(Sábado.) Las almas no
despiertan renegando, como la gente que madruga y sale pitando para
el trabajo. No. Las almas con el sol se abren al amor -y al beso de
la luz- como una flor. Ya las almas deshojaban el tierno rubor del
alba, el cielo florecía y las aves piaban. Pero la gente apenas lo
notaban: con cara de sueño iban de sus cuartos al aseo, y de allí
al comedor directos. Desayuno a las 9. Es curioso que las chicas son
más lindas estando adormiladas: hablan con una dulce pereza, sonríen
con más gracia, son más tiernas y blandas, voluptuosas, con un
brillo soñador en la mirada. Fianna -que fue maestra- comenta:
“¡Qué
chicas tan majas con sus caritas rosadas! Su vida es más fábula que
drama. En las encuestas, sólo el 20 % dice que no es feliz, que
pasan baches como: depresión, mala salud, carencias, desamor... Lo
habitual es el bienestar, sin ser precisa la dicha total. La beatitud
continua aburriría: vivir sin retos ni pruebas daría un pobre vivir
sin fuerza. Sólo creces con reveses que te despierten, y te muestren
mejor los bienes. Tras
el dolor, el Bien y el Placer se ven mejor. Por ejemplo: apresan por
error a un tristón; cuando lo sueltan, flota en gozo, siente todo
más hondo.
“Cuando en los óvulos se
unen materia y mente, empieza la mente a crecer, y con ella el
placer: esto da los millones de especies donde el placer late y
florece. El placer animal es mayor que el vegetal. Pero más alto es
el placer humano, abierto a las brisas frescas de las artes, ciencias
y letras, amén del goce sensual. Con el hombre aflora en la Tierra
lo mejor: el temblor de la belleza y del amor.
“El
mundo es una fruta sabrosa que los seres degustan en sus bocas,
siendo el hombre quien más placer logra. Su lujuria es tanta, que
sólo estima placer las vivencias más gratas y no las rutinarias.
Pero el simple existir es ya una hazaña, algo que de niño te
pareció una fábula. Cada instante es misterio y es milagro: cuanto
eres y te envuelve... es incesante regalo, del Universo que te ama y
te ha creado.
“La
dicha se da sólo en grados: en goces cambiantes y mezclados. El
placer variable, es lo real, no la vaga inmutable felicidad. El
placer te invade plural e inagotable: la eterna juventud de sentir y
amar, de ver y oír, pensar y anhelar, recordar y planear, sin cese
ni final... Hay armonía divina y hay portento en el más leve
sentimiento. El placer ondea en la luz y el viento, baña la tierra y
el cielo, late en canciones y juegos, en amores y besos...”
Coré
terció: “Cuando se unen mente y materia... un gran milagro
empieza. La Realidad siempre será un misterio: una viva fuerza
creadora de la cual somos simples gotas. Como Vida, puedes sentir qué
es, mas no busques causa ni porqué, no lo tiene. Pero abarca lo
físico (materia-energía) y lo síquico (lo subfísico: mente-alma).
Lo físico y lo síquico son grados de lo mismo. El Cosmos genera
siquismo porque él mismo está vivo. La fina y ágil sique es más
activa que lo físico -denso y lento-, por eso logra entrar en la
materia y formar organismos vivos: sicofísicos.
“La
dark matter -el 96 % del Cosmos- es sique en muchos grados, algunos
rozan lo material. Parte de ella se liga a la materia en condiciones
aptas, que se dan muchas veces en todo sistema solar. En la Tierra,
esa unión ocurrió hace 4.000 millones de años, en la célula
inicial de la evolución. (Hace 3.000 nace la fotosíntesis, hace
2.000 los pluricelulados blandos, hace 1.000 los eucariotas y el
sexo.) Y cuando el Sol anciano haga a la Tierra estéril, ya habrá
vida floreciente en otro planeta o satélite.
“Antes
de nacer, eras mera vitalidad dormida y fija: al nacer te haces vida
personal activa. Si la luz de un cuarto se aprieta en un punto, es
fuego. Así hace el cuerpo: encapsula la sique y la concentra, y la
pasa de simple a compleja. También la planta o animal son almas,
pero más livianas. En carne o en plantas, la vida se hace alma.
Antes de ser óvulo fecundado -que te empieza a dar un Yo personal-
eras parte del Yo único impersonal. Tras el deceso, el alma queda
libre, con la forma del cuerpo.
“La
mente humana es activa y creativa, por eso crece y cambia sin pausa;
pero las plantas y animales, al faltarles memoria personal, tras
morir se funden en un solo ser: el bioplasma, con vida y sentir pero
sin vista ni discurrir. Este plasma lo chupan las almas y los seres
que duermen: la mente se nutre durmiendo, para seguir activa y
creciendo. Así las plantas y animales, al tú absorberlos, los
vuelves vida pensante, los haces ángel. Fuera del planeta chupas luz
solar sin más.
“Aunque el alma sea
subfísica, es divisible en chispas, sutilísimas e intocables por
los físicos (si ya los marea el neutrino ¿cómo van a captar algo
aun más fino?). Esas chispas sueltas, cuando se unen forman milagros
cual nosotros: todas las almas y ángeles del Cosmos, con su eterna
vida de gozo. No somos ni siquiera luz, sino algo más fino aun. Sólo
siendo seres subfísicos, ultrafinos, esquivamos todo daño o
peligro. También la materia es vida; de no serlo, la ignorarías,
pues sólo puedes captar por fuera lo que tenga tu propia esencia:
por eso todo el universo es -de hecho- tu cuerpo, y vibra con tu
misma vida.
“Mente
y Materia se complementan: la mente es el actor, la materia el teatro
(sin mente no hay acción, sin materia no hay escenario). Por eso
quien muere no va a ‘otro mundo’: sigue aquí con su vida, pero
inicia una fase distinta. La Tierra es común morada de hombres y
almas: éstas moran en planetas, no en ningún Limbo idílico (si lo
hubiera, sobraría el plano físico). Las almas ellas solas no pueden
ni procrear: sólo por la carne se pueden formar. Sólo con la carne
y sus penas, se crean seres y belleza. Mente y Materia por siempre
jugarán, aunque sus juegos no dejen de variar.” * * *
Tras
desayunar y fregar los trastos, tocaba la primera charla, a cargo de
Tito. Éste, de rostro orondo y lirondo, con bigote y perilla, tomaba
el sol con su mujer Éthel junto a la fuente, en beata calma luterana
y sin sospecha de trastadas. Porque llegó una chica y le dice:
‘Tito, perdona, pero hay que hacer algo. ¿Sabes qué nos
encontramos al hacer el desayuno? Que anoche entraron y se zamparon
varias tortas sin pedir permiso. Y eso no es lo peor: olimos unos
vasos usados y tenían restos de licor, que no hemos traído
nosotros, como es lógico. Fíjate qué palo. Debes hablar con los
culpables y espabilarlos. ¡Qué escándalo en un retiro cristiano!
¡Y ni siquiera se molestaron en fregar los vasos!’
Tito:
‘Tranquila Débora, cosas así pasan con los nuevos, que no saben
las reglas. Busca a los que fueron y hacia la una los traes a mi
cuarto.’ Se fue la chica y Tito sonrió a Éthel con amor (ella era
inglesa treintañera, él andaluz cuarentón). Era un buen tipo este
Tito, pues vivía de profesor, no cobraba por ser pastor, ni era
ningún cura gorrón. Por eso nos gustaba aquella gente: porque su fe
era libre y limpia, sin curas ni jerarquía, atrayendo a las almas
con su gracia y lozanía.
Pero
en esto llega un chico: ‘Tito, disculpa, pero anoche nos sentamos
al fresco unos cuantos, y uno encendió un pitillo. Me dice: ‘lo
necesito para dormir.’ Pero veo que se lo pasan de uno a otro: era
un canuto. Me callé, por no armar escándalo. Pero hay que pararlos,
porque hasta dos de nuestra iglesia le dieron chupadas al petardo. Si
no se remedia, en vez de edificar a los mundanos, vamos a salir
nosotros infectados.’
Tito:
‘Tranquilo, Pedro, que el que comenzó la buena obra, la llevará a
buen puerto (Fil 1,6). Trae a los del canuto sobre la una a mi
cuarto.’ Se fue el chico, pero Tito quedó ya tocado y le dice a
Éthel: ‘Hay que convocar reunión de oración para las 5. El
enemigo nos ha cogido descuidados y está haciendo de las suyas; hay
que expulsarlo de aquí en nombre de Cristo...’
De
nuevo llegó Débora: ‘Ay Tito, parece que los males nunca vienen
solos. Es conveniente que hables y amonestes también a otro, que me
está atacando los nervios. Es Liberio, este gracioso de Sevilla, que
no para de dar el cante. Si todos fuéramos creyentes, no me
importaría; pero hay inconversos a los que da mal ejemplo. Estábamos
fregando el desayuno, llega uno atrasado y le dice: ¡Hombre!, los
últimos serán los primeros (Mt 20,10), así que friega tú todo
esto. Un chiste de mal gusto. Luego nos ofrece chicles diciendo:
Venga, que no sólo de pan vive el hombre (Mt 4,4). Pero donde ya me
dolió, es que había uno raspando una mancha en un fogón y le dice:
Eso no sale raspando ni con estropajo, eso sólo sale con la oración
y el ayuno (Mt 17,21). Qué suplicio. Por favor, ¡habla con él y
que deje ya de blasfemar!’
No
había acabado la chica de irse cuando llega de nuevo Pedro: ‘Ay
Tito, lamento ser pesado, pero acabo de saber algo grave: que a Adán
lo vieron anoche en plena faena con su novia tras unos árboles. ¿Te
imaginas el ejemplo para los demás? Más que un retiro cristiano,
esto va a ser un cursillo de pecado. Por favor, ¡dile a Adán que se
reprima aunque sólo sean tres días!’ Tito: ‘Tranquilo, Pedro,
Adán es un buen chico, dile que se pase a la una y media por mi
cuarto y asunto arreglado.’ Pedro se fue, pero Tito ya vio claro
que ‘en verdad, las aflicciones del justo son un raudal’ (Sal
34,20).
Una
chica nueva se acercó con cara seria. Y salta Tito: ‘¡No me digas
nada! ¿A quién han violado? ¿Qué nueva insolencia o qué desmán
hay que aguantar?’ La chica balbució: ‘¿Eh? No. Si sólo vengo
a avisarte que ya te esperamos para la charla...’ Tito: ‘¡Gloria
al Altísimo! Menos mal... Vamos pues, antes de que alguno venga
diciendo que se ha hundido un techo, que es lo único que falta por
pasar.’
Llegaron al suave salón,
ebrio del fulgor del sol. Tito se sentó al frente, Biblia en mano, y
dijo: ‘Dalia, por favor, ¿quieres poner esta reunión a los pies
del Señor?’ Dalia se levantó y -con alzados ojos y tierna voz- le
agradeció sus infinitos regalos al Señor, las bondades eternas de
su amor, y pidió para la charla unción y bendición. Tras ello,
Bianka de Marbella nombró la canción a cantar y empezó en la
guitarra el compás. Los demás buscaron la letra en un papel y... la
sala se llenó del calor de un cántico alado y seductor. Al cual le
siguieron varios otros, llenos de sosiego, que palpitaron en el aire
dorado como palomas en el cielo.
Eran
coplas selectas y trilladas de las iglesias reformadas, casi todos se
las sabían. El canto tierno, suave y fresco, las limpias voces
cristalinas, el puro y sincero acento -cantando sólo a Dios-, el
blando suspirar de las guitarras..., todo creaba un lento encanto de
sueño y magia, un cálido hechizo alado que apaciguaba el alma. Se
cumplía allí lo que cantara Fray Luis: El aire se serena / y viste
de hermosura y luz no usada, / doncellas, cuando suena / la música
templada / por vuestra dulce lengua sosegada. (O algo parecido.)
La
charla anunciada era ‘El nuevo nacimiento’, pero por lo visto,
Tito decidió echarle el trapo a un toro nuevo: “La muerte vendrá
sin avisar -exclamó serio- y nadie podrá escapar. Ni el joven ni el
sano ni el guapo están a salvo. Todos han de rendir completa cuenta
de sus actos. En aquel día tremendo, Cristo nos mirará: ¿hemos
ansiado su salvación, o le hemos dicho No? Porque nos lo avisó: El que
me niegue ante los hombres, yo lo negaré ante el Padre: Mt 10,33.
“¿No
es para asustarse?... Por esto se teme a la muerte, se le piden años
a la medicina y se amasan fortunas para siete vidas. ¿Es que esperan
sobornar a Dios, y decir: Hemos hecho un pacto con la muerte, una
alianza con el Sheól: cuando pase su azote, no nos tocará (Isaías
28,15)?
“Ni
el dinero ni la ciencia nos va a salvar: la única vacuna conocida
contra la muerte es... Dios. Cerca de aquí hay unas magnas tumbas
megalíticas, donde ponían a nobles y reyes, con sus collares y
enseres. ¿Para qué? Para que los usaran al revivir. Los egipcios
por su lado, metían en vastas pirámides a sus reyes disecados
-esperando nueva vida- junto a tesoros magnos. ¡Cuánto sudor en
vano! Porque el único capaz de dar vida a los muertos... ¡es
Jesucristo! Él es el único puente seguro hacia el otro mundo.
“Quizá
alguno diga: ‘Bueno, ¿qué podía ningún faraón saber, si Jesús asomó después? Buscaban ser inmortales a su modo.’ Sí. Pero sólo
hay un modo: el dispuesto por Dios. Y si Jesús faltaba, sí que
tenían a Dios, y bien cerquita. Veamos Génesis 47, del 7 al 10. (Lo
leyó.) El faraón miró a Jacob y ¿qué le preguntó? ‘¿Cuántos
años tienes?’ Esto es -pasmosamente- todo cuanto el faraón quiso
saber de Jacob.
“Le
pudo preguntar por Abraham, por Isaac, por los milagros de Jehová;
pudo recibir de Jacob la luz y la salvación. La riqueza de Egipto se
la debían al Dios de Israel, quien les mandó a un sabio varón como
José. Pero el faraón, para la voz de Dios era sordo, para la luz de
Dios era ciego: de Dios veía menos que la momia de su abuelo. Sólo
miraba a la carne. Vio en Jacob a un anciano fuerte y pensó: cómo
habrá éste llegado a vivir tanto, para yo imitarlo.
“Pero
Jacob le contesta: ‘130 son los años de mi peregrinaje, pocos y
malos años; no veré la edad de mis padres.’ Jacob le decía
claramente: olvídate de los años carnales y piensa en la otra vida
perdurable. Pero el faraón, que para salvar su ajada carne alzaba
pirámides, para salvar su alma fue incapaz de alzar a Dios la vista
y el corazón. Ay amigos, no seamos como el ciego faraón, o como el
vano Pilato que -teniendo a la Verdad delante- miró para otro lado.
No vivamos a oscuras y en huida de quien es la Luz y la Vida...”
Así
daba Tito la santa lata con su larga perorata, aunque con voz afable
y grata; pues Tito -aunque devoto- no era el típico chiflado, ni uno de
esos pelmazos que -chillando como posesos- más que pastores, parecen
cabreros. Por supuesto, yo no miraba a Tito: saboreaba el rostro
serio y atento de las chicas.
Para
orillar las charlas previstas, decidí admirar -en cada una- las
caras más lindas. Como no es otro el oficio del alma sino captar la
belleza y admirarla, recordé que hay 4 tipos de cuerpos y de caras.
Por el Cuerpo, la mujer puede ser: 1 flaca (delgada sin curvas), 2
gruesa (exceso de grasa o de anchura), 3 esbelta (delgada con
curvas), 4 opulenta (rolliza pero bien hecha). Gruesas y flacas
pueden atraer con buenas caras.
Por
la Cara, la mujer puede ser: 1 sosa (poco mona), 2 normalita (mona
sencilla), 3 vistosa (mona con chispa), 4 selecta (mona divina). Si
muy guapas las hay pocas, gracia y aroma circundan a todas (y a todas
les endulza la cara la sagrada luz del alma). El don de procrear da a
la mujer gracia especial. Las almas son preciosas, sí, pero fascinan
menos, al ser sólo imagen: impacta más la belleza hecha carne,
adornando cuerpos capaces de ser madres; la certeza de vida nueva
añade promesa a su belleza.
Empecé
pues por Karen, una esbelta pelirroja irlandesa con ojos glaciales y
boca de fresa, tierna y seria, dulce y fresca. Las caras las admiro
según un orden fijo: la suave barbilla grácil, los dulces labios
frutales, la naricita graciosa, los ojos: espejos del alma
misteriosos, las cejas: leves trazos de canela, la frente pura y
tersa, el pelo sedoso y lujoso, las lindas orejitas, y las mejillas
blanditas: lisas y limpias delicias. En fin, la incesante maravilla:
tantas caritas lindas, y todas distintas. ¿Es que hay formas
infinitas de ser bonita? Como esta Karen, con su gracia fresca de
leyenda celta. Mirando sus ojos gris-perla, trataba de leer sus ideas
(detrás escuchaba a Tito como el que oye llover, y lo iba siguiendo
a medias).
Cuando
a las 11 y pico acabó, todos salieron y al rato se sentaron a la
sombra o al sol. Formando varios grupos, leían por turno un episodio
bíblico, luego la tutora hacía preguntas, que eran de parvulario,
pero todos las meditaban largo rato. ‘¿Por qué dijo Jesús esto o
lo otro? ¿A qué se estaba refiriendo?’ Todos callaban, hasta que
alguno daba al fin la obvia respuesta. Uno no sabía si pensaban en
la Biblia, en las ingles de los chicos o en el escote de las chicas.
Con todo, ninguno se aburría: gozaban del ciego esplendor del día,
del verde frescor del campo, de la hermosa compañía y los trinos de
los pájaros... A las 12 pasadas dieron tiempo libre. Coré y yo
fuimos en busca de Tito, con Goyo -un andaluz chistoso- que nos
decía:
“Estos
pastores tienen tela marinera; con muy santas ideas sólo predican
cuentos de niñeras. La verdad es que la Biblia es Palabra vieja del
Hombre -no de Dios-, ni infalible ni eterna. Y Jesús no fue más que
un chiflado metido a profeta, que acabó con el rabo entre las
piernas. Los dogmas los precisa la mentira, no la verdad. Quien sigue
dogmas en vez de la razón, sigue al hombre y desprecia a Dios.
¿Acaso ha bajado un ángel a decir que la Biblia es Palabra divina?
No. Lo dicen siempre humanos, y la gente se lo traga como enanos.”
Pero
Coré matizó: “No hay que mirar niñerías, sino a la esencia:
cómo adoran a su Creador toda esta buena peña. Lo divino nos invita
y nos rodea, pero pocas veces le abres la puerta. Sé que Dios es mi
ser, pero sólo lo ‘siento’ estando bien atento. De ahí el valor
de retiros como éstos, oasis donde sentir al hondo Dios por dentro,
donde gustar la más alta contemplación: el placer de ser Uno interior con el
Todo-Creador. Estos devotos, en sus cultos donosos, sacian esa gran
pasión: sentir y gozar de Dios y de su Amor, y recibir de Él su
Vida y el Perdón. ¿Te parece poco?”
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