipo este Tito, pues vivía de profesor, no cobraba por ser pastor, ni era ningún cura gorrón. Por eso nos gustaba aquella gente: porque su fe era libre y limpia, sin curas ni jerarquía, atrayendo a las almas con su gracia y lozanía.
Pero en esto llega un chico: ‘Tito, disculpa, pero anoche nos sentamos al fresco unos cuantos, y uno encendió un pitillo. Me dice: ‘lo necesito para dormir.’ Pero veo que se lo pasan de uno a otro: era un canuto. Me callé, por no armar escándalo. Pero hay que pararlos, porque hasta dos de nuestra iglesia le dieron chupadas al petardo. Si no se remedia, en vez de edificar a los mundanos, vamos a salir nosotros infectados.’
Tito: ‘Tranquilo, Pedro, que el que comenzó la buena obra, la llevará a buen puerto (Fil 1,6). Trae a los del canuto sobre la una a mi cuarto.’ Se fue el chico, pero Tito quedó ya tocado y le dice a Éthel: ‘Hay que convocar reunión de oración para las 5. El enemigo nos ha cogido descuidados y está haciendo de las suyas; hay que expulsarlo de aquí en nombre de Cristo...’
De nuevo llegó Débora: ‘Ay Tito, parece que los males nunca vienen solos. Es conveniente que hables y amonestes también a otro, que me está atacando los nervios. Es Liberio, este gracioso de Sevilla, que no para de dar el cante. Si todos fuéramos creyentes, no me importaría; pero hay inconversos a los que da mal ejemplo. Estábamos fregando el desayuno, llega uno atrasado y le dice: ¡Hombre!, los últimos serán los primeros (Mt 20,10), así que friega tú todo esto. Un chiste de mal gusto. Luego nos ofrece chicles diciendo: Venga, que no sólo de pan vive el hombre (Mt 4,4). Pero donde ya me dolió, es que había uno raspando una mancha en un fogón y le dice: Eso no sale raspando ni con estropajo, eso sólo sale con la oración y el ayuno (Mt 17,21). Qué suplicio. Por favor, ¡habla con él y que deje ya de blasfemar!’
No había acabado la chica de irse cuando llega de nuevo Pedro: ‘Ay Tito, lamento ser pesado, pero acabo de saber algo grave: que a Adán lo vieron anoche en plena faena con su novia tras unos árboles. ¿Te imaginas el ejemplo para los demás? Más que un retiro cristiano, esto va a ser un cursillo de pecado. Por favor, ¡dile a Adán que se reprima aunque sólo sean tres días!’ Tito: ‘Tranquilo, Pedro, Adán es un buen chico, dile que se pase a la una y media por mi cuarto y asunto arreglado.’ Pedro se fue, pero Tito ya vio claro que ‘en verdad, las aflicciones del justo son un raudal’ (Sal 34,20).
Una chica nueva se acercó con cara seria. Y salta Tito: ‘¡No me digas nada! ¿A quién han violado? ¿Qué nueva insolencia o qué desmán hay que aguantar?’ La chica balbució: ‘¿Eh? No. Si sólo vengo a avisarte que ya te esperamos para la charla...’ Tito: ‘¡Gloria al Altísimo! Menos mal... Vamos pues, antes de que alguno venga diciendo que se ha hundido un techo, que es lo único que falta por pasar.’
Llegaron al suave salón, ebrio del fulgor del sol. Tito se sentó al frente, Biblia en mano, y dijo: ‘Dalia, por favor, ¿quieres poner esta reunión a los pies del Señor?’ Dalia se levantó y -con alzados ojos y tierna voz- le agradeció sus infinitos regalos al Señor, las bondades eternas de su amor, y pidió para la charla unción y bendición. Tras ello, Bianka de Marbella nombró la canción a cantar y empezó en la guitarra el compás. Los demás buscaron la letra en un papel y... la sala se llenó del calor de un cántico alado y seductor. Al cual le siguieron varios otros, llenos de sosiego, que palpitaron en el aire dorado como palomas en el cielo.
Eran coplas selectas y trilladas de las iglesias reformadas, casi todos se las sabían. El canto tierno, suave y fresco, las limpias voces cristalinas, el puro y sincero acento -cantando sólo a Dios-, el blando suspirar de las guitarras..., todo creaba un lento encanto de sueño y magia, un cálido hechizo alado que apaciguaba el alma. Se cumplía allí lo que cantara Fray Luis: El aire se serena / y viste de hermosura y luz no usada, / doncellas, cuando suena / la música templada / por vuestra dulce lengua sosegada. (O algo parecido.)
La charla anunciada era ‘El nuevo nacimiento’, pero por lo visto, Tito decidió echarle el trapo a un toro nuevo: “La muerte vendrá sin avisar -exclamó serio- y nadie podrá escapar. Ni el joven ni el sano ni el guapo están a salvo. Todos han de rendir completa cuenta de sus actos. En aquel día tremendo, Cristo nos mirará: ¿hemos ansiado su salvación, o le hemos dicho No? Porque nos lo avisó: El que me niegue ante los hombres, yo lo negaré ante el Padre: Mt 10,33.
¿No es para asustarse?... Por esto se teme a la muerte, se le piden años a la medicina y se amasan fortunas para siete vidas. ¿Es que esperan sobornar a Dios, y decir: Hemos hecho un pacto con la muerte, una alianza con el Sheól: cuando pase su azote, no nos tocará (Isaías 28,15)?
Ni el dinero ni la ciencia nos va a salvar: la única vacuna conocida contra la muerte es... Dios. Cerca de aquí hay unas magnas tumbas megalíticas, donde ponían a nobles y reyes, con sus collares y enseres. ¿Para qué? Para que los usaran al revivir. Los egipcios por su lado, metían en vastas pirámides a sus reyes disecados -esperando nueva vida- junto a tesoros magnos. ¡Cuánto sudor en vano! Porque el único capaz de dar vida a los muertos... ¡es Jesucristo! Él es el único puente seguro hacia el otro mundo.
Quizá alguno diga: ‘Bueno, ¿qué podía ningún faraón saber, si Jesús asomó después? Buscaban ser inmortales a su modo.’ Sí. Pero sólo hay un modo: el dispuesto por Dios. Y si Jesús faltaba, sí que tenían a Dios, y bien cerquita. Veamos Génesis 47, del 7 al 10. (Lo leyó.) El faraón miró a Jacob y ¿qué le preguntó? ‘¿Cuántos años tienes?’ Esto es -pasmosamente- todo cuanto el faraón quiso saber de Jacob.
Le pudo preguntar por Abraham, por Isaac, por los milagros de Jehová; pudo recibir de Jacob la luz y la salvación. La riqueza de Egipto se la debían al Dios de Israel, quien les mandó a un sabio varón como José. Pero el faraón, para la voz de Dios era sordo, para la luz de Dios era ciego: de Dios veía menos que la momia de su abuelo. Sólo miraba a la carne. Vio en Jacob a un anciano fuerte y pensó: cómo habrá éste llegado a vivir tanto, para yo imitarlo.
Pero Jacob le contesta: ‘130 son los años de mi peregrinaje, pocos y malos años; no veré la edad de mis padres.’ Jacob le decía claramente: olvídate de los años carnales y piensa en la otra vida perdurable. Pero el faraón, que para salvar su ajada carne alzaba pirámides, para salvar su alma fue incapaz de alzar a Dios la vista y el corazón. Ay amigos, no seamos como el ciego faraón, o como el vano Pilato que -teniendo a la Verdad delante- miró para otro lado. No vivamos a oscuras y en huida de quien es la Luz y la Vida...”
Así daba Tito la santa lata con su larga perorata, aunque con voz afable y grata; pues Tito -aunque devoto- no era el típico chiflado, ni uno de esos pelmazos que -chillando como posesos- más que pastores, parecen cabreros. Por supuesto, yo no miraba a Tito: saboreaba el rostro serio y atento de las chicas.
Para orillar las charlas previstas, decidí admirar -en cada una- las caras más lindas. Como no es otro el oficio del alma sino captar la belleza y admirarla, recordé que hay 4 tipos de cuerpos y de caras. Por el Cuerpo, la mujer puede ser: 1 flaca (delgada sin curvas), 2 gruesa (exceso de grasa o de anchura), 3 esbelta (delgada con curvas), 4 opulenta (rolliza pero bien hecha). Gruesas y flacas pueden atraer con buenas caras.
Por la Cara, la mujer puede ser: 1 sosa (poco mona), 2 normalita (mona sencilla), 3 vistosa (mona con chispa), 4 selecta (mona divina). Si muy guapas las hay pocas, gracia y aroma circundan a todas (y a todas les endulza la cara la sagrada luz del alma). El don de procrear da a la mujer gracia especial. Las almas son preciosas, sí, pero fascinan menos, al ser sólo imagen: impacta más la belleza hecha carne, adornando cuerpos capaces de ser madres; la certeza de vida nueva añade promesa a su belleza.
Empecé pues por Karen, una esbelta pelirroja irlandesa con ojos glaciales y boca de fresa, tierna y seria, dulce y fresca. Las caras las admiro según un orden fijo: la suave barbilla grácil, los dulces labios frutales, la naricita graciosa, los ojos: espejos del alma misteriosos, las cejas: leves trazos de canela, la frente pura y tersa, el pelo sedoso y lujoso, las lindas orejitas, y las mejillas blanditas: lisas y limpias delicias. En fin, la incesante maravilla: tantas caritas lindas, y todas distintas. ¿Es que hay formas infinitas de ser bonita? Como esta Karen, con su gracia fresca de leyenda celta. Mirando sus ojos gris-perla, trataba de leer sus ideas (detrás escuchaba a Tito como el que oye llover, y lo iba siguiendo a medias).
Cuando a las 11 y pico acabó, todos salieron y al rato se sentaron a la sombra o al sol. Formando varios grupos, leían por turno un episodio bíblico, luego la tutora hacía preguntas, que eran de parvulario, pero todos las meditaban largo rato. ‘¿Por qué dijo Jesús esto o lo otro? ¿A qué se estaba refiriendo?’ Todos callaban, hasta que alguno daba al fin la obvia respuesta. Uno no sabía si pensaban en la Biblia, en las ingles de los chicos o en el escote de las chicas. Con todo, ninguno se aburría: gozaban del ciego esplendor del día, del verde frescor del campo, de la hermosa compañía y los trinos de los pájaros... A las 12 pasadas dieron tiempo libre. Coré y yo fuimos en busca de Tito, con Goyo -un andaluz chistoso- que nos decía:
Estos pastores tienen tela marinera; con muy santas ideas sólo predican cuentos de niñeras. La verdad es que la Biblia es Palabra vieja del Hombre -no de Dios-, ni infalible ni eterna. Y Jesús no fue más que un chiflado metido a profeta, que acabó con el rabo entre las piernas. Los dogmas los precisa la mentira, no la verdad. Quien sigue dogmas en vez de la razón, sigue al hombre y desprecia a Dios. ¿Acaso ha bajado un ángel a decir que la Biblia es Palabra divina? No. Lo dicen siempre humanos, y la gente se lo traga como enanos.”

Pero Coré matizó: “No hay que mirar niñerías, sino a la esencia: cómo adoran a su Creador toda esta buena peña. Lo divino nos invita y nos rodea, pero pocas veces le abres la puerta. Sé que Dios es mi ser, pero sólo lo ‘siento’ estando bien atento. De ahí el valor de retiros como éstos, oasis donde sentir al hondo Dios por dentro, donde gustar la más alta contemplación: el placer de ser Uno interior con el Todo-Creador. Estos devotos, en sus cultos donosos, sacian esa gran pasión: sentir y gozar de Dios y de su Amor, y recibir de Él su Vida y el Perdón. ¿Te parece poco?”


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